Ataques a los hospitales que luchan contra el ébola en el Congo

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Eva Cifuentes

El virus del ébola está azotando con fuerza a la República Democrática del Congo (RDC) y ya se ha llevado por delante a más de 800 personas, según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad del país

Pie de foto: La policía vigila un hospital en Butembo, Congo, el sábado 20 de abril de 2019, después de que miembros de la milicia atacaron un centro de tratamiento del Ébola en el distrito de Katwa de la ciudad durante la noche. AP PHOTO/AL-HADJI KUDRA MALIRO

A la crisis de este nuevo brote del virus, que tiene en vilo al país desde el pasado agosto, se le suman los ataques recientes a los hospitales que atienden a los afectados. El primer altercado tuvo lugar en el hospital de Butembo y el siguiente en Katwa. Entre ambos ataques apenas pasaron 24 horas.

Como resultado de estos, en el primero murió un médico de Médicos Sin Fronteras (MSF), un epidemiólogo enviado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tras este trágico suceso, los hospitales de respuesta ya se encontraban en alerta, por lo que cuando se produjo el último los “repelieron y persiguieron”, así lo confirmó el alcalde de Butembo, Sylvain Kanyamanda. De hecho, se consiguió capturar a cuatro atacantes y otro murió por herida de bala. En esta ocasión no hubo que lamentar víctimas mortales por parte del personal, pero sí resultaron heridos un médico y un conductor.

Pie de foto: La violencia ha complicado profundamente los esfuerzos para contener lo que se ha convertido en el segundo brote más mortífero del virus Ébola de la historia. AP PHOTO/AL-HADJI KUDRA MALIRO

“No es una enfermedad imaginaria”: el presidente de RDC pide colaboración a la población

Si contener y frenar el ébola es una tarea complicada en sí misma, como bien se comprobó en el brote de Suráfrica de 2013-14; el contexto en RDC lo está dificultando aun más. Por el momento, según señalan desde la OMS y las diversas ONG que actúan sobre el terreno, no se ha extendido el virus a los países vecinos, pero “existe la posibilidad”, ha señalado la responsable de MSF, Gwenola Seroux.

Las reticencias y desconfianza de una gran parte de la población a la respuesta sanitaria hace complejo frenar la enfermedad, motivo por el que el presidente del país, Félix Tshisekedi, ha pedido a la población que colabore con los profesionales sanitarios y sigan sus instrucciones de higiene para así “erradicar el ébola en un periodo de tres meses”. Ha enfatizado que el virus “no es una enfermedad imaginaria” para así obtener una mayor colaboración.

Pie de foto: Victorine Siherya, una superviviente del ébola que trabaja como cuidadora de bebés con casos confirmados de ébola, sostiene a un bebé fuera de la zona roja en el centro de tratamiento de Butembo. Foto tomada el 25 de marzo de 2019. REUTERS/BAZ RATNER

Las poblaciones más remotas del país son las más reacias a acudir a los hospitales o centros de atención sanitaria, pero en los últimos días se está consiguiendo un mejor acceso a las comunidades afectadas que más rechazo a la asistencia mostraban, algo que sin duda ha supuesto un gran avance en la lucha contra el ébola. El Congo es una zona en la que existen conflictos desde hace décadas, y los recursos empleados exclusivamente para combatir este brote no gustan a muchos ya que piden más inversiones para solventar otros problemas. De hecho, como ya se mencionó en un artículo anterior, el aplazamiento de las elecciones a consecuencia del brote, ha generado entre un gran segmento de la población la sospecha de que el ébola se está utilizando como táctica política. Esto hace aumentar más la desconfianza y que parte de la población no se tome en serio, o no crea, la importancia y extensión de la enfermedad. Además, como también se señalaba en el artículo anterior, las tácticas de las autoridades gubernamentales de “obligar por la fuerza” a seguir la respuesta y protocolos sanitarios contra el ébola generaba más rechazo que aceptación.

Por el momento, 855 personas han fallecido en el país debido al actual brote de ébola en el Congo, la segunda peor crisis de esta patología después de la ocurrida en África Occidental en 2013, que se llevó la vida de más de 11.000 personas y se contagiaron más de 28.000.