Brasil: el gigante sudamericano se colapsa 

El país sudamericano está sufriendo mucho por la pandemia del coronavirus ante las dudas sobre la gestión del Gobierno
REUTERS/UESLEI MARCELINO - Un miembro de la etnia indígena Hupda, recibe una inyección de la vacuna contra la enfermedad del coronavirus de Sinovac (COVID-19), en la aldea indígena de Santo Atanasio

REUTERS/UESLEI MARCELINO  -   Un miembro de la etnia indígena Hupda, recibe una inyección de la vacuna contra la enfermedad del coronavirus de Sinovac (COVID-19), en la aldea indígena de Santo Atanasio

La gestión de Jair Bolsonaro, ha provocado una de las mayores crisis institucionales en los últimos tiempos. Una de las grandes falacias del 2020, “¿que debe ser prioritario la vida o la economía? “, ha sido experimentada con la población brasileña, dando un resultado catastrófico, y aunque la interrogante se presenta fácil de responder, ya que sin vida no hay económica, parece que para algunos de los funcionarios públicos dentro de la administración Bolsonaro, no ha quedado muy claro.  La gestión de la pandemia ha estimulado el descontento dentro de las instituciones públicas del país, ocasionando varios enfrentamientos dentro de su Ejecutivo, el nombramiento de cuatros ministros de Salud, la renuncia y despedidos de miembros de su gabinete, y la dimisión del alto mando militar. Con la llegada de la nueva cepa incubada en Manaos, y casi todos los Estados del país sin espacio dentro de las camas de unidades intensivos, sitúa a Brasil en la crítica de la opinión pública internacional.  

En abril, Brasil superó los 13 millones de contagiados y se convierte en el epicentro de la pandemia global, entrando en su peor etapa desde que empezó la pandemia. Las autoridades han reportado a 332.000 fallecidos, un número que sigue en ascenso y se ubica como el segundo país detrás de los Estados Unidos con el mayor número de infectados, recordemos que Brasil tiene una población de 210 millones de habitantes. Cada día se reportan por lo menos 60.000 nuevos casos, se espera que la tendencia en cualquier momento comience a descender. Cuando los contagios se empezaron a reportar en todo el mundo, las respuestas de los gobiernos fueron muy distintas, desde el cierro de los colegios, la regulación de la movilidad, el cierre de fronteras y la aplicación de un confinamiento, produjeron resultados distintos en todo el planeta, pero si observamos la situación actual de Brasil, no es solo que las decisiones llegaron tarde, sino que, no se mantuvieron. En junio del 2020, Brasil empezó a registrar una media de casi 1.000 muertes diarias, se unían a los Estados Unidos y a la India con países con mayor número de muertes. En agosto la situación empezó a cambiar, los contagios y el número de fallecidos comenzó a disminuir hasta finales de agosto, y esto provocó una “relajación“ dentro de las administraciones públicas, durante plena época de verano. El sector de la hostelería empezó a reabrir poco a poco, los centros comerciales, las playas, los restaurantes, atracciones turísticas, empezaron a ser frecuentados por la ciudadanía brasileña, y tarde o temprano esa flexibilización de medidas comenzaría a pasar factura. 

Los casos se volvieron a disparar en principios de diciembre, el número de fallecidos rondaba entre los 700 muertos diarios, llegando casi a las mil muertes. Cinco de las regiones más importantes del país, Río de Janeiro, Sao Paulo, Belo Horizonte y Manaos se encontraban con alarmas prendidas, ya que tenían al límite las unidades de cuidados intensivos (UCIs), varias de las muertes originadas en esos días eran por la falta de asistencia sanitaria, ya que no contaban con el equipo y las instalaciones de hospitalización.  

"Todos nosotros vamos a morir un día", dijo a los periodistas en Brasilia. "No tiene sentido huir de ello, de la realidad. Tenemos que dejar de ser un país de mariquitas". Estas fueron las palabras de Jair Bolsonaro, cuando la segunda ola se encontraba en su pleno desarrollo, sin ninguna duda, el presidente en aquel entonces desestimo lo que ocurriría meses después. Justo antes de empezar el 2020, en la ciudad de Manaos, el gobierno regional decidió volver ha aplicar medidas de control, como el cierre de comercios y la reducción de hostelería por la grave situación sanitaria, esto provocó una manifestación por dichas medidas. 

AP/ANDRE PENNER -  -   Trabajadores sanitarios de Médicos Sin Fronteras visitan un campamento para realizar exámenes médicos y evitar la propagación de la COVID-19 en São Bernardo do Campo, en el área metropolitana de São Paulo, Brasil
AP/ANDRE PENNER -  Trabajadores sanitarios de Médicos Sin Fronteras visitan un campamento para realizar exámenes médicos y evitar la propagación de la COVID-19 en São Bernardo do Campo, en el área metropolitana de São Paulo, Brasil

Manaos se convirtió en el peor lugar de la pandemia en Brasil, al inicio del 2021. Esta ciudad se convirtió en una gran oposición a las políticas de Bolsonaro. El 15 de enero, el mandatario anunciaba otro retraso en la jornada de vacunación, había prometido 2 millones de vacunas del laboratorio AstraZeneca, sin embargo, el gobierno anunciaría el retraso del avión que cargaba las dosis, unas 24 horas después. Los ciudadanos de esta ciudad decidieron iniciar un movimiento de cacerolazo, que luego se fue replicando por todo el país. En respuesta a la grave situación sanitaria el gobierno central, mando una misión para trasladar a través de aviones, al menos a 235 enfermos, originarios de Manaos.   

La actitud de los jefes de Estados siempre debe ser responsable y sensata para el desafío histórico que significa dirigir un país. El presidente Bolsonaro en el mes de julio reveló que había dado positivo, durante esos días fue visto públicamente sin máscara y hablando con personas al mismo tiempo. Luego de pasar la enfermedad, público una fotografía donde aparecía con una caja de hidroxicloroquina, un medicamento que no ha sido aprobado por ninguna agencia internacional. Responsable no ha sido, llamando una vez más a la desinformación.  El presidente continuaba instando a los brasileños para que siguieran trabajando y que no dejarán que el país entrara en una supuesta crisis económica.

Brasil tiene un sistema salud pública, que cuesta financiar pero que tiene una capacidad de llegar casi a todos los ciudadanos. ¿Cómo llego Brasil a esta situación?, el país sudamericano tenía una ventaja sobre los demás, podía observar la evolución de la pandemia en Asia y Europa, y empezar a tomar decisiones. En los primeros días de marzo, el gobierno brasileño declaró una emergencia sanitaria y el ministerio de Salud mando a cancelar todos los eventos públicos, pero días después empezaron las contradicciones y la lucha entre los gobiernos regionales y el gobierno nacional, ya que la administración de Bolsonaro se contraponía a las recomendaciones que hacían los líderes regionales para luchar contra el virus, tanto así que presiono a ciertos funcionarios de salud pública para que fueran dejando aun lado las recomendaciones de distanciamiento social, "El desempleo, el hambre y la miseria será el futuro de aquellos que apoyen la tiranía del aislamiento social" dijo el presidente en su cuenta de twitter, en el mes de mayo del 2020. 

Esta lucha entre gobernadores y Bolsonaro provoco enfrentamientos dentro del mismo Ejecutivo, especialmente en el ministerio de Salud. A principios de la pandemia le pidió la dimisión a Henrique Mandetta de la cartera de Salud, ortopedista y diputado, fue sacado del ministerio ya que solicitaba al gobierno aplicar más medidas y restricciones para evitar los contagios, “Acabo de escuchar del presidente Jair Bolsonaro el aviso de mi despido del Ministerio de Salud. Quiero agradecer la oportunidad que me dieron, de ser gerente del SUS“,  (Sistema Único de Salud, sistema público de la salud) publicó en su red social twitter. 

En cuestión de horas, Bolsonaro anunciaba su remplazo, el oncólogo Nelson Teich, que estuvo a cargo del Ministerio de Salud, solo durante un mes ya que renuncio al cargo. Teich tenía muchas diferencias con Bolsonaro incluyendo la utilización del fármaco cloroquina como un tratamiento contra la COVID-19, “permitir el uso a discreción del médico no significa recomendación por parte del Ministerio, la cual solo tendrá lugar cuando tengamos evidencias científicas claras de cómo funciona". El exministro, también dejo claro sus diferencias con el mandatario, cuando dijo que no se le había consultado antes de dar la orden de la reapertura de gimnasios, salones de belleza y barberías. Durante el poco tiempo que estuvo en el gabinete, era muy evidente la distancia que había con Bolsonaro “Este tipo de problema es desastroso porque trata estrategias complementarias y sinérgicas como si fueran antagónicas. La situación se ha manejado de manera inadecuada, como si tuviéramos que elegir entre personas y dinero, entre pacientes y empresas, entre el bien y el mal“,  dijo Teich ante de renunciar. 

El general Eduardo Pazuello sería el nuevo ministro de Salud, el tercero en menos de 3 meses de pandemia ha sido el que más ha durado en el cargo durante la pandemia, tuvo una gestión poco eficiente ya que, al empezar su mandato, Brasil registraba 14.000 fallecidos y 200.000 contagiados, cuando finalizo en marzo del 2021, los números se habían disparados por los cielos, con casi 300.000 fallecidos y 11 millones de personas contagiadas.  Dicen que nunca le llevo la contraria al presidente, y cuando fue reclutado por él, para servir como ministro, pensó que sería una tarea corta y que regresaría a la Amazonia con su tropa, como explicó en sus primeras entrevistas. “El presidente está pensando en un reemplazo; yo no renunciaré, tengo mucho orgullo de estar aquí, estoy cumpliendo una misión; el cargo pertenece al presidente y él tiene esta decisión”, estas fueron sus últimas declaraciones antes de ser sustituido por Marcelo Queiroga, actual ministro de Salud. REUTERS/AMANDA PEROBELLI  -   Un sanitario atiende a un paciente positivo a la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Sao Paulo en Sao Paulo, Brasil

Queiroga, anteriormente presidia la Asociación Brasileña de Cardiología, y actualmente se enfrenta a la mayor crisis sanitaria de la historia de Brasil, de los 27 Estados que componen el territorio brasileño, 25 de ellos se encuentran con más del 80% de las unidades de cuidados intensivos, ocupadas. En marzo de este año se registraron los peores días de la pandemia, 2.800 personas murieron en tan solo 24 horas. En las primeras declaraciones de Queiroga como ministro, dio a conocer que se mantendría en la misma línea y recomendaciones que su predecesor, y todavía no he dejado claro si volvieran a meter a Brasil en una cuarentena nacional. Una de las grandes preocupaciones no solo ha sido el mal manejo de la pandemia, sino la mala distribución de la campaña de vacunación, ya que el gobierno de Bolsonaro no ha sido capaz de distribuir las vacunas, en los tiempos prometidos. Brasil ha comprado dosis de AstraZeneca y la vacuna china Coronavac, solo ha inmunizado al 9% de su población, el objetivo a corto plazo es las vacunaciones de 70 millones de personas que representan un número grande para ser solo población de alto riesgo.  

Pero la crisis política no terminaba con los ministros de Salud, a finales de marzo Jair Bolsonaro decidió cambiar parte de su Ejecutivo, decidió remover a 6 de ellos, los más relevantes fueron el ministro de la Defensa, el ministro de Relaciones Exteriores y el ministro de Justicia. 

Como consecuencia de la destitución del ministro de la Defensa, Fernando Azevedo, provocó que el jefe de la Armada, Aviación y Ejercito renunciaron de manera colectiva. El alto mando militar, no solo hacia un gesto de solidaridad con Azevedo, sino se ponía en contra de la decisión tomada por Bolsonaro. El ministerio de Defensa, en un comunicado oficial, decía que la renuncia de Edson Pujol jefe del Ejército, Ilques Barbosa Junior, de la Marina y Antonio Carlos Morett, de la Aviación, serían sustituidos en las próximas horas, y que supuestamente fue una decisión comunicada en una reunión con el nuevo ministro de la Defensa Walter Souza Braga Netto. 

La despedida del ministro Azevedo, marca un antecedente peligroso en las instituciones, ya que el gobierno nacional, tendrá que medir si cada vez que toma una decisión de esa naturaleza, el resultado serán más renuncias colectivas ante la administración Bolsonaro. Azevedo hizo pública su carta de despedida “Agradezco al presidente de la República, a quien durante un año después de más de dos dediqué mi total lealtad a la oportunidad de servir al país, como Ministro de Estado de Defensa. Durante este período, preservaremos a las Fuerzas Armadas como instituciones estatales. Agradezco y agradezco a los comandantes de la Armada, Ejército y Fuerza Aérea, y sus respectivas Fuerzas, que nunca harán ningún esfuerzo para atender las necesidades y emergencias de la población brasileña. Dejo con la certeza de la misión cumplida“. 

Michael Ryan, director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró en su última aparición que “la situación en Brasil ha empeorado, con una incidencia muy alta de casos y un aumento de los incidentes de muerte en todo el país “. La OMS reconoce que la nueva cepa brasileña a través de los estudios realizados por Naciones Unidos y otros organismos, es una variante más contagiosa y que las autoridades deben estar al tanto de la situación. La nueva cepa brasileña, o mejor conocida como P.1, es una nueva variante que es el doble de contagiosa, esta variante nace en las ciudades de Manaos, y ahora se encuentra en el Reino Unidos y otros países europeos, es más contagiosa y según los científicos puede evadir la inmunidad proporcionada por una infección del pasado. Por la experiencia de esta cepa en Manaos, se puede concluir a primera vista, que la transmisibilidad podrías ser el doble, esto quiere decir, que la probabilidad de reinfección con la nueva variante es de un 25% a un 60% según su informe preliminar. Este estudio también pudo determinar, que esta nueva variante surgió a principios del mes de noviembre en el 2020. 

REUTERS/AMANDA PEROBELLI  -   Un sanitario atiende a un paciente positivo a la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Sao Paulo en Sao Paulo, Brasil
REUTERS/AMANDA PEROBELLI  -   Un sanitario atiende a un paciente positivo a la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Sao Paulo en Sao Paulo, Brasil

Este 26 de marzo Brasil, anunciaba la creación de su propia vacuna, el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, quien podría ser un futuro candidato para las elecciones presidenciales 2022, anunciaba la nueva vacuna brasileña por los laboratorios Butatán, una institución pública que decidió llamar a la vacuna Butanvac. “Día histórico para la ciencia brasileña. Con la aprobación de Anvisa, podremos suministrar a Brasil, en julio de este año, ButanVac, la vacuna brasileña contra el Covid-19. Producción 100% nacional, sin depender de ningún país para el suministro de insumos", dijo Doria en twitter. El objetivo de Butatán es producir 40 millones de dosis, este año y así poder ayudar a la campaña de vacunación que ha tenido pocos resultados. El presidente de Butantán Dimas Covas, hacía referencia a la producción de la vacuna “desde entonces, fue una lucha intensa, un esfuerzo enérgico de todo el equipo, tanto desde el punto de vista de la producción como de las negociaciones internacionales“, dijo Covas. Butatán utilizará una proteína S para combatir la variante brasileña P.1 que es más transmisible “esta es la generación 2.0 de la vacuna. Hemos aprendido de las vacunas anteriores y ahora sabemos cuál es una buena vacuna para la COVID-19, y está ya incorpora algunas de esas modificaciones”, dijo su presidente. 

Durante la gestión, Bolsonaro ha tenido a dos grandes críticos de sus políticas, uno es el actual gobernador de Sao Pablo Joao Doria y el presentador de televisión Luciano Huck, ambos son proyectados como futuros aspirantes de la presidencia, en las elecciones del 2022. El gobernador ha hecho públicas sus diferencias con el mandatario, "leí una manifestación en la que el presidente Bolsonaro dijo que había hecho todo a su alcance y que el problema ahora era del estado de Amazonas y de la alcaldía de Manaos. Eso es increíble. En otro país a eso ya lo hubieran calificado como genocidio. El mandatario abandonó a los brasileños", dijo Doria. Él dentro del arco ideológico representa una fuerza de centro de derecha, tendría que luchar cara a cara con Bolsonaro por el espacio conservador en el país, "el negacionismo está gobernando el país, pero es la hora de que reaccionemos, de que la sociedad civil reaccione, así como la población, la prensa, el Congreso y quien pueda ayudar. ¿O es que vamos a admitir eso por meses y a creer que es normal y que la ideología del negacionismo es aceptable?", declaraba el gobernador.

El presentador de televisión parece que según lo sondeos tendría una gran oportunidad contra Bolsonaro, Huck es un hombre más moderado, de centro, quién durante la campaña presidencial de Bolsonaro en el 2018, daba su apoyo. Actualmente es una de la voz más critica del presidente Bolsonaro, "estamos en una situación catastrófica: más de 270.000 brasileños han muerto a causa del covid-1s, la media de muertes bate récords cada semana y el sistema sanitario de más de la mitad de los estados está a punto de colapsar". Su programa “Caldeirao do Huck“ es uno de los más vistos a nivel nacional, se emite los sábados por cuatro horas continuas y lleva más de 20 años en la programación. Durante los cacerolazos fue una de las personas que asumió el liderazgo y se unió a las convocatorias "Voy a volver a dejarlo claro. Esto es consecuencia, sí, de la irresponsabilidad, de la falta de coordinación, de la falta de respeto, de la negación a la ciencia, y de todos los absurdos y locuras que estamos viendo, oyendo y leyendo de las autoridades brasileñas", dijo el presentador. Luego de que los tribunales habilitaran políticamente a Lula Da Silva, el escenario para las elecciones presidenciales 2022 se pone más interesante, el expresidente todavía no descarta su participación en dichos comicios, “si estuviera sano y si es necesario… estaré ahí para dar lucha. Pero no es mi prioridad”, dijo Lula al medio portugués RTP.


Coordinador América Latina: José Antonio Sierra