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Así buscan los Hermanos Musulmanes suplantar al Estado tunecino

Los islamistas comienzan a implantar el ‘zakat’ a nivel municipal, un sistema de recaudación que atenta contra las estructuras del Estado y no sirve al interés general
El líder del partido tunecino islamista Ennahdha, Rached Ghannouchi, en una conferencia de prensa

AFP/ ANIS MILI  -   El líder del partido tunecino islamista Ennahdha, Rached Ghannouchi, en una conferencia de prensa

Los Hermanos Musulmanes parecen dispuestos a sustituir las estructuras oficiales en Túnez. A través de su brazo político en el país, el partido Ennahdha, el movimiento islamista amenaza con ir asumiendo poco a poco las funciones reservadas a las instituciones públicas. El último ejemplo está relacionado con el ‘zakat’, el mecanismo que se ha observado en las sociedades islámicas tradicionales para la recaudación de impuestos.

Según ha informado el diario emiratí Al Ain, el Ayuntamiento de Al-Karam, una localidad costera cercana a la capital, situada entre el puerto de La Goulette y las ruinas de Cartago, ha implantado un sistema de recaudación de fondos públicos basado en el ‘zakat’, prescrito por el Corán como uno de los pilares de la fe. El consistorio, dominado por Ennahdha, ha establecido, así, un mecanismo que no está bajo supervisión estatal, puesto que no forma parte del sistema dictado por los ministerios de Finanzas y de Asuntos Sociales.

Parlamento de Túnez, en una sesión plenaria
AFP/ FETHI BELAID - Parlamento de Túnez, en una sesión plenaria

El cobro del ‘zakat’ contraviene igualmente la Constitución de Túnez, que, en su artículo 137, detalla que la gestión de recursos por parte del poder local ha de llevarse a cabo siempre en el marco presupuestario oficial y conforme a reglas de buena gobernanza financiera.

¿Por qué es significativo que Ennahdha haya dado este paso en una pequeña localidad? Básicamente, este movimiento deja entrever la voluntad de los dirigentes del partido de minar las instituciones secularizadas del país y sustituirlas por otras en las que religión y poder público vayan de la mano.

Además, el dinero recaudado a través del ‘zakat’ no está sujeto a ningún control por parte de la administración. Por este motivo, dicho mecanismo podría servir para camuflar la entrada en el país de flujos de dinero de otros miembros de la Hermandad por todo el mundo sin que fuesen fiscalizados.

Fotografía de archivo del 27 de febrero de 2020, con el presidente de Saied y el Primer Ministro Elyes Fakhfakh en el centro, acompañados por el gabinete en el Palacio de Cartago
AFP /HO/SERVICIO DE PRENSA DE LA PRESIDENCIA - Fotografía de archivo del 27 de febrero de 2020, con el presidente de Saied y el primer ministro Elyes Fakhfakh en el centro, acompañados por el gabinete en el Palacio de Cartago

Esas sumas podrían ser invertidas por los miembros de la Hermandad en la financiación de sus propios propósitos. A nivel social, Ennahdha se ha encargado de difundir en Túnez las visiones más restrictivas del islam a través de mezquitas, escuelas coránicas u organizaciones disfrazadas de entidades caritativas. Este modus operandi es bastante característico de las entidades que financian grupos islamistas.

El caso de Al-Karm podría no ser el único. Algunos políticos críticos con los Hermanos Musulmanes advierten de que está práctica viene de lejos y responde a una estrategia muy meditada. “[Ennahdha] ha arruinado el tejido social en Túnez desde 2011, al introducir asociaciones extranjeras para distribuir ayuda a los tunecinos y usarlo como un motivo religioso para lograr fines políticos que son principalmente terroristas”, asegura a Al-Ain Abeer Mousa, la líder del Partido Constitucional Libre, que ya ha anunciado que su formación denunciará la práctica puesta en marcha por el consistorio de Al-Karm para evitar más transgresiones de la ley.

El presidente tunecino Kaïs Saied, estrecha la mano de Rached Ghannouchi, jefe del movimiento islamista Ennahda durante una reunión en el Palacio de Cartago
PHOTO/PRESIDENCIA DE TÚNEZ - El presidente tunecino Kaïs Saied, estrecha la mano de Rached Ghannouchi, jefe del movimiento islamista Ennahdha durante una reunión en el Palacio de Cartago

Actualmente, el partido y su líder, el presidente del Parlamento Rached Ghannouchi, han estado en contacto con destacados miembros del Gobierno de Turquía y de Qatar para favorecer los intereses de los islamistas libios presentes en el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés). A las órdenes de las administraciones de Trípoli y de Ankara, luchan miles de combatientes sirios de la órbita de distintos grupos terroristas yihadistas.

Queda por ver si el presidente Kaïs Saied se manifiesta de algún modo en relación con este episodio. Hasta la fecha, el jefe del Estado se ha mostrado más que permisivo con los dirigentes de Ennahdha, puesto que, al ser el grupo parlamentario con más apoyo, necesita su respaldo para poder aprobar legislación. Las presiones de los partidos y los activistas laicistas cada vez son más intensas para que, en la medida de lo posible, Saied corte de raíz sus lazos con los islamistas, por temor a una potencial implicación en la guerra en el país vecino.