AfCFTA, el reto de África en el siglo XXI

La construcción de la zona de libre comercio con mayor número de países miembros supone una oportunidad de oro para la integración del continente africano en la economía global
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La construcción de la zona de libre comercio con mayor número de países miembros supone una oportunidad de oro para la integración del continente africano en la economía global y plantea un nuevo escenario en el que tendrán que trabajar nuestras empresas.
 
El Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA, por sus siglas en inglés) entró en vigor el pasado 30 de mayo después de conseguir el número mínimo requerido de ratificaciones entre los Estados miembros de la Unión Africana (UA). 

La fase operativa comenzó oficialmente durante la cumbre de jefes de Estado de Níger en julio. En ese momento, tanto Nigeria como Benin también firmaron el acuerdo, con lo que 54 de los 55 países de la UA, todos menos Eritrea, han expresado su voluntad formal de participar en un proyecto que, en el momento de la publicación de este artículo, ya ha sido ratificado por 28 de ellos.

Una vez que comience a dar sus primeros pasos efectivos con la aplicación de los nuevos sistemas arancelarios, previsiblemente el 1 de julio de 2020, se prevé que el nuevo tratado sirva para posibilitar la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales y, sobre todo, para fomentar el desarrollo del continente, gracias al incremento de los intercambios y de la industrialización, junto con el aumento del empleo y la mejora general del nivel de vida de los africanos.

Comercio continental

A pesar de que el comercio intraafricano ha aumentado considerablemente durante las dos últimas décadas, continúa siendo muy reducido, pues representa alrededor del 16% del total de los intercambios, en comparación con el registrado en otras regiones, como Europa por ejemplo. En este sentido, y según las estimaciones del FMI, se espera que la reducción de aranceles provocada por el AfCFTA expanda el comercio intrarregional a corto plazo un 16% más (ver infografías más abajo).

Según se destaca desde la Dirección General de Comercio Internacional e Inversiones (DGCII) española, “existen además otra serie de beneficios que el acuerdo aporta, como el mayor aprovechamiento de las ventajas comparativas y de las economías de escala, la intensificación de la competencia, la armonización normativa, la simplificación de trámites y la cooperación en el control aduanero o la mayor variedad de productos a menores precios y la menor dependencia de la producción de materias primas. Las oportunidades para aumentar el comercio intrarregional son especialmente relevantes para los sectores de la industria manufacturera y la agricultura”.

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Entre otras medidas, el acuerdo se complementa también con la movilidad de personas a través del Protocol of Free Movement, firmado ya por 27 países, y que podría entrar en vigor a finales de 2020. Este protocolo garantizará el derecho de residencia y establecimiento de ciudadanos de otro estado firmante. 

Sin obviar obstáculos en el camino

África engloba países con grandes diferencias en su grado de desarrollo, industrialización y apertura comercial. Es más, el grado de integración regional de los diferentes bloques existentes difiere significativamente, por lo que el desarrollo del AfCFTA podría eventualmente tener efectos diversos entre países y provocar un incremento de los desequilibrios regionales. 

Aquellos más industrializados y con mayor capacidad técnica y administrativa para implementar y aprovechar de manera efectiva los nuevos aranceles y procedimientos aduaneros, como Marruecos o Sudáfrica, se beneficiarían en mayor medida de esta iniciativa.

Pero el componente geográfico y la situación de partida podrían incidir significativamente en su efectividad práctica en otros países, ya que muchos de los integrantes se encuentran alejados y las redes y flujos comerciales entre ellos son, por el momento, muy escasos.

Además, “pese a las grandes expectativas suscitadas, se necesitará una fuerte determinación política por parte de los gobiernos para llevar a la práctica los compromisos firmados. Numerosos acuerdos internacionales anteriores han fracasado por la falta de voluntad política para su implementación. A ello se suma que la amenaza del creciente proteccionismo en algunos países está siempre presente”, subraya la DGCII.

Por otra parte, el descenso de los ingresos públicos derivados de los aranceles deberá ser compensado con la movilización de otros ingresos, lo que no resultará fácil para los países del área que ya presentan una débil consolidación fiscal y un endeudamiento creciente. Los aranceles son una importante fuente de estos, especialmente cuando el país no cuenta con un sistema tributario eficaz y desarrollado. Para que tenga éxito, “la reducción de aranceles debe ir acompañada de medidas que disminuyan las barreras no arancelarias”, señalan desde la DGCII. Por consiguiente, cuestiones como la estandarización de certificados y documentos aduaneros y, en general, las barreras sanitarias, fitosanitarias y técnicas deben acordarse para evitar así que sean un impedimento a la libre circulación de mercancías. Igualmente, resultará vital mejorar la logística asociada al comercio, en particular en cuanto al funcionamiento de las aduanas.

La solución propuesta a algunos de estos problemas contempla un proceso a varias velocidades al que se irán incorporando progresivamente todos los países hasta conseguir una liberalización final del 90% de los aranceles (cuyas líneas principales podemos observar en el siguiente gráfico). Adicionalmente, existen múltiples acuerdos comerciales vigentes, tanto regionales como acuerdos con la Unión Europea o terceros países. La compatibilización con los mismos requerirá de un gran esfuerzo técnico, administrativo y tecnológico (ver infografías más abajo).

Existe una carencia de infraestructuras de transporte interior y los países sin acceso al mar dependen de las infraestructuras (red de carreteras y líneas de ferrocarril) de sus vecinos. Esto incrementa los costes y la duración de los traslados de mercancías. Por ello, resulta imprescindible mejorar esos sistemas de transporte, en particular, en los países sin costa y en aquellos con menor grado de desarrollo económico.

El éxito de esta gran iniciativa también dependerá de que los países diversifiquen su producción, apostando fuertemente por políticas de mejora de la productividad agrícola y de promoción de la industrialización, por lo que será necesario apoyar algunos sectores productivos de determinadas economías que sufrirán los efectos adversos de la liberalización comercial. 

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Nuevas oportunidades y riesgos para las empresas españolas

Cerca de 1.600 empresas españolas están presentes en la actualidad en el continente africano y las exportaciones de nuestro país con ese destino representaron en 2018 más de 18.550 millones de euros, tras aumentar de forma casi ininterrumpida durante los últimos 10 años y duplicar las cifras obtenidas en 2009. 

La reducción de barreras arancelarias que propone el AfCFTA y el consiguiente aumento de las relaciones comerciales a largo plazo fortalecerán la capacidad adquisitiva para comprar e importar bienes, lo que supondrá el establecimiento de un mercado más amplio para todas las compañías, incluidas las españolas. El ensanchamiento del mercado permitirá igualmente a nuestras firmas aprovechar las economías de escala, incrementando el atractivo de los países pequeños, en los que, hasta ahora, su menor tamaño y la dificultad de expandirse a las economías vecinas restaban competitividad.

No obstante, tal como se apunta desde la DGCII, el acuerdo también podría tener un efecto de desviación de los intercambios, puesto que “al reducirse los aranceles entre los países de África, estos podrían sustituir las importaciones de la UE (y de España) por compras procedentes del resto del continente africano”.

En este sentido, existen múltiples factores que influyen en el grado de desviación del comercio. Por un lado, la distancia geográfica, las infraestructuras de transporte o la existencia de una relación comercial significativa entre ambas partes. Por otro, la competencia que países africanos puedan hacer a productos españoles es menor en el caso de los bienes industriales con elevado contenido tecnológico, pero, para aquellos con un valor agregado más reducido o para los bienes agrícolas, el resultado puede ser diferente. Aunque si los países africanos no reducen los aranceles por debajo de los existentes con la UE, es menos factible que se produzca una sustitución de importaciones. 

Evolución futura

Si bien la instauración del AfCFTA y la expansión del comercio africano reducirán la exposición de la región a la volatilidad y a las crisis a medio y largo plazo, su éxito también dependerá de la superación de otros retos a escala global. Entre ellos sobresalen la incertidumbre asociada con las negociaciones del Brexit y las crecientes tensiones comerciales entre las dos mayores potencias económicas del momento, que pueden incidir seriamente tanto en el comercio global como en el desempeño africano. 

En el caso de que los riesgos persistan y lastren la evolución de Europa y China, que en conjunto representan más del 54% del comercio africano, las consecuencias podrían ser muy significativas en un momento en el que además el país asiático está afianzando su papel como socio comercial clave y fuente de financiación para las infraestructuras de la región. Los avances comerciales favorecerán aún más la necesidad de mejorar y ampliar las infraestructuras de transporte, como las carreteras o el sistema ferroviario, así como de establecer centros logísticos o sistemas informáticos para aduanas.

Todos estos proyectos implicarán nuevas oportunidades para las empresas españolas, que han demostrado amplia capacidad por todo el mundo con productos y servicios de primer nivel. En cualquier caso, las opciones de negocio que puedan abrirse a nuestras compañías también dependerán del grado de implementación del acuerdo, especialmente en lo que concierne a las barreras no arancelarias.

“Debe reconocerse que este proyecto es una afirmación del multilateralismo en un contexto en el que el mismo se ha visto muy atacado. Ello debe ponerse en valor por parte de la UE y sus países miembros, pues también son defensores del multilateralismo”, apuntan desde la DGCII. “La UE” -recalcan- “apoya los procesos de integración regional ofreciendo recursos y asistencia técnica para los mismos”. Además, hay que tener en cuenta que los Acuerdos de Asociación Económica (EPA) han permitido dotar de experiencia y conocimientos técnicos a las Administraciones de los distintos países, lo que puede ayudar y facilitar ahora las negociaciones para el nuevo tratado. Si eventualmente el AfCFTA absorbe o engloba todos los acuerdos regionales existentes en el continente africano, incluyendo aquellos con la UE, “esta deberá reducir el uso de enfoques regionales en sus relaciones con África para adoptar progresivamente un enfoque único e integrado”, concluyen desde el citado organismo.


Artículo originalmente publicado por Javier García Cuesta en El Exportador/icex.es