Argelia y Francia: una relación convulsa en tiempos de redes sociales

La emisión de dos documentales sobre el Hirak ha despertado las críticas entre los manifestantes argelinos y el Gobierno, que acusan a París de “atacar al pueblo”
Manifestantes argelinos se reúnen durante una manifestación semanal contra el Gobierno en la capital, Argel, el 13 de marzo de 2020

AFP/RYAD KRAMDI  -   Manifestantes argelinos se reúnen durante una manifestación semanal contra el Gobierno en la capital, Argel, el 13 de marzo de 2020

La historia ha puesto al borde del abismo a la relación entre Argelia y Francia: el primero no olvida los crímenes cometidos por el segundo durante la era colonial. De hecho, cada año, se alzan las voces en el país norteafricano para exigir que la nación gala reconozca y se disculpe por su pasado, en el marco del cual se le acusa de destruir la identidad argelina, saquear, torturar, asesinar y llevar a cabo pruebas nucleares durante el régimen colonial, como recoge el analista Abbas Maymouni. Así, tras la independencia del Argel en 1962, las desavenencias entre ambos se han sucedido continuamente, a pesar de los intentos de París por normalizar los lazos entre los dos países, sobre todo, de cara a intereses puramente geoestratégicos, como las bolsas de gas que se encuentran en territorio argelino de las que se nutre Europa. 

De hecho, en enero de este año, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se desplazó hasta Argel para reunirse con su homólogo, Sabri Boukadoum, el primer ministro, Abdelaziz Djerad, y el presidente del país, Abdelmadjid Tebboune, quien acababa de tomar posesión de su cargo tras las elecciones presidenciales del 12 de diciembre. ¿El objetivo? Relanzar las relaciones bilaterales, al que las autoridades galas consideran como “un socio en una región en crisis”. “Ahora hay un nuevo gobierno con el que Francia quiere trabajar”, señaló entonces el jefe de la diplomacia gala.

El ministro de Relaciones Exteriores de Argelia, Sabri Boukadoum (R), recibe a su homólogo francés, Jean-Yves Le Drian, en la capital Argel, el 21 de enero de 2020
AFP/RYAD KRAMDI - El ministro de Relaciones Exteriores de Argelia, Sabri Boukadoum (R), recibe a su homólogo francés, Jean-Yves Le Drian, en la capital Argel, el 21 de enero de 2020

Pero lo que parecía el comienzo de un idilio ha durado poco. El pasado miércoles 27 de mayo, Argelia decidió retirar a su embajador en París “inmediatamente” para consultas, después de la emisión en televisión, el día anterior de dos documentales sobre el movimiento de protesta argelino, el Hirak, que se lanzó a las calles el 22 de febrero de 2019, manifestándose desde entonces cada viernes hasta el estallido de la crisis del coronavirus. 

El primero de ellos, Algérie mon amour, que fue difundido en la cadena pública France 5, presenta “en un tono muy libre los testimonios de cinco jóvenes, tres hombres y tres mujeres de Argel, Orán y Tizi Ouzou, que participaron en el Hirak”, según recoge France TV Info. Dirigido por el argelino Mustapha Kessous, pronto levantó polémica en redes sociales. “No se mencionó el Hirak, ocultó todas las demandas relacionadas con la democracia, el estado de derecho y la libertad. El documental se centró, en cambio, en parte del problema argelino: las libertades sexuales de los jóvenes y su deseo de romper todos los tabúes que les impiden vivir la vida. Ciertamente, ese problema existe, pero no estaba en el centro de la demanda popular […] ¿Por qué, entonces, reducir la escala de una revolución a los simples deseos de la juventud argelina ‘frustrada’?”, critican desde Interlignes. “54 semanas de manifestación, sacrificio, pacifismo, solidaridad y lucha. Desafortunadamente, ninguna de las afirmaciones fundamentales del Hirak ha interesado al director de France 5, prefiriendo centrarse en el ‘libertinaje’ audiovisual. Las costumbres y la vida de esas personas no nos interesan”, escribe con dureza la periodista Kouceila Rekik

“Esta película no me representa” o “No tiene nada que ver con el Hirak” fueron algunos de los mensajes más repetidos en internet. Además, se hizo viral el hashtag #CenestpasmonHirak (#EstenoesmiHirak) en Twitter. “Se acusa al director de estar en el origen de una ‘vasta ilusión’, de ‘haber ignorado’ los reclamos del Hirak o de defender las ‘agendas traidoras de la Francia colonial, cómplice del poder de Argel’”, recoge el diario argelino El Watan. “Son los esclavos de Francia en Argelia”, comenta el presidente del principal partido islamista, Abderezzak Mokri, en referencia a los protagonistas del documental.

Algèrie mon amour

El segundo, titulado Algérie : les promesses de l'aube (Argelia: las promesas del amanecer) y retransmitido en La Chaîne Parlementaire (LCP), también ha recibido críticas en este sentido. El documental, dirigido por Julie Peyrad y Sonia Amrane, trata de descifrar cuatro meses de protesta pacífica a través de numerosos testimonios, entre los que sobresalen los de una docena de jóvenes, “sonrientes pero decididos a denunciar un sistema político corrupto y no revivir lo que sus mayores, magullados por el terrorismo y la violencia de 1990, vivieron”, recoge la crítica del periódico francés Le Monde. “Una instantánea de una sociedad efervescente, la película puede estar sufriendo de un formato que es demasiado corto para evocar en profundidad la disparidad de aspiraciones, más allá de los eslóganes pegadizos”, explica la experta Marie Cailletet en Télérama.

Además, la elección de los protagonistas en ambos filmes, así como la fecha de su emisión -lanzamiento en el primer caso y repetición en el segundo-, provocó el florecimiento de las teorías de conspiración en las redes sociales argelinas, explican desde Courrier International. El medio Algérie Patriotique se pregunta al respecto: “En la forma, en primer lugar, el momento, al final del mes sagrado del Ramadán y al comienzo del período de desconfinación, es necesariamente intrigante. La elección de los invitados, el contenido orientado, todo esto requiere que cuestionemos las motivaciones reales de aquellos que dicen que están ‘inspirados’ por el Hirak argelino […] De hecho, solo una pregunta impone: ¿queremos reavivar la mecha de las manifestaciones para precipitar a nuestro país en el caos?”. 

El comunicado que ha publicado el Ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia para anunciar la llamada a consultas del embajador ha mostrado, aún más, una mayor dureza. “La naturaleza recurrente de los programas transmitidos por los canales de televisión públicos franceses, aparentemente con el pretexto de la libertad de expresión, son, de hecho, ataques contra el pueblo argelino y sus instituciones, incluido el ANP (Armée nationale populaire) y su componente, la digna heredera del Ejército de Liberación Nacional (ALN)”, se puede leer en la nota emitida. “Este activismo, donde la enemistad discute con el resentimiento, revela las intenciones maliciosas y duraderas de ciertos círculos que no desean el advenimiento de las relaciones pacíficas entre Argelia y Francia, después de 58 años de independencia, en respeto mutuo y equilibrio de intereses que no pueden ser objeto de concesiones o negociaciones”, concluye el comunicado. 

El ministro de Asuntos Exteriores argelino, Sabri Boukadoum
AFP/RYAD KRAMDI - El ministro de Asuntos Exteriores argelino, Sabri Boukadoum

Entonces, la cuestión que se plantea es por qué los documentales han sido criticados desde los dos lados de la contienda: desde los manifestantes del Hirak y desde el Gobierno, enfrentados en las calles desde hace año y medio. Esto “es el síntoma de una relación irrazonable con el antiguo poder colonial y de la histeria colectiva”, sostiene el periodista Akram Belkaid en The Oran Daily. 

“Ahora, la pregunta esencial debe hacerse: ¿por qué un filme transmitido por la televisión francesa para una audiencia francesa causa tantas pasiones en Argelia? […] Primero, el narcisismo nacional nos lleva a pensar que el documental es el primero (¿y el único?) destinado a los argelinos […] Segundo, como proviene de Francia, esto necesariamente provoca reacciones epidérmicas […] En tercer lugar, es hora de dejar de esperar que lo que viene de Francia solo es bueno y positivo”, explica Belkaid en su columna. “Lo más agotador de todo esto es esta obsesión con la conspiración. Para el régimen, el Hirak es una conspiración de la mano del extranjero. Para algunos de los que no apreciaron el documental [de Kessous], esta película es una trama destinada a desacreditar al movimiento de protesta”, escribe. “Un documental es solo un documental. Habrá otros, tendrá que haber otros. Pero mientras tanto, tanta histeria solo puede desafiar”, añade el periodista.

Esta captura de pantalla de la AFPTV de un vídeo realizado el 12 de diciembre de 2019 muestra a las fuerzas de seguridad argelinas deteniendo a los manifestantes en la capital, Argel, el día de las elecciones presidenciales
PHOTO/AFP - Esta captura de pantalla de la AFPTV de un vídeo realizado el 12 de diciembre de 2019 muestra a las fuerzas de seguridad argelinas deteniendo a los manifestantes en la capital, Argel, el día de las elecciones presidenciales

La respuesta de la parte francesa no ha llegado de los directores de las películas, quienes se han negado a comentar las acusaciones, sino de varios analistas que han criticado la respuesta del Gobierno argelino. El historiador Jean-Pierre Filiu, profesor de Sciences Po de París, ha señalado en Le Point que “el régimen argelino pretende creer que, como en Argelia, el sector audiovisual público estaría en Francia bajo las órdenes del poder político”. “La crisis diplomática que él creó artificialmente [en referencia al comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores] es parte de una campaña mediática para bloquear el campo de los medios y sofocar las voces críticas”, asegura.

Sobre si este incidente pudiese provocar un conflicto severo entre Argel y París, el politólogo Mohamed Hennad, responde con un “no”: “No creo que un incidente breve inicie una guerra entre Argelia y Francia. La relación continuará, como de costumbre, con altibajos. Es una tormenta en un vaso de agua”, concluye en Le Point. Sin embargo, sí que es cierto que esto le ha dado un motivo a los movimientos nacionalistas para reafirmar su postura: “La era de Argelia, como un Gulliver obstaculizado, y a menudo caricaturizado como un gigante que teme a su sombra, pronto terminará y esto, por supuesto, no gustará a todos aquellos cuya agenda geopolítica única es perpetuar una postura hegemónica en una llamada ‘área de influencia’”, escriben en Algerie Patriotique, en una clara referencia a la agenda exterior francesa.