Arte y Cultura en el Magreb, refugio y reflejo de los artistas

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Irene Infante Ríos

Pie de foto: mural en la calle al Bustan (El Cairo) realizado por Ammar Abo Bakr y Madhamed Sudani.

 

El Magreb es un escenario de continuo cambio. Las revueltas árabes del año 2011, llamadas en Europa “primaveras árabes”, pusieron de manifiesto el descontento de un amplio sector de la población del mundo árabe. Sin embargo, cinco años más tarde, ¿dónde han quedado las reivindicaciones populares que acontecieron en países como Egipto o Túnez?, ¿cuál es la realidad de la vida artística en Túnez?, ¿hay espacio en la sociedad árabe para los artistas?, ¿y para la denuncia?

La mesa redonda celebrada en Casa Árabe titulada “Arte y Cultura: ¿refugio o reflejo?” ha permitido conocer de primera mano la actualidad artística de Túnez, Egipto y Argelia. En ella participó Rashida Triki, crítica, comisaria de arte y profesora de la Universidad de Túnez, Ammar Abo Bakr, artista urbano egipcio, Zineb Sedira, artista fundadora de ARIA (Residencia de Artistas en Argel), y Nuria Medina, coordinadora de Cultura de la Casa Árabe.

La profesora y crítica de arte Rachida Triki ensalzó la diversificación de la vida cultural tunecina a raíz del año 2011, con un proceso democratizador palpable no sólo en la vida política, sino extensible al mundo artístico. Los artistas, especialmente los jóvenes, “han entrado en una nueva dinámica”, presentando happenings e intervenciones en la vida pública, manifestaciones que anteriormente estaban prácticamente prohibidas.

Al mismo tiempo, Rachida subrayó que las diversas expresiones artísticas surgidas en su país son un inequívoco símbolo de libertad. No obstante, continúa siendo necesario “crear redes en el tejido asociativo de las artes” y, sobre todo “crear”. Crear nuevas manifestaciones, nuevas formas de explicar el mundo, nuevas inquietudes de las que el arte sea reflejo.

Por su parte, el artista Ammar Abo Bakr consideró que una buena parte de la revolución “tiene que ver con la nostalgia”. Por ello, trasladó al público asistente a la mesa redonda de vuelta al año 2011, a la plaza Tahrir de El Cairo, y también a las calles al Bustan y Mohamed Mahmoud de la ciudad. Y es que según avanza en su discurso, queda patente que el arte callejero tiene mucho que ver con la revolución en Egipto. Al observar las intervenciones en los muros, uno puede aprehender un atisbo de las esperanzas y deseos frustrados de la juventud que clamaba contra Hosni Mubarak en 2011.

Ammar es artista, pero se concibe a sí mismo como un activista, que durante años ha utilizado los grafitis en los muros como medio de protesta y denuncia. Según él mismo indica, “el muro puede mucho más potente que cualquier otra imagen”. Sus pintadas están repletas de denuncia política y social, pero él considera que en el arte no todo debe ser evidente. Debido a esto, sus obras están cargadas de simbolismo y referencias a la antigüedad egipcia que no todos entienden.

Aun así, los muros que él y otros compañeros artistas “decoran” aparecen muchas mañanas limpios y repintados. Él, esperanzado, responde con un: “volveremos. Todo continúa. Volveremos a este muro u otro”.

Los deseos de la tercera artista participante en la mesa redonda, Zineb Sedira, fundadora de ARIA (Residencia de Artistas en Argel), se centran en llevar el arte a la escena local, y, especialmente, hacer visible el arte argelino.

Por este motivo, consideró el programa ARIA como un punto de encuentro en la formación y el debate de distintos artistas internacionales, que permite “sacar Argelia al exterior, al resto del mundo”. De esta forma, su anhelo es crear una escena pública del arte, ya que este “consiste en compartir”, y para ella, las manifestaciones artísticas “deben estar en lugares donde el público las pueda ver”. Al mismo tiempo, subrayó que “como artista uno debe conocer, saber qué hay a su alrededor”, lo que puede ser la explicación de su actual residencia en Londres, donde mantiene continuos contactos con artistas de la esfera internacional.

A pesar de las diferencias existentes en el discurso de cada uno de ellos, con el relato de una diversa actualidad política y social en sus países de origen, los tres han coincidieron en que existe conciencia de la necesidad de impulsar la cultura en el mundo árabe. De esta forma, se está creando una “sociedad nueva de creadores muy dinámicos” que dejan patente que a nivel artístico ya no hay vuelta atrás. “La gente quiere crear, quiere ser artista y poder expresarse”, señaló Rachida.