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Burkina Faso amenaza con seguir los pasos de Mali y expulsar a las tropas francesas

La junta militar de Traoré habría dado un plazo de 30 días a París para organizar la salida definitiva de sus más de 400 efectivos
Burkina Faso

AFP/ISSOUF SANOGO  -   Moscú aprovecha el sentimiento anti-francés en la región para ganar influencia, aprovechándose también de la situación de inseguridad e inestabilidad

Burkina Faso seguirá los pasos del vecino Mali si nada cambia en las próximas semanas. La junta militar de Ibrahim Traoré ha solicitado formalmente la retirada de las tropas francesas del país en una misiva remitida al Ministerio de Asuntos Exteriores galo. Así, el Gobierno de transición burkinabé habría concedido un plazo de 30 días para organizar la salida definitiva de los más de 400 soldados franceses desplegados en la base militar de Kamboisin, situada a las afueras de Uagadugú. El movimiento asestaría un golpe de efecto a la geopolítica del Sahel en un contexto marcado por el avance incontrolado de los grupos yihadistas y la presencia de mercenarios rusos del Grupo Wagner. 

Los uniformados habían anunciado horas antes la retirada del Ejército francés a través de un escueto comunicado publicado por la agencia de noticias estatal AIB. La cúpula militar burkinesa habría tomado la decisión de anular el acuerdo que regula la presencia de tropas francesas en su territorio desde 2018. Su desactivación pone en marcha una cuenta atrás para efectuar la salida de las tropas galas. El Elíseo, que ya había previsto la situación, tiene un mes para llevar a cabo los trámites logísticos, pero aseguró no haber recibido una confirmación a través de los canales oficiales. Los mensajes, según explicó Macron, son confusos. 

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PHOTO/AFP  -   El capitán Ibrahim Traoré fue nombrado presidente tras el segundo golpe de Estado en menos de nueve meses

El presidente francés exigió una aclaración inmediata a las autoridades burkinesas y advirtió de la necesidad de “ser cuidadosos”. Macron hizo alusión a una posible interferencia de Rusia, interesada en desplegar en la región a mercenarios del brazo paramilitar Wagner, por lo que necesitaba cerciorarse de que la información no había sido manipulada por la facción militar burkinesa más próxima al Kremlin. El Elíseo sospecha que la cúpula del Ejército está dividida sobre la presencia militar de Francia en su territorio y no hay una postura unánime al respecto, informa Le Figaro. Cualquier apoyo desnivelaría la balanza en favor de uno u otro, y las próximas horas podrían ser determinantes para despejar las dudas.

La secretaria de Estado del Ministerio de Exteriores francés, Chrysoula Zacharopoulou, dijo a principios de enero durante una visita oficial a Uagadugú que las tropas galas seguirían desplegadas en Burkina Faso “mientras se requiera nuestra presencia”. “Los soldados de la Operación Sabre están presentes con el acuerdo de las autoridades burkinesas. Estamos en un país soberano, corresponde al país determinar la elección de sus socios”, añadió. Francia acataría, por lo tanto, la decisión definitiva de la junta militar burkinesa, tal y como hizo con el mandato de la junta militar de Bamako en agosto de 2022. 

“Puede que se trate de activistas de la junta que intentan forzar a Traoré a solicitar formalmente la retirada o podría ser una decisión real de la junta que se ha expresado de una manera relativamente poco convencional, pero el silencio de Traoré por el momento es interesante”, señala el analista Nathaniel Powell en conversación con Atalayar. “Existe presión política significativa tanto dentro de la junta como entre los elementos políticamente influyentes de la sociedad civil para que se haga. Lo que no me queda claro es cuál es la posición de Traoré, porque también hay, aparentemente, elementos significativos dentro del Ejército que están muy en contra de una opción rusa, incluso aunque no sean particularmente «pro-franceses»”.

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REUTERS/FRANCOIS MORI  -   El presidente francés Emmanuel Macron en una reunión por videoconferencia con los líderes de las naciones del G5 del Sahel de África Occidental, en París, Francia

El analista maliense Oumalha Haïdara no cree que el líder de la junta militar, que llegó al poder el pasado 30 de septiembre tras un golpe de Estado contra su compañero de armas, el teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba, quiera seguir el camino de Malí. “Aunque tienen ciertas realidades en común, los dos países siguen siendo diferentes en varios aspectos. En Burkina Faso no existe esta multiplicidad de actores armados como en Mali. No hay movimientos político-militares independentistas, el conflicto intercomunitario tampoco está suficientemente desarrollado, lo poco que existe allí es una extensión natural de la de Mali”, traslada a Atalayar desde Bamako. 

El capitán de 34 años, con experiencia de combate contra los grupos yihadistas, había amagado en ocasiones anteriores con cambiar de alianzas y abrir la puerta a los mercenarios de Wagner ante la incapacidad de Francia de contener el avance de los insurgentes, que ya controlan la mitad del país. Desde la asonada contra Damiba, que también había accedido al poder por la vía golpista, las relaciones con Francia se han deteriorado a marchas forzadas. La nueva autoridad denuncia la injerencia de París en los asuntos internos y desconfía de las intenciones de sus tropas. 

Las calles de la capital burkinabé parecen respaldar a los uniformados. Centenares de manifestantes ocuparon el viernes las calles de Uagadugú para pedir la expulsión los soldados de la Operación Sable —subsidiaria de Barkhane— y de su embajador, Luc Hallade. Acuden a las concentraciones con banderas rusas, malienses y burkinesas, y portan carteles con los retratos del capitán Traoré y el presidente de Mali, el coronel Assimi Goïta. La cara que más se repite, sin embargo, es la de Vladímir Putin. El presidente ruso es el líder político más estimado por unos manifestantes que acusan a París de apoyar en secreto a los yihadistas. 

En la actualidad están desplegados en Kamboisin entre 400 y 500 soldados franceses. Podrían hacer las maletas en las próximas semanas y abandonar el país, como hicieron hace apenas unos meses sus compañeros destinados en Mali. La mayoría partiría rumbo al vecino Níger, un país que, junto con Chad, se ha convertido en el centro de las operaciones antiterroristas francesas en el Sahel y al mismo tiempo en su socio más fiable. Una parte del contingente, sin embargo, podría reorganizarse en las bases militares de Senegal, Costa de Marfil y Gabón que operan las Fuerzas Armadas galas, aunque el Elíseo baraja clausurarlas para disipar las recriminaciones contra su influencia regional. 

Las sombras de Wagner 

El primer ministro de Burkina Faso, Apollinaire Kyélem de Tambèla, viajó a Moscú en diciembre para mantener un discreto encuentro con el número dos del jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov. El reconocido abogado y polemista burkinés, designado jefe de Gobierno en funciones por Traoré, diría después que “Rusia es una opción y nuestra relación debe fortalecerse”. Pero Tambèla, educado en París y seguidor de Thomas Sankara, recela abiertamente de los postulados del Kremlin. Por este motivo, cuando el presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, acusó a la junta militar burkinesa de haber desplegado a mercenarios de Wagner a cambio de la explotación de una mina de oro en el sur del país, el Gobierno interino convocó al embajador ghanés y amenazó con romper relaciones por unas declaraciones que tachó de “graves”.