Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina: “Con la acción frente a la COVID-19, las Fuerzas Armadas generaron un vínculo mucho más fuerte y contundente con el conjunto de la sociedad civil”

Entrevista en exclusiva al ministro de Defensa, Agustín Rossi, respecto a la Operación General Manuel Belgrano contra la COVID-19
Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina

 -   Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina

A 125 días del inicio de la Operación Manuel Belgrano de Protección Civil, para paliar los efectos de la COVID-19, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, evalúa la acción de las Fuerzas Armadas en el marco de la emergencia sanitaria. 

Con la premisa de unas Fuerzas Armadas integradas a la sociedad, destaca que la pandemia acercó a diferentes sectores en un trabajo mancomunado que implica la ayuda humanitaria que se extenderá a largo plazo- como fue planificada la misión subsidiaria- y se ampliará tras los efectos de la pandemia.

Asimismo, destaca la inmediata necesidad de la planificación de una política de Defensa como política pública y una arquitectura acorde a un mundo con latentes y nuevas amenazas y en un país codiciado por su territorio y recursos naturales.

El general Deimundo Escobal, que es el comandante operacional de la misión General Manuel Belgrano, manifestó que en esta operación es la primera vez que reciben apoyo, no solamente profesional sino incentivo psicológico, desde el presidente Alberto Fernández hasta  usted como ministro de Defensa, lo que genera un ensamble y una integración en el desempeño de la tarea asignada en todos los frentes para paliar los efectos de la COVID-19 en Argentina. Lo consideró un hecho novedoso.

Me alegro que lo sienta de esa manera, porque hacemos absolutamente todo lo posible para que así fuese. La realidad es que estos jefes militares asumieron el 28 de febrero y a los cinco días se manifestó el primer caso de la COVID-19 en Argentina. Inmediatamente, el 9 de marzo, empezamos con reuniones diarias en la sala de situación del Ministerio de Defensa, donde hemos construido un comité ejecutivo mixto que integran los jefes de las Fuerzas Armadas, el jefe de Estado Mayor Conjunto, el comandante operacional, cuatro secretarios y dos subsecretarios que son parte del equipo presidido por mí. Planificamos, evaluamos y tomamos decisiones con un flujo de información muy importante. 

El presidente Alberto Fernández y usted han manifestado en varias oportunidades, que ya no hay miembros en las Fuerzas Armadas que hayan pertenecido a la dictadura militar. ¿Es debido a esta circunstancia que se produce esta integración y el apoyo que reciben del Ejecutivo nacional y de su parte?

Me parece que esta nueva conducción de las Fuerzas Armadas comprendió cabalmente que había un punto de inflexión en esta nueva etapa, independientemente de que existiese la COVID-19.  Pero la pandemia visibilizó las capacidades que tienen, que han tenido durante todo este tiempo y generaron un vínculo mucho más fuerte y contundente con el conjunto de la sociedad civil. Son circuitos cerrados y se toma una decisión. El presidente me pidió que ponga todas las capacidades de las Fuerzas Armadas a disposición de la lucha contra la COVID-19. Así lo hice en la medida que ellos llevaron adelante esta operación y recibieron respuestas positivas y reconocimiento del conjunto de la sociedad y las autoridades políticas de las distintas provincias e intendentes. Claramente permite que uno se fortalezca sobre la toma de decisiones. Pero, en términos generales, cuando yo le propuse a cada uno de los jefes de las Fuerzas Armadas y al comandante operacional que era la iniciativa de designación que le iba a llevar al presidente la aceptó y la hizo suya. Les dije que quería que sean jefes durante los cuatro años. Que me imaginaba en esa perspectiva y que los invitaba a trabajar en conjunto en ese sentido. 

En actos recientes también se ha apuntado con acierto que la política de Defensa es una política de Estado y que debe permanecer en el tiempo. Más allá de lo desempeñado frente a la COVID-19, se ha visto una interacción entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil que se han fusionado en algunos aspectos, inmersos en la emergencia sanitaria. ¿Es tiempo que la política de Defensa, como toda política pública, tenga un curso de acción donde el Gobierno tome decisiones articulando distintas áreas del Estado? 

Es la segunda vez que estoy a cargo del Ministerio de Defensa. Cuando asumí por primera vez sentí que esa era mi obligación y desafío principal: tratar de fortalecer ese músculo entre Fuerzas Armadas y sociedad civil. Cuando regresé, sentí que eso estaba más o menos canalizado. Cuando ve que los militares que trabajan en el Edificio Libertador llegan con su propio uniforme, se van caminando por la calle, viajan en transporte público y no tienen ningún problema, es porque la relación está bastante bien. Me parece que la pandemia significó escalonar a un estadío superior. Mostrar lo importante que es tener a las Fuerzas Armadas a lo largo y ancho de todo el país y que eso tenga permanencia en el tiempo y reconocimiento ¿Si es una política de Estado? Sí, lo vivimos así. Cuando el presidente hace referencia a que ya no hay ningún personal en actividad -de hecho, el general más antiguo es el general Paleo, cuyo primer destino como subteniente fue en el año 1984 con el presidente Alfonsín que lo destinó al Regimiento de Tartagal- ese es un dato para destacar. 

A 37 años del regreso de la democracia se puede hablar de cicatrización de las heridas abiertas. El presidente Alberto Fernández planteó la necesidad de “dar vuelta la página” y tener unas Fuerzas Armadas integradas a la sociedad.

Han pasado más de 30 años de democracia y ya no tenemos hombres que hayan estado con el servicio activo durante la dictadura. Es un dato para las Fuerzas Armadas y también para la sociedad. Porque la realidad es que, durante todo este tiempo, la cuestión militar, la relación de los militares con la democracia y con los derechos humanos, ocupó más páginas que definir una política de Defensa.  Entonces para los espacios políticos progresistas o nacionales y populares como los nuestros, siempre existía esa cuestión no saldada por la crueldad de los siete años de dictadura y para los espacios políticos de derecha que llegaban acá, lo hacían  con una mirada fiscalista: achiquemos. Nunca había espacio para tener una política de Defensa. Creo y aspiro a que -como residual positivo en esta ecuación de la pandemia- se deje un umbral de discusión mucho más alto en cuanto a la consideración positiva de las Fuerzas Armadas. Argentina tiene que definir una política que debe constar de un instrumento militar integrado por hombres y mujeres capacitados, formados, instruidos, adiestrados, comprometidos con la democracia, con los Derechos Humanos, pero también equipados. 

Teniendo en cuenta el equipamiento necesario y el retraso tecnológico del país a nivel regional ¿qué impacto ha tenido en el marco de la COVID-19 -y a futuro- la recuperación del transporte estratégico como los aviones Hércules, aviones de transporte de grandes cantidades de personal o de transporte medio, así como los helicópteros, que han permitido no solo la repatriación de argentinos varados en el exterior, sino también el despliegue de personal y material? 

Las Fuerzas Armadas argentinas necesitan un nivel de equipamiento, porque han tenido por diferentes circunstancias -y no hago ningún juicio de valor- niveles de baja inversión en estas últimas décadas Se puede entender que Brasil tenga un mayor nivel de equipamiento que Argentina, porque es la séptima economía del mundo. O Colombia -un país que hoy tiene más habitantes que Argentina- pero sobre todas las cosas, ha tenido durante años el Plan Colombia con el apoyo de Estados Unidos para la lucha contra las FARC. Ahora cuando uno dice que Perú y Chile han invertido más en Defensa que nosotros, ya no hay explicaciones. Son decisiones políticas. Argentina tiene que tener una decisión política de tener una política de Defensa que signifique un nivel de equipamiento, que tiene que tener escalones. El primer escalón es reutilizar todo lo que sea usable y lo que tengamos. El segundo escalón es producir localmente y el tercer escalón es importar o comprar lo que no se pueda hacer acá, siempre con transferencia de tecnología para que en algún momento lo podamos producir.

Usted se refiere al equipamiento, pero también se ha visibilizado -más allá del despliegue territorial- que hoy un oficial es una usina de conocimientos con títulos universitarios, posgrados, algunos con más de dos idiomas y esto se ha generado en muchos casos por la participación en operaciones de mantenimiento de la de paz. Está preparado el recurso humano ¿cómo se va a reactivar el FONDEF (Fondo Nacional de la Defensa) que es una de sus ideas? La Defensa como política de Estado requiere de permanencia en el tiempo, y supone una orientación general referida al interés nacional y a las condicionantes establecidos por la situación internacional y las modificaciones los sucesivos gobiernos, no pueden alterar ese modelo constitutivo que combina de forma integrada los instrumentos nacionales de poder.

El FONDEF fue una iniciativa que acordé con el presidente, cuando ya era electo. Él me ofreció ser ministro de Defensa antes de que ganase las elecciones. Entre las PASO y las elecciones generales tuvimos varias reuniones alrededor de la Defensa y de su mirada. Le explicité la idea del FONDEF, que va más allá de lo económico, porque tiene como sustento más importante la permanencia en el tiempo. Las inversiones que usted hace en Defensa, no las ve mañana. Usted toma hoy la decisión de invertir y, probablemente, lo termine viendo dentro de seis o siete años. Entonces, en tiempos de paz la Defensa es un gran ejercicio de planificación. El FONDEF es importante porque va a significar una masa de recursos importantes para ser invertidos en la política de Defensa, en el criterio de escalonamiento. Lo más importante es que lo vamos a tener todos los años. Entonces se a poder planificar, no va a tener que decir: “bueno, me sobraron dos millones de dólares y entonces puedo comprar esto” o “tengo esta oportunidad que aparece en el mercado”. Se va a poder tener una planificación con capacidades militares, el Plan CAMIL y eso es importantísimo para el espíritu del personal militar. Cuando llegué les dije a los generales, brigadieres y almirantes con los que me reuní, el FONDEF no está pensado en ustedes, está pensado en el alférez, el subteniente y en el guardiamarina, para que sepan que ingresan a la carrera militar y que van a tener un quantum de inversión durante todos los años para tener el equipamiento y que puedan desarrollar su tarea. Esto es el ABC: el chico que ingresa a la Escuela Aeronáutica en Córdoba quiere, en algún momento, poder pilotar aviones y para eso necesita tener aviones. Creo que la experiencia y el despliegue militar en la COVID-19 nos permitió saber y ver dónde teníamos necesidades.

Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina
Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina

Entonces ¿cuáles son las debilidades y fortalezas que tenemos, teniendo en cuenta la Operación Manuel Belgrano en el medio de la COVID-19? ¿Qué lecciones aprendidas tenemos hasta el momento?

Muchísimas. En el despliegue está claro que hay regiones de Argentina que necesitan una mayor fortaleza y presencia militar y que por diferentes circunstancias las unidades militares se fueron yendo. Por ejemplo, la provincia de Santa Fe, es una de las tres provincias centrales que menor cantidad de unidades militares tiene y la diferencia con Córdoba es impresionante. Tenemos otras dos provincias en donde no tenemos ninguna presencia militar: Santiago del Estero y Catamarca. Pero también han aparecido otras necesidades:  tener una mayor capacidad de aviones de transporte, Estamos comprando un Boeing y por toda la situación de lo que significa la crisis de las líneas aerocomerciales, habrá un espacio donde se puede potenciar LADE, que es la línea aérea del Estado, una línea de fomento, que tiene una gran trayectoria en la Patagonia argentina. Pero también aparece la necesidad de transportes de carga que sean más chicos que los Hércules, Entonces, sería bueno tener aviones como los ATR que son aviones duales, de carga y de pasajeros, que tienen un menor costo operativo de lo que tiene un avión Hércules e ir replegándolos para determinadas misiones especiales y sobre todo para que nos garantice el puente aéreo en la Antártida con Marambio. Ahora nosotros hicimos una readecuación presupuestaria y vamos a hacer una inversión de 600 millones de pesos en una licitación para compra de camiones de transporte para el Ejército argentino. He ido a muchísimos lugares en donde veo los viejos camiones que tienen que ser arreglados por los mecánicos del Ejército. La verdad es que me emociona, me enamora, pero también, además de eso, necesito un camión que se rompa menos, que sea más seguro para los militares, que me salga menos caro el mantenimiento y el combustible. Todas esas cosas también se necesitan como para ir mejorando el equipamiento. 

Con la irrupción de la COVID-19 y las consecuencias a nivel de salubridad ¿qué necesidades ha detectado en cuanto al fortalecimiento de la sanidad militar frente al desmantelamiento de esta área como prolegómeno de la devastación de la salud pública en otros países que han atravesado o atraviesan la pandemia?

Hay un hospital en Bahía Blanca que lo podemos potenciar muchísimo más. El Hospital de Salta es muy importante. La sanidad militar bien administrada también puede ser una fuente de crecimiento y de vinculación con el conjunto de la sociedad, a partir de que se pueda avanzar hacia tener contacto con otras obras sociales y que eso también va a significar el crecimiento de la propia sanidad militar. Se ha hecho un esfuerzo importante, inclusive nosotros tenemos en el Hospital Naval Pedro Mallo el equipamiento de laboratorio para hacer el examen de la COVID-19 de forma inmediata sin necesidad de pasarlo al Malbrán. Estamos trabajando para avanzar en ese sentido también en el Hospital Militar Central. Ahí también hay mucho para trabajar y para ofrecer. Después tenemos una provincia como Misiones en la que no tenemos sanidad militar. La más cerca es Curuzú Cuatiá. Hay una cantidad de cosas que exigen un diagrama distinto de todo lo que significa el desarrollo de las fuerzas

¿Continua la mirada regional implementada desde 2013 a 2015 con Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y desde el Consejo de Defensa Suramericano y cómo impacta en medio de la emergencia sanitaria?

UNASUR tenía una cosa muy importante, que era el Consejo de Defensa Suramericano. La posibilidad de tener una relación multilateral con todos los países de América del Sur, en un ámbito multilateral. Ahora no existe. Creo que la Argentina, en nuestra directiva de la política de Defensa, seguramente lo vamos a implementar de vuelta. Estaba entre los objetivos construir un sistema de Defensa regional. Si uno imagina toda América del Sur coordinada con su sistema de Defensa, claramente es fuertemente disuasivo. Las experiencias que yo tuve entre 2013 y 2014 -2015 ya fue más complicado- de construcción del CDS, fue muy positiva. Tuvimos relaciones en ese momento con todos los países de América Latina independientemente del signo político y del posicionamiento ideológico de los gobiernos. Sin duda se podría reflotar nuevamente. 

¿Cómo se van a reestablecer activamente los órganos multilaterales tras la pandemia?

Es un desafío al cual el mundo se va a tener que sobreponerse. Porque la COVID-19 también ha generado que, en el mundo globalizado, todos estuviéramos hacia adentro. Cerramos las fronteras y no queremos que ingresen los bolivianos en Argentina, ni los chilenos en Bolivia, ni los brasileros en nuestro país. No solamente cerramos nuestras fronteras, hacia el interior de nuestro país las provincias y las localidades y la casa de cada uno. Desde el punto de vista de lo que significa la política internacional, va a haber que hacer un esfuerzo, para restablecer los órganos multilaterales. He tratado, en el marco de la política de Defensa, de mantener una relación cercana con todos los ministros de Defensa del MERCOSUR, con el ministro de Defensa de Brasil, de Uruguay, de Paraguay. Con esos tres países construímos una relación bilateral de 2+2 entre el secretario de Asuntos Internacionales y el jefe del Estado Mayor Conjunto, que se reúnen habitualmente para hacer un repaso de cómo están actuando las Fuerzas Armadas en cada uno de los lugares y de los países para constatar las cosas que estamos haciendo. También lo hacemos con Chile, menos intensa la relación, pero también lo hacemos y tratamos de llevarlo adelante.

Con relación al tema regional se ha desplegado personal del Ejército en Salta a la frontera con Bolivia. ¿Se estableció dentro de la Operación Integración Norte que se viene desarrollando hace varios años y con diferentes nombres o composición? 

En la anterior gestión, habíamos conformado una operación que establecida del paralelo 40 hacia arriba que se llamaba “Escudo Norte”. Esa operación tenía un componente aéreo que era de la Fuerza Aérea y que operaba el sistema de radares en todo el norte, Tenemos radares en Tartagal,  Las Lomitas, en Pirané, Ingeniero Juárez, Resistencia, Posadas y en San Pedro, Esos sistemas son todos operados por la Fuerza Aérea que informa lo que ve a la Fuerza de Seguridad correspondiente. Fundamentalmente, la información casi siempre es a Gendarmería y en algún caso a Prefectura. En el año 2013 y 2014 a esa Operación “Escudo Norte” le agregamos un componente terrestre, que fue el fortalecimiento del Fortín II. Ese componente terrestre estaba planificado para que sea una fuerza disuasiva. Lo que hacíamos era adiestramiento militar, vinculación con los pequeños poblados. acciones de apoyo a la comunidad en la zona de monte y selva en Misiones y monte en Formosa, Jujuy y Salta, pero fundamentalmente lo que generábamos era una presencia por lugares deshabitados y poco circulados. Si había alguna situación específica, alguna irregularidad, se comunicaba a la Fuerza de Seguridad correspondiente para que sea la que actuase. Ahora se llama OPINOR, Operativo Integración Norte. El componente de OPINOR fortalecido, es el que está hoy operando en la frontera en acuerdo, obviamente, con el Ministerio de Seguridad y con las Fuerzas de Seguridad. Eso lo que hace es descomprimir a las Fuerzas de Seguridad para que se dedique, fundamentalmente, a estar en aquellos circuitos de paso habilitado, en circuitos de paso legales que es en donde hay, a veces, mayores niveles de tensión. 

Por otro lado, ¿el Ministerio de Defensa va a reforzar las denominadas “fronteras secas” con Brasil donde la situación sanitaria es la peor del continente, teniendo en cuenta que ya se cerró el pasó con Bolivia? ¿Existe alguna relación interministerial para el control limítrofe?

En el marco de la frontera con Brasil hay un requerimiento de fortalecimiento por parte del gobernador de la provincia de Misiones. Ahí depende de lo que opine Seguridad. Nosotros actuamos en apoyo a las Fuerzas de Seguridad. Si considera que hay que hacer un despliegue veremos cómo lo llevamos adelante, pero, vuelvo a decir, primero tiene que definir Seguridad.

¿Qué opina sobre que los gobernadores de Tucumán y Catamarca soliciten que se reinstalen unidades del Ejército en sus provincias? ¿Se debe a partir de esta experiencia de amalgamiento que está teniendo la sociedad civil con las Fuerzas Armadas?

En Tucumán solamente el Ejército Argentino tiene el Liceo General Gregorio Araoz de Lamadrid, orientado en Comunicaciones y un arsenal del Ejército. Estamos viendo la posibilidad de aumentar nuestra presencia en el lugar y eso sí fue un pedido del gobernador de la provincia. En el caso de Catamarca fue un pedido previo del gobernador antes de la COVID-19. Las dos cosas las estamos analizando y viendo de qué manera podemos cumplimentarla en esos dos lugares.

¿Considera a la Operación Manuel Belgrano exitosa hasta el momento? Se lleva a cabo hace 125 días, pero está diseñada a largo plazo o “long time”. Existen operaciones militares en otros países, tal es el caso de la Operación Balmis que ha culminado en España, pero que se puede reactivar en cualquier momento teniendo en cuenta la conducta de la población y la vehiculización de virus. ¿Qué avizora en nuestro futuro?

Creo que hemos estado a la altura de las circunstancias. Hemos cumplido con el requerimiento. Dividimos el país en 14 comandos de emergencia que actúan a requerimiento y que puede provenir de un nivel superior como en el caso del presidente, del Ministerio de Defensa o de otras jurisdicciones, gobernadores o intendentes. En el caso que sean gobernadores o intendentes siempre consultan con el comandante operacional o conmigo o con el jefe del Estado Mayor. Si se mueven dentro de los parámetros de lo que venimos llevando adelante, hemos realizado, más de 9.000 tareas en todo el país. Para nosotros una tarea es una acción que se realiza durante un día y que implica movilización de personal y medios. Además, el reconocimiento que hay de parte de la población civil y de las autoridades políticas en cada uno de los lugares en donde estamos participando y donde estamos llevando acciones, muestra claramente que ha sido exitoso. No nos hemos guardado nada en ningún sentido, ni en ningún aspecto. Hemos puesto todas las capacidades que han tenido las fuerzas armadas en esta lucha y además hay un plus del personal militar que trabaja de forma muy comprometida. Si hay que calificarla ha sido una misión exitosa. 

Esta operación es una misión subsidiaria igual que las Operaciones de Mantenimiento de la Paz, pero también se ha complejizado porque hay personal desplegado en Chipre y en otros puntos del planeta ¿Qué ingeniería se va implementar para realizar los relevos? ¿Cómo se han adecuado a las leyes de los países y cuál es el criterio determinado en cuanto a la salud de los contingentes?

Además de la Operación Manuel Belgrano, tenemos operaciones permanentes que son las Operaciones de Paz. La más importante es Chipre donde el componente argentino es el segundo en número, después de Gran Bretaña. Tiene una preponderancia importante dentro de la misión de paz. En el caso de Chipre vamos a seguir las directivas de Naciones Unidas, Nuestro personal de recambio irá cuarentenado y el personal que regresa a la Argentina también tendrá que cumplir la cuarentena. Vamos a fletar un chárter con un Boeing de Aerolíneas Argentinas que es el que los va a llevar a Chipre en dos viajes y harán cuarentena allí. 

Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina
Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina

La Antártida fue el primer lugar de Argentina donde se aplicó el protocolo contra la COVID-19 de cumplimiento efectivo en todas las bases. Teniendo en cuenta que es un lugar de libre circulación y donde hay instalaciones de todo el mundo ¿Qué medidas continurá desplegando el  Ministerio de Defensa argentino en su responsabilidad de que no se instale el virus en la Antártida?

A fines de enero, nos avisan desde la Base Marambio y desde otras bases que había contingentes circulando. Una mezcla de turistas, científicos y ciudadanos de origen chino que estaban en la Antártida. Allí aplicamos el primer protocolo de cuidado personal, de toma de distancia, de pedirle a estos contingentes que no se estacionaran cerca de nuestras bases. Así que desde ese momento y hasta ahora tenemos un protocolo particular de actuación en todo lo que significa el recambio de la dotación. La Antártida es un continente de uso compartido y la presencia es de multiplicidad de países. Tenemos especial celo por dos cuestiones: primero porque la convivencia en las bases antárticas es comunitaria y si alguien tiene la COVID-19 es muy difícil que no se contagie el resto de la totalidad de la dotación. Y en segundo lugar porque, salvo aquellas que tienen el puente aéreo directo, como Marambio o Esperanza, el resto de las bases es dificultoso evacuarlas. Entonces vamos a hacer la Campaña Antártica de Verano esta vez modo COVID. ¿Qué significa modo COVID? Que las bases de verano no van a estar ocupadas, no las vamos a abrir. Lo que vamos a hacer es mandar una dotación mínima de personal para que la abra durante para ver cuál es la situación en la base y ver si ha tenido algún daño durante el invierno. La dotación de científicos de verano no viaja, solamente los que van a invernar. Y el personal militar que va a invernar también. Estamos tomando todas las precauciones necesarias.

En operaciones similares de otros países, se produjo una mayor cantidad de contagios y de muertes por parte de los miembros de las Fuerzas Armadas ¿Qué protocolo se implementó para que relativamente haya pocos infectados, teniendo en cuenta el despliegue territorial y la cantidad de efectivos que participan?

Todo corresponde a la baja cantidad de infectados y la baja cantidad de muertes que tiene nuestro país, en términos proporcionales. En segundo lugar, nosotros pusimos especial hincapié en la idea de que para cuidar, hay que cuidarnos. Nuestro personal tiene que tener especial énfasis en cuidarse a sí mismo para poder seguir estando en operación. Nuestro personal está catorce días en el terreno en el AMBA y siete días en algunas otras provincias. Vuelve al cuartel, se le hace todo lo que significa la desinfección, permanece un día para ver si viene bien desde el punto de vista de su salud y después se va a su casa para volver a estar en operaciones pasados los 14 días. Siempre planificamos esta operación como una operación que iba a ser “long time”: una operación larga en el tiempo y que para eso nosotros debíamos tener la mayor cantidad de personal activo y cuidado.

¿Eso lo determinaron desde el principio porque tenían información previa de las operaciones que se estaban desarrollando a nivel mundial?

El primer mes nos ordenamos. Había demandas de todo tipo para las Fuerzas Armadas. Pero siempre tratamos de tener serenidad pensando que iba a hacer una operación a largo plazo y que, para dar respuesta en esa operación, lo que teníamos que hacer también era cuidar a nuestro personal. Entonces desplegamos 60.000 hombres y significa que, en algún momento de estos 125 días, alguna vez salieron al terreno. Los números que tenemos son números bajísimos y la mayoría se han contagiado fuera de la operación .

Este protocolo sanitario que tiene este éxito en números, ¿ha sido un modelo original o se inspiraron en algún otro?

Es el modelo que utilizan todos en Argentina. Pero lo que hemos hecho nosotros es de cumplimiento estricto que es el del personal de salud, partiendo de la base de evitar el contacto. Cuando hemos tenido que trabajar en lugares complicados como en la villa 1-11-14 o el barrio San Jorge, siempre hemos ido a distribuir la comida con todas las precauciones, el personal con guantes, con barbijo, con antiparras, máscara en el caso de que fuese necesario y después con todos los cuidados posteriores cuando vuelve al cuartel.

En un mundo con permanentes amenazas en nuestras sociedades, como son el terrorismo, la delincuencia organizada, tráfico de drogas y de armas, la guerra híbrida, los ciberataques en un globo super tecnificado, armas tecnológicas que pueden paralizar un país con medios poco costosos, sin ningún tipo de exposición y pueden lograr al colapso total de sistemas de un país. O el avance tecnológico de los aviones no tripulados o drones de guerra que matan sin riesgo por control remoto y representarán un 10% del mercado aeronáutico en 2050, ¿cómo se va a orientar el planeamiento, estudios y estrategias de la Defensa Nacional?

Lo cierto es que hay varias situaciones en el marco de la política internacional que obligan a que Argentina mejore su política de Defensa. No tenemos un mundo estático, tenemos un mundo con tensiones. No olvidamos que el 3 de enero de este año en una operación militar de alta tecnología Estados Unidos mata a un jefe militar iraní -el general mayor Qassem Soleimani, jefe de las Fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria iraní- posicionado en la línea de sucesión. Todos pensamos que eso iba a generar una escalada y después se aplacó. Si hace dos años atrás, me decían que la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) Rusia y Arabia Saudí iban a hacer una alianza, aunque sea transitoria, para seguir aumentando los niveles de producción y que eso  generaría una baja en el precio del petróleo y una complicación en Estados Unidos, porque el shale oil le salía más caro, no se creería.  Todo está en movimiento. Además, hay una cosa que lo venimos diciendo y lo dijo Perón en su primer y segundo Gobierno. En un discurso del año 1954 cuando inaugura la Escuela de Guerra, que hoy es la Universidad Nacional de la Defensa, habla sobre un análisis que hoy hacen muchos: estamos insertos en un continente que es riquísimo en recursos naturales y que tiene un bajo nivel de población. Tenemos un continente de estas características en un mundo sobrepoblado y que demanda lo que tenemos. Si uno no ve desde el punto de vista estratégico que allí siempre hay una línea de tensión, claramente se equivoca. Y, por el otro lado, creo que tener una política de Defensa hace a la autoestima de los pueblos porque se sienten cuidados y protegidos. 

Por lo tanto, en cuestiones consideradas como amenazas latentes, pero no nuevas como son la guerra bacteriológica o bioterrorismo que debían abordarse localmente hace mucho tiempo ¿cómo se implementa una política de Defensa donde se traten estos ítems a nivel global? La COVID-19 no es un acontecimiento inesperado e impredecible o como denominó el economista libanés Nassim Taleb, un cisne negro. Surgieron una decena de coronavirus que han ido mutando a través de la última década y podemos enfrentarnos a estas nuevas armas mucho más moldeables, con más penetración y más fáciles de controlar que las químicas. Todos los gobiernos con vocación agresora del mundo investigan en secreto en este tipo de armas. Y un virus ha puesto en jaque la sociedad, economía y nuestra forma de vida. 

Creo que hay toda una reflexión que tiene que hacer el conjunto del sistema de Inteligencia de la Argentina. Ya le he dicho a los directores de Inteligencia de las Fuerzas Armadas que además de tener Licenciados en Relaciones Internacionales, Ciencias Políticas, Ingenieros Geógrafos, Ingenieros en Comunicaciones, entre otros, empiecen a contratar médicos epidemiólogos para tener informe de lo que está pasando en el mundo. El 31 de diciembre del año pasado fue el primer caso de COVID-19 informado por China. Nadie le avisó al presidente la gravedad que esto tenía. Nadie le dijo que el virus se iba a expandir. Nadie le dijo que iba a ir a Italia primero y que iba a venir a Argentina. No por los italianos sino por los argentinos que estaban dando vueltas en el mundo. Entonces a mí me parece que, en ese sentido, la tarea de las agencias de Inteligencia tiene que ser una tarea mucho más profesionalizada y que tiene que abarcar una multiplicidad de escenarios, sin ninguna duda. Tenemos mucho que hacer. Después con la COVID-19 hay un fracaso de la humanidad en su conjunto. Si en el siglo XXI, que es el siglo de los avances tecnológicos más importantes del mundo, en donde los desarrollos científicos y tecnológicos se multiplican exponencialmente de un año para el otro, la respuesta ante una pandemia -una enfermedad de carácter respiratorio- es la misma respuesta de la Edad Media: “Aíslate”.  La misma respuesta de la Peste Negra en el siglo XIV o de la fiebre española o de la fiebre amarilla. ¿Qué hicimos como humanidad? Los desarrollos científicos y tecnológicos ¿hacia dónde van orientados? Porque la verdad es que eso nos merece una reflexión de cómo está funcionando el mundo y la humanidad. Desde el punto de vista de las fuerzas armadas, hay que tener una mirada muchísimo más intensa y hay que darle una vuelta de tuerca a todo lo que es la Inteligencia que hoy tiene un debate, por otras cuestiones, pero que es una cuestión importante. La Inteligencia tiene que ser el lugar en donde se brinde al presidente de la Nación o al ministro de Defensa la mayor cantidad de información para que, en su toma de decisiones, tenga el margen de error más pequeño. En Argentina se utiliza para las cosas que estamos viviendo hoy. En mi área de responsabilidad, el sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas es muchísimo más chico que el sistema de Inteligencia nacional, en personal y presupuesto Tomamos una decisión: ya no existen más los alias dentro de las Fuerzas Armadas. Cada personal civil de Inteligencia cobra con su cara, con su nombre y apellido, con su número de documento, está perfectamente blanqueado. Y hay que orientar ese sistema de análisis, completarlo con otras áreas, como, por ejemplo, todo lo que significa la cuestión epidemiológica. 

Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina, y el general Deimundo Escobal
Agustín Rossi, ministro de Defensa de Argentina, y el general Deimundo Escobal

Esta es una operación a largo plazo ¿cuál es la evaluación, hasta el momento, y qué es lo que se prevé, ya que la situación es mutante, día a día y se observa con claridad en el resto del mundo con cierres y aperturas de cuarentenas y hasta fronteras en diferentes países?

Nuestra valoración es que hemos estado a la altura de las circunstancias. Hemos acomodado el músculo para actuar rápidamente y hoy tenemos una respuesta casi automática ante cada una de las demandas. Si aparece una demanda nueva, distinta, exige un mayor análisis pero las demandas habituales ya sabemos cómo hacerlas, llevarlas adelante, resolverlas e implementarlas. También hay un depósito enorme de confianza de la sociedad o de las otras agencias para que nosotros estemos para resolver una cantidad de cuestiones. ¿Qué es lo que va a venir? No lo sabemos. Uno sí puede presuponer que la ayuda humanitaria va a continuar después que la COVID-19. Porque seguramente la situación de crisis económica y de asistencias va a seguir persistiendo independientemente que la pandemia aminore su agresividad. 

¿Hace una analogía como si la pandemia fuera un conflicto y luego, la pospandemia se convirtiera en un posconflicto?

Sin duda que es así. Después hay que estar en la reconstrucción. Habrá que ver que tienen para aportar las fuerzas armadas.  Porque creo que el vínculo entre las Fuerzas Armadas con la sociedad, no puede ser solamente un flash. Creo que, por el contrario, tenemos que seguir buscando de que manera retomamos nuestra actividad principal, pero al mismo tiempo ir viendo de que manera mantenemos este nivel de vinculación muy alto con sociedad civil. En muchos lugares se ha dado de forma muy armónica y muy habitual. Por ejemplo, estuvimos en Bariloche en la escuela de montaña que lleva el nombre Teniente General Juan Domingo Perón. Allí  se reúne el comando de emergencia de la municipalidad de Bariloche y participan el Instituto Balseiro, el Centro Atómico Balseiro, el INVAP y varios organismos. Hay una articulación y armado de bolsones para la comunidad mapuche y distribuimos leña. También eso es un símbolo. Porque no siempre la historia entre las fuerzas armadas y la comunidad mapuche fue coincidente y es un dato a tener en cuenta.

Usted manifestó respecto a la emergencia sanitaria sobre la COVID-19, que implicaba hacer una reflexión sobre el comportamiento de la humanidad. ¿cuál es la introspección que usted ha realizado hasta el momento? Y teniendo en cuenta que esta es una misión subsidiaria que tiene que ver con las crisis humanitarias ¿hacia dónde vamos? 

Lamentablemente todos decimos que el mundo posCOVID va a ser distinto al mundo preCOVID.  Yo agrego que va a ser un mundo peor. Que vamos a tener un mundo más desigual, un mundo con mayores niveles de pobreza, con mayores niveles de indigencia. En nuestro país el entramado PyMe va a quedar muy afectado, van a quedar en pie solamente las grandes corporaciones económicas y el Estado. El  Estado también debilitado porque recauda poco. Siempre el Estado tiene la capacidad de emitir moneda y eso siempre es un poder, en términos para insuflar la reactivación económica de nuestro país. Y también va a generar efectos en la sociedad y en la conducta de los humanos, que no nos podamos saludar, que no nos podamos dar un abrazo, un beso. Que uno no pueda ver -yo vivo en Rosario- y hace más de 100 días que no veo a mis hijos más chicos. Todo eso también va a tener impacto en el conjunto de la sociedad. Siempre las crisis sacan lo mejor y lo peor de las sociedades. Hemos visto una cantidad de acciones y de conductas que parece que son de las peores cosas. Porque la realidad es que la reacción ante el virus es una reacción individualista. Lo que te dicen es “quedate en tu casa, si te quedás en tu casa solo, no te contagian y no contagiás” y eso es individualismo puro. Entonces me parece que desde el punto de vista de la humanidad, nos ubica en un lugar difícil.

Y entonces ¿qué responsabilidad tienen aquellos que están en puestos de dirección?

Hay que reconstruir no solamente la economía sino que hay que reconstruir los lazos sociales. las relaciones humanas y ponerse a pensar para adelante. Pero, sin lugar a dudas, que ese va a ser un esfuerzo enorme que vamos a tener que llevar adelante los dirigentes en su conjunto. 

¿Los dirigentes y la sociedad?

La sociedad también. Pero la sociedad es -de alguna manera- víctima de los que tenemos la responsabilidad dirigencial. El 31 de diciembre conocimos el primer caso de COVID-19 en China. En un mundo hiperglobalizado, hipertecnificado, en el que todos los desarrollos aumentan día a día y se posicionan y se mejoran, la respuesta que se le dio a la humanidad ante la COVID-19, es la respuesta de la Edad Media: aislarse. Entonces, eso lleva a una enorme reflexión desde el punto de vista del conjunto de la humanidad, que me parece que sin dudas tenemos que hacer.