Alcazarquivir: una joya de la convivencia humana cae en el olvido

Se erige como un crisol de convivencia entre las tres culturas: la musulmana, la judía y la cristiana
Ciudad de Alcazarquivir.

 -   Ciudad de Alcazarquivir.

El fenómeno del turismo de masas, propio de nuestro tiempo, tiene la clara ventaja de ser un promotor del desarrollo de países, regiones y ciudades que atraen a millones de viajeros cada año en todos los rincones del planeta. Pero también posee su cara perversa, la de hacer caer en el olvido, en el aislamiento y en la marginación los lugares que han brillado a lo largo de los siglos por su cultura, su esplendor y su impacto en la historia, pero que hoy quedan fuera del circuito. Ocurre con los pueblos abandonados, con las regiones despobladas por el éxodo rural.

Este es el caso de la ciudad marroquí de Alcazarquivir, que pasó a la Historia por dos motivos principales: por haber sido el lugar en el que se disputó la Batalla de los Tres Reyes, que dio un giro en el devenir del Imperio portugués al morir en la misma el joven rey Sebastián (Dom Sebastião), que había amenazado con convertir a la fuerza a todos los judíos a la fe cristiana si conquistaba la fortaleza musulmana, y permitió de este modo la integración definitiva y por varios siglos de una numerosa comunidad judía; y por haber sido un crisol de convivencia entre tres culturas dominantes de la época: la musulmana, la judía y la cristiana.

Mientras que las ciudades costeras del norte de Marruecos, Tánger, Arcila, Larache, Mulay Busselham y hasta Tetuán y Kenitra algo más adentradas en tierra firme, están conociendo la prosperidad y el desarrollo como destinos de cientos de miles de viajeros cada año, con inversiones foráneas y crecimiento económico, Alcazarquivir languidece. Su papel de frontera y defensa fortificada de la rica planicie del Gharb regada por el rio Lucus frente a las otrora expansiones coloniales, francesa por el sur y española por el norte, ya cumplió su cometido. 

Puerta del Regimiento de Regulares
Puerta del Regimiento de Regulares

Alcázar la Grande, simplemente Alcázar para los lugareños, fue un ejemplo de tolerancia, de convivencia fructuosa entre familias con culturas, religiones y costumbres diferentes; cada una con sus lugares de reunión, de culto y de última morada. Cafés, escuelas propias de cada comunidad, mezquitas, iglesias, sinagogas y cementerios, aún siguen presentes en la arquitectura urbana. El Santuario tsadik del rabino Yehuda Benasuli, la Gran Mezquita de origen almohade, la Iglesia del Sagrado Corazón, el Santuario de Sidi Bughaleb patrón de la ciudad, el Beit Hahayin o cementerio judío, son testimonios de un pasado común de fructuosa convivencia. 

La Asociación para la Investigación Histórica y Social de la villa, ha publicado un estudio hecho por dos académicos alcazareños Mohamed Akhrif y Arbi Asli, titulado “Los judíos de Alcazarquivir: Del paraíso de la coexistencia al infierno de la separación y el odio”, en el que defienden la tesis de que la comunidad hebrea ha sido “un componente sólido del tejido social de la ciudad”, y que una de las razones de la persistencia y continuidad del judaísmo en Marruecos está en que “su identidad y símbolos religiosos” no fueron expropiados, ni destruidos. 

Propósitos que, sin embargo, se contradicen con los que sostienen que los judíos alcazareños se sentían españoles y estuvieron integrados en la sociedad alcazareña hasta que Marruecos alcanzó la independencia y los españoles abandonaron la ciudad tras el fin del Protectorado. Si bien los datos estadísticos muestran que las primeras grandes migraciones que se produjeron en la comunidad hebrea fueron a principios de los años 50 del siglo XX, atraídos por el recién creado Estado de Israel. Los últimos en cambio, sí abandonaron Marruecos tras el fin de la presencia española. 

Cementerio judío
Cementerio judío
Los judíos de Alcázar

La comunidad hebrea de Alcázar cuyo origen se remonta al siglo XV cuando judíos sefardíes portugueses y andalusíes se instalaron masivamente en la ciudad, ha dejado una huella imperecedera. Dentro del Melah o judería en la que habitaban en la ciudad vieja del enclave urbano, los judíos se afanaban en sus oficios tradicionales, hojalateros, alabarderos, zapateros y plateros; y por supuesto el comercio, muy floreciente en la época del Protectorado. 

El gran mecenas y filántropo Amram Castiel y los rabinos Yehuda Benasuli y Rahamim Melul, hicieron de esta ciudad un lugar de peregrinación y destino de gentes en busca de sus orígenes y de la pervivencia de sus lazos familiares. Familias de estirpe hebrea, como los Azencot, los Benacun, los Elbaz, los Binisti, los Benasuli, los Pimienta, los Cohen, los Allegria, los Benaroya, los Medina, los Benaim, han dejado su huella en la historia de la ciudad. 

A través de las redes sociales, decenas de internautas judíos de origen marroquí recuerdan sus vivencias, intercambian noticias, fotos y hasta recetas de cocina lugareñas. Samuela es una de ellas y con sus escritos sobre la época del Protectorado español hace conocer una España “bien diferente a la de Tánger, Tetuán y por supuesto a la de la península ibérica donde las familias tradicionales judías desparecieron casi en su totalidad hace ya cinco siglos”. “Es la vieja España”, dicen con nostalgia, “pero con el añadido de la cultura anfitriona dominante, la musulmana, en la que durante mucho tiempo se han integrado y convivido con sus gentes”. 

Los judíos de Alcazarquivir.
Los judíos de Alcazarquivir
Generaciones de sabios, políticos y poetas

Quizás sea este pasado de convivencia lo que ha creado el caldo de cultivo social en el que se formaron a lo largo de decenios, artistas, escritores, políticos, hombres de ciencia y de religión, académicos, músicos, poetas y conocidos atletas, entre otros. 
    
Los genes alñcazareños de su historia y de su cultura, corren por las venas del famoso neurocirujano internacional Mustafa Azzuzi, del neurólogo de renombre mundial Abdelhamid Benazzuz, de los embajadores Bughaleb El Attar en Cuba y Mahmud Rmiki en Perú; de poetas, escritores y novelistas como Mohamed Khamar, Wafa El Amrani, Mohamed Sibari, Mohamed Said Raihani, Rachid Yelluli, Raha Bin Taud, Mohamed Arbi Asri, o Anas Filali; de periodistas como Dris Tiki y los hermanos Kanuni; de artistas plásticos como Mojtar Ghailan, Mohamed Rais, Chafik Ezzuguari y Qarmadi Abdeljalek; de músicos y compositores, como Abdesselam Amer, Mohamed Raisi Hamid El Kasri; de atletas con medallas olímpicas como Amin Chentuf y Adil El Kuch; y también de personalidades del mundo de la política, como Jalid Sufiani y el secretario general del gobierno Dris Dahaq. 

Sede de la cofradía de Sidi Bel Abbés
Sede de la cofradía de Sidi Bel Abbés

La impronta que ha dejado su nacimiento y vivcencia en Alcazarquivir para muchos personajes de la vida pública y el sector empresarial y académico español, también se ha materializado en la creación de una Asociación de Amigos de Alcazarquivir y Tetuán en 2003, unos años después los Amigos de Alcazarquivir, y en 2015 el Club de Amigos de Marruecos, presidido por un alcazareño, Pedro Bofill Abeilhé, ex diputado del PSOE y delegado del Gobierno en Cantabria. Otros españoles de renombre son originarios de la vieja ciudad de Alcázar, como la escritora Sonsoles Vázquez, el historiador Tomás Ramírez Ortiz, y el abogado Antonio Gea Barbera, reputado por sus investigaciones históricas sobre la ciudad.
    
Como colofón de este pequeño recorrido histórico que vincula España y Marruecos, se puede concluir que, aunque la ola turística no llegue con sus beneficios desarrollistas, existen hoy otras alternativas como el turismo cultural, el turismo ecológico y medioambiental, los recorridos históricos y las actividades artísticas y culturales que atraen cada vez más a gentes deseosas de conocer la historia, sus pueblos y las vicisitudes del pasado común.