Cavani y los 10 negritos

La FA ha matado al último negrito de la novela de Agatha Christie y ha señalado al culpable del crimen: nosotros
Edinson Cavani, jugador del Manchester United

AP/CLIVE BRUNSSKILL  -   Edinson Cavani, jugador del Manchester United

La novela de Agatha Christie titulada ‘Ten Little niggers’ se publicó en noviembre de 1939. A España y a Grecia llegó en 1940 conservando el título exacto traducido, es decir, Diez negritos. En otros países como Estados Unidos se publicó como And ‘then there were none’, traducido al español como ‘Y no quedó ninguno’. Esas connotaciones racistas desaparecieron en 1980 en Reino Unido que se sumó a ese titular para sus nuevas ediciones. Francia ha dado el último giro de tuerca a la obra de la autora británica. La corrección política gala consiguió en agosto de 2020 que los ‘Diez negritos’ se conviertan en ‘Eran 10’ para terminar de confundir a los jóvenes que quieran descubrir a la mejor autora, sí autora, de novela de intriga de todos los tiempos. James Prichard, el bisnieto de Christie ha avivado la batalla cultura diciendo que “ya no debemos usar términos que corran el riesgo de hacer daño” y ha asumido que su antepasado no querría ofender con su novela en pleno siglo XXI. Ya sabemos quién se llevó todo el sentido común de esa familia.

Hablando de negritos. Un fan de Edison Cavani, el delantero uruguayo del Manchester United, se alegró por los dos goles que le marcó al Southampton en la remontada 2-3 del conjunto red devil. Cavani le contestó en Instagram con un #GraciasNegrito que hizo saltar las alarmas de la FA (The Football Asociation), la máxima autoridad del centenario fútbol inglés. Cavani y su negrito se reventaron las normas de corrección que rigen el mundo desde hace unos años. Un respeto que desborda con creces la corrección social, la censura y, por inercia, hasta la autocensura. No decimos lo que pensamos por miedo a qué pensarán de nosotros. 

La isla del Negro es el lugar donde transcurre la novela de Agatha Christie. Otro enclave que la poscultura ha liquidado de las nuevas versiones. Pero la sanción a Cavani también tiene 10 negritos que caen, uno tras otro, hasta dejar la pista definitiva que conduce al asesino. 

Edinson Cavani, del Manchester United, intenta marcar de cabeza durante el partido de fútbol de la Premier League inglesa entre el Manchester Utd y el Wolverhampton Wanderers en el estadio Old Trafford de Manchester, el 29 de diciembre de 2020
AP/LAURENCE GRIFFITHS - Edinson Cavani, del Manchester United, intenta marcar de cabeza durante el partido de fútbol de la Premier League inglesa entre el Manchester Utd y el Wolverhampton Wanderers en el estadio Old Trafford de Manchester, el 29 de diciembre de 2020
Diez negritos se fueron a cenar; uno se asfixió y quedaron nueve 

El gran error de Cavani es aceptar la sanción públicamente, aunque aclara que no la comparte. Otra batalla cultura perdida. Otra vez el sinsentido gana la partida con una sanción de tres partidos y 110.000 euros por ser agradecido con un seguidor. 

Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; uno se quedó dormido y entonces quedaron ocho

#ElNegrito es cualquier amante del fútbol. Un niño más que idolatra a un futbolista. Un seguidor del United que ve en Cavani al goleador que les saque de esa travesía en el desierto de no ganar nada. El fan latino es @pablofer2222 y ahora su cuenta es privada. 

Ocho negritos viajaron por Devon; uno dijo que se quedaría allí y quedaron siete

La sanción de la Federación inglesa es injusta, desproporcionada y, lo peor, ellos saben que es así porque han obedecido sus propias normas incoherentes. Su liga es la más potente del mundo y sus plantillas son multiculturales. Igual que los jugadores se adaptan y son obligados a portar el apellido en su camiseta en lugar del nombre o del apodo, la FA debería conocer mejor cómo se expresan sus trabajadores. 

Siete negritos cortaron leña; uno se cortó en dos y quedaron seis

La corrección política que nos envuelve lo transforma todo y nos transforma a todos. Preferimos callar antes que ofender con un comentario que hace unos años serviría para aportar puntos de vista. Los políticos son los culpables de verter sobre la sociedad un discurso plano que no moleste mientras que en la tribuna del Congreso se transforman en unos gamberros de la dialéctica. 

Seis negritos jugaron con una colmena; una abeja picó a uno de ellos y quedaron cinco

La batalla cultural es violencia disfrazada de cultura. Cambiar términos, alterar discursos, modificar el pasado, tirar estatuas, señalar al diferente… El fútbol inglés ha sabido luchar contra la violencia de sus hooligans hasta que nos hemos olvidado de ellos en los estadios. Ahora se han arrastrado a otra lucha social a la que no deberían llevar al fútbol. No es lo mismo erradicar las batallas campales antes de los partidos que luchar contra el racismo sancionando a un jugador por un comentario cariñoso. 

Cinco negritos estudiaron Derecho; uno se hizo magistrado y quedaron cuatro

El Manchester United se ha puesto de perfil en esta polémica. No ha querido molestar. En su comunicado dice que “entiende que la Comisión Reguladora estaba obligada a imponer una suspensión mínima de tres partidos” y en el colmo de la paranoia pide a la FA que “deje en claro que Edinson Cavani no es racista”. Aceptan la sanción por un comentario “insultante, abusivo e inapropiado” y luego piden que no se haga publicidad. Un disparate más.

Jannik Vestergaard, del Southampton, en acción con Edinson Cavani, del Manchester United
REUTERS/MIKE HEWITT - Jannik Vestergaard, del Southampton, en acción con Edinson Cavani, del Manchester United
Cuatro negritos fueron al mar; un arenque rojo se tragó a uno y quedaron tres 

El racismo en el fútbol. Ese es el verdadero problema contra el que debemos luchar. No podemos permitir que el color de la piel se motivo de burla o desprecio. La ignorancia nos ha llevado a esta paranoia de ver insultos en cada esquina. Nadie sabe distinguir un (poco acertado) “ese, el negro” para señalar a un jugador en un partido de Champions que un (desgraciado) “mono” de hace años. 

Tres negritos pasearon por el zoo; un gran oso atacó a uno y quedaron dos 

El Brexit también tiene connotaciones racistas. Muy pocas. En Londres el remain alcanzó el 60% y la multiculturalidad de esa ciudad ha dejado atrás aquellos carteles de los años 60 con el texto “no perros, no negros y no irlandeses”. Hay xenofobia, mucha. Alentada por la ex primera ministra Theresa May cuando llamó a los nativos de otros países “ciudadanos de ninguna parte”. 

Dos negritos se sentaron al sol; uno de ellos se tostó y solo quedó uno

El Black Lives Matter, ese mainstream que impregna la sociedad de todo el mundo, también tiene hueco en la Premier League. Hincar la rodilla es obligatorio antes de cada partido. Los aficionados del Millwall, un club de segunda, abuchearon el acto de sus jugadores y la corrección política hizo el resto. Ataques furibundos a los dos mil hinchas que había en la grada. Rebuscando en un club aparentemente pacífico encontramos una posible explicación lógica. Los habitantes de uno de los barrios más pobres y abandonados de Londres no querían ser señalados como racistas encubiertos. Ellos no. El racismo no está en todas partes.

Un negrito quedó solo; se ahorcó y no quedó... ¡ninguno!

“Si te sancionan por eso el mundo se va a la mierda”. Ander Herrera. El jugador español del PSG, compañero de Cavani en el club francés, no se cortó a la hora de apoyar al uruguayo y, de paso, pronosticar un futuro muy aciago para la sociedad. La FA ha ahorcado al último negrito de la novela de Agatha Christie. Con la ayuda de un descendiente de la escritora, de la corrección política y de manosear el término “racismo” hasta conseguir culparnos a todos del crimen.