Aziz Akhannouch, la principal alternativa de Gobierno a los islamistas del PJD

El magnate marroquí y líder del RNI se postula como posible sucesor de Saaeddine Othmani al frente del Ejecutivo tras las elecciones
Aziz Akhannouch

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A menos de 24 horas para la triple celebración electoral en Marruecos, nadie se atreve a hacer pronósticos sobre el resultado que arrojarán las urnas. El foco estará puesto en las elecciones parlamentarias, un terreno plagado de incógnitas ante la falta de encuestas o sondeos capaces de predecir el escenario postelectoral. A priori, el país norteafricano contará de nuevo con un Gobierno de coalición similar al actual, con los islamistas en cabeza, aunque pueden variar las cuotas de poder en el seno del Ejecutivo

El titular de la cartera de Agricultura, Aziz Akhannouch, tratará de pescar un buen resultado en aguas revueltas después de 14 años al frente del Ministerio y ante el desgaste del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), cuyo candidato, Saaeddine Othmani, ocupa el cargo de primer ministro desde 2017. Akhannouch (Tafraout, 1961) competirá con su actual socio de Gobierno como secretario general de la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), una fuerza que, tras quedar en cuarta posición en 2016, ahora se erige como principal alternativa.

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Tras la reforma constitucional de 2011, la formación islamista ha ocupado el poder de forma ininterrumpida avalada por dos procesos electorales, dejando atrás a la formación de Akhannouch. En los comicios de 2011, el RNI fue la tercera fuerza más votada del país con un total de 52 escaños, aunque cayó a la cuarta posición después de las últimas parlamentarias, donde tan solo consiguió 37 de las 395 plazas en la Cámara de Representantes, lejos del PJD, que obtuvo 125.

El carismático líder de los islamistas, Abdelilah Benkirán, salió reforzado de las urnas en aquellos comicios, sin embargo, necesitaba tejer alianzas con otras fuerzas políticas para alcanzar la mayoría parlamentaria y formar Gobierno. Akhannouch sacó petróleo de la situación y, tras un pulso político que se prolongó cinco meses, revalidó su cargo en el Ejecutivo y asumió las competencias adicionales de Desarrollo Rural, Aguas y Bosques, un abanico de poder que le permitiría ser decisivo en los grandes proyectos de infraestructuras previstos.

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Akhannouch recibiría entonces el respaldo del monarca, Mohamed VI. El rey de Marruecos utilizó sus poderes constitucionales para destituir a Benkirán durante la negociación, alegando un bloqueo institucional causado por el islamista, quien no estaba de acuerdo en incorporar a dos partidos en su Gobierno a propuesta de Akhannouch. Al mismo tiempo, Mohamed VI nombró a su segundo de abordo, Saaeddine Othmani, como sucesor en el cargo. Un sucesor que aceptó las premisas del monarca y diluyó el poder del PJD, que pasó a ocupar tan solo 11 de las 37 carteras ministeriales.

Akhannouch ha enfocado la campaña con un objetivo principal: erigirse como la única alternativa sólida al PJD. La formación islamista afronta un serio desgaste a nivel interno y externo a raíz de algunas decisiones tomadas durante la última legislatura, un desgaste que el RNI ha tratado de explotar a toda costa: “De ninguna manera estoy diciendo que yo o el partido estemos seguros del éxito. Pero aspiramos a la victoria y ponemos toda nuestra energía en ello”, aseguró Akhannouch a Jeune Afrique.

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Benkirán, activo en redes sociales, cargó el domingo contra el líder del RNI: “La presidencia del Gobierno necesita una personalidad política íntegra en torno de la cual no haya sospechas”. Las acusaciones del islamista abonan la percepción de una parte del electorado que duda de la condición de Akhannouch. El empresario bereber es el segundo hombre más acaudalado Marruecos con una fortuna próxima a los 2.000 millones de dólares, según Forbes, y es una figura cercana a la Casa Real.

El magnate de 60 años, residente en la ciudad de Casablanca, es CEO del conglomerado Akwa Group, empresa heredada de su padre, quien mantenía contactos en las altas esferas del poder en Marruecos. La compañía se dedica a la industria del petróleo y el gas, y opera en los sectores de telecomunicaciones, turismo, hoteles y bienes raíces. Akhannouch es, además, dueño de más de 500 estaciones de servicios a lo largo del país bajo la marca Afriquia. Un currículum que ha combinado con sus cargos públicos por los cuales no ha recibido remuneración ‘motu proprio’.

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Graduado en Administración y Finanzas por la Universidad canadiense de Sherbrook, Akhannouch sería nombrado ministro de Economía en 2013 a petición de Mohamed VI, justo tres años antes de volver a la política de partido al frente del RNI. El empresario está casado con una mujer de negocios, Salwa Idrissi, poseedora a su vez de diversas franquicias de las marcas Gap, Gucci y Ralph Lauren en Marruecos. Hoy, su aspiración es ganar las elecciones.

A la tercera podría ir la vencida. La campaña del RNI, aunque mitigada por la situación epidemiológica y trasladada al escenario virtual, ha intentado dejar atrás sus vínculos con el ‘establishment’ y seducir al electorado descontento. Para ello, la formación ha decidido abandonar la etiqueta de centroderecha y tender hacia posiciones socialdemócratas. Entre sus propuestas electorales se incluye un robustecimiento de las políticas sociales, como la creación de un salario digno para los jubilados o una cobertura sanitaria universal para todos los marroquíes, así como una serie de políticas destinadas a fomentar la natalidad.

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Pese al reciente encontronazo diplomático con España, la relación del magnate con Madrid ha sido positiva. De hecho, el Gobierno del Partido Popular condecoró a Akhannouch con la Gran Cruz de la Orden Civil del Mérito Agrario y Pesquero, el galardón más destacado dentro del sector agroalimentario. El motivo radicó en su “decisiva contribución” para la firma del Acuerdo de Pesca entre la UE y Marruecos. Una hoja de servicios que avalan su candidatura.