Aumenta la presencia rusa en África

El continente africano podría ser el nuevo escenario de disputas entre Moscú y la OTAN
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Después de las tensiones militares entre Rusia y Occidente en el mar Negro, África se convierte en el foco donde podrían chocar de nuevo las potencias militares. Varios países africanos están experimentando un incremento de presencia militar rusa. Tras las ambiciones de Moscú por establecer bases militares en Sudán, el interés de Rusia se ha trasladado a otras naciones del continente. El pasado 23 de junio, firmó un acuerdo de cooperación militar con Mauritania durante la IX Conferencia de Moscú sobre Seguridad Internacional. Durante la cumbre Rusia reafirmó también su apoyo a Nicaragua, Cuba y Venezuela y estrechó sus lazos con países como Myanmar y China.

Este pacto con Mauritania permitirá a Rusia ganar peso en el Sahel, una región azotada por el terrorismo yihadista y la inseguridad. El acuerdo coincide también con la retirada oficial de Francia en la zona, poniendo fin a la Operación Barkhane. Esta misión, que ha causado controversia tanto en África por la herencia colonial como en Francia por el número de bajas, será sustituida por una operación conjunta europea. Sin embargo, muchas de las tropas no tienen tantos vínculos con el Sahel como Francia, por lo que se espera que la nueva misión sea más débil. Por ejemplo, el Parlamento sueco, que participa en la operación, ha aprobado el despliegue solo hasta final de año.

Por este motivo, Rusia podría convertirse en un actor clave dentro del Sahel y de la lucha terrorista en detrimento de las potencias europeas. Sin embargo, algunos medios de comunicación europeos han señalado algunas supuestas acciones llevadas a cabo por Moscú con el fin de causar inestabilidad para lograr influencia.

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El periódico británico The Times informó que los rebeldes que mataron al presidente de Chad, Idriss Déby, fueron entrenados en Libia por mercenarios rusos del Grupo Wagner. El medio alemán DW sugirió que dos de los cabecillas del golpe de Estado en Mali, liderado por el coronel Assimi Goïta, pasaron un año en una universidad militar en Rusia. Cabe destacar que, tanto Idriss Déby como Ibrahim Boubacar Keita, expresidente de Mali, eran grandes aliados de Emmanuel Macron en el Sahel.

Además del reciente acuerdo firmado con Mauritania, Rusia mantiene más de 20 pactos de cooperación militar con otros países del continente desde 2015. En el caso del Sahel, algunos de los acuerdos también son de seguridad, como con Burkina Faso, Mali o Níger. Con este último, por ejemplo, coopera en la lucha contra el terrorismo, facilita el intercambio de información militar, política y relacionada con cuestiones de seguridad internacional.

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Otro país que cuenta con una importante presencia rusa es la República Centroafricana. Paramilitares del grupo ruso Wagner se han encargado de defender los intereses y la estabilidad del Gobierno de Faustin-Archange Touadéra, aliado de Moscú. Lo mismo ocurre en Libia, donde el mariscal Jalifa Haftar cuenta con el apoyo de Rusia a través de los mercenarios de Wagner. Ante la disminución de presencia occidental y la expansión del yihadismo, es cuestión de tiempo que los Gobiernos de la región intenten buscar ayuda en Rusia para contener a los terroristas.

La Cumbre Rusia-África de 2019 fue uno de los puntos clave dentro de las relaciones entre los países africanos y Moscú. “No vamos a participar en un nuevo reparto de la riqueza del continente, más bien estamos dispuestos a competir por la cooperación en África. Tenemos mucho que ofrecer a nuestros amigos africanos”, declaró el presidente Vladimir Putin en la cumbre celebrada en Sochi. Rusia, al contrario que otros países europeos, no cuenta con la mala imagen colonialista en África. La Unión Soviética ayudó a algunos países africanos durante el proceso de descolonización, por lo que su presencia en el continente no causa tanto rechazo entre la opinión pública africana como sí lo hacen otros países como Francia.

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La reciente retirada francesa, unido a la falta de presencia militar estadounidense en el Sahel, facilitan los planes rusos para lograr un mayor control en la región. Estos proyectos pueden crear un nuevo centro de tensiones entre Moscú y la OTAN, como ya ocurre en otros lugares. Rusia, además, podría hacer frente al terrorismo yihadista, el mayor problema relacionado con la seguridad de la zona. Moscú cuenta con experiencia en este campo en otras zonas como Siria, donde se ha enfrentado al Daesh en varias ocasiones.

Entre los intereses de Moscú también se encuentran los recursos naturales que abundan en la región, aunque en este aspecto podría chocar con China. El gigante asiático ha impulsado grandes proyectos comerciales en África para explotar recursos naturales dentro de lo que muchos analistas ya consideran un proceso de “neocolonización”