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Amalgama de crisis en África

La conjugación de tres crisis, más los conflictos que asolan varias partes del continente, conducen a África hacia una situación que hacía décadas que no se conocía
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Naciones Unidas  -   África no sale de una crisis cuando se ve inmersa en otra

África no había terminado de recuperarse de los efectos de la pandemia de COVID19 cuando Rusia decidió invadir Ucrania. Un evento que queda muy lejos del continente, pero que le está afectando gravemente. Mientras, el cambio climático sigue generando estragos por todos sus rincones. Tres fenómenos que se acumulan y suceden sin dar tiempo a respirar a los africanos.

Es bien conocido que la COVID19 no supuso tanto una crisis sanitaria en África, como económica. Muchas personas perdieron su trabajo por el cierre de fronteras. Sectores entre los destaca el turismo, por ejemplo, o la exportación de productos agrícolas se vieron gravemente perjudicados. El cierre de colegios y la falta de acceso a Internet originaron que miles de escolares quedaran fuera del sistema educativo, sobre todos los procedentes de familias con bajos ingresos. Esto repercutió en una aumento del trabajo infantil, los matrimonios precoces (un medio utilizado por las familias para recibir ingresos a través de la dote) o el reclutamiento de menores para ser usados como soldados. Las mujeres y las niñas fueron las más perjudicadas por esta situación.

Igualmente, la lucha contra las enfermedades endémicas experimentó un gran retroceso. Con todos los esfuerzos puestos en contrarrestar la pandemia de COVID19 y la vacunación, dolencias como malaria, VIH, tuberculosis o cuidados maternos-infantiles quedaron relegadas.

La principal consecuencia de todo esto fue que al amplio porcentaje de población que ya vivía bajo el umbral de la pobreza, y al que el coronavirus agravó su situación, se incorporaron miles de nuevos pobres. La pandemia también supuso un gran retroceso en los programas que durante décadas habían conseguido grandes avances en la lucha contra la pobreza. De igual modo, constató que la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) no se lograría en 2030 como estaba previsto.

Poco a poco, la mayoría de los países africanos se desembarazaban de esta situación. Pero entonces estalló la crisis entre Rusia y Ucrania. En este caso, el verdadero impacto en cada economía depende del nivel de dependencia de las importaciones o exportaciones de petróleo y gas, turismo o granos y fertilizantes, entre otras cosas. No entramos aquí en el realineamiento geopolítico que la invasión de Ucrania está produciendo en el continente.

Un estudio del PNUD sobre el impacto de este conflicto muestra que el más visible es el aumento de los precios del combustible y los alimentos, además de la inflación y la inestabilidad financiera. Como siempre, los más pobres son los más afectados porque se ven obligados a destinar la mayor parte de sus ingresos a alimentos y transportes. Esto, evidentemente, tendrá una repercusión sobre la salud o la educación de nuevo.

La inseguridad alimentaria que esta reciente crisis ha agravado, se arrastra desde hace tiempo en el continente africano. El cambio climático está directamente relacionado con esta realidad. Nueve de los 10 países más vulnerables a este fenómeno se encuentran en África subsahariana. Ya afecta a la productividad agrícola, al crecimiento de la incidencia de enfermedades, la pobreza y el estrés hídrico. Además, está detrás del aumento de conflictos. De seguir así, en las próximas décadas, el continente africano también sufrirá inundaciones extremas, sequía y erosión costera más intensas y frecuentes, según Naciones Unidas.

Uno de los efectos más visibles de este fenómeno es la creciente hambruna que recorre muchas regiones de África. La imagen de niños malnutridos o las muertes por inanicón son cada vez más frecuentes.

Durante el presente año, gran parte del Cuerno de África no ha recibido la lluvia habitual, y ya son varios años que la tendencia se repite. Mientras, algunas zonas de África occidental y meridional han experimentado fuertes lluvias e inundaciones.

A esto hay que sumar la baja productividad de la agricultura africana, que en su gran mayoría es de supervivencia y depende de los caprichos meteorológicos. La falta de tecnología y de ayudas la hace muy vulnerable.

África no sale de una crisis cuando se ve inmersa en otra. La división política que el conflicto de Ucrania ha generado en el continente parece ser un obstáculo para que la Unión Africana busque soluciones globales a estos desafíos. Sin embargo, aunque se superasen las secuelas originadas por la pandemia de covid19 o la invasión rusa de Ucrania, las causadas por el cambio climático seguirán muy presentes y poco se está haciendo para revertirlas.

La conjugación de las tres crisis, más los conflictos que asolan varias partes del continente, conducen a África hacia una situación que hacía décadas que no se conocía.