Cinco claves del segundo debate Trump-Biden

La noche en que Trump se disfrazó de presidente
Debate entre Trump y Biden, candidatos a la presidencia de los Estados Unidos

PHOTO/AFP  -   Debate entre Trump y Biden, candidatos a la presidencia de los Estados Unidos

El segundo debate electoral entre Donald Trump y Joe Biden, celebrado en la Universidad de Belmont en Nashville, Tennessee, devolvió la confrontación al terreno de la moderación. Esta vez Trump ha aparcado las estridencias... dentro de sus posibilidades relativas de bajar el tono, y ha evitado ser el impulsivo compulsivo que acostumbra siempre que tiene una cámara delante. Esta vez los dos contendientes debatieron y discutieron sobre ideas para su país, de forma que al demócrata el giro del aspirante a la reelección le descolocó y le incapacitó en alguna medida para retratar a su adversario como el bufón que realmente parece ser. Delante no tenía al Trump de los tuits envenenados y huérfanos de la diplomacia que exige su cargo, sino a un candidato que aprendió del horrible primer cara a cara de Cleveland, al que sus asesores hicieron dar un golpe de timón a su estrategia ante Biden, alguien a quien desprecia profundamente. Pero las encuestas no mejoraron tras aquél primer round, y el cambio ha sido a mejor.

Aprovechando la actualidad política en España, podríamos decir que Trump se hizo un Casado frente a Biden. Intentando conectar con el votante republicano de toda la vida que no comparte sus salidas de tono constantes y su visión unilateralista de la política. 

Donald Trump, candidato republicano para ser reelegido a la presidencia estadounidense
PHOTO-Donald Trump, candidato republicano para ser reelegido a la presidencia estadounidense 

La idea central del presidente en este debate ha sido cuestionar permanentemente por qué Biden no ha hecho todo lo que ahora dice en los años que ha estado en la Casa Blanca y en el Senado. Es lo que tiene presentarse a la presidencia del país siendo casi octogenario.

Coronavirus: “Aprendiendo a morir con ello”

Es el capítulo donde Trump ha resultado menos convincente por la evidencia de su mala gestión y los certeros ataques de Joe Biden, con esa frase del titular en respuesta a la afirmación del presidente de que los norteamericanos están “aprendiendo a vivir con el virus”. La estrategia de superman que ha logrado doblar el codo a la enfermedad le reactivó hace tres semanas, pero hay dudas de que en plena segunda oleada y con el país camino de los trescientos mil fallecidos ese mensaje sea efectivo. Trump ha moderado hoy sus opiniones sobre el doctor Fauci, con el que no ha hecho la sangre habitual que busca en sus críticas al principal asesor sanitario de su administración, al que ha hecho pasar durante semanas por el chivo expiatorio del fracaso. Esta noche, el candidato le ha perdonado la vida. 

Impuestos y establishment

El de los dineros de uno y otro candidato ha sido esta vez el capítulo más crispado. Con acusaciones de corrupción entre ambos, por los negocios de Trump en China y su cuenta bancaria recientemente descubierta, y por las actividades del hijo de Biden en Rusia y Ucrania. ¿Presentará el presidente ya sus declaraciones fiscales?. La pregunta ofende a Trump, pero nunca ha satisfecho la curiosidad de los americanos en este asunto. 

Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos
PHOTO-Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos
Injerencias en el proceso electoral

Rusia vuelve a sobrevolar los discursos de los candidatos por la posibilidad de que vuelva a intentar interferir en el voto libre de los ciudadanos el próximo tres de noviembre. A esa sospecha se suma ahora Irán tras las acusaciones del director de Seguridad John Ratcliffe hace escasos días. El régimen iraní estaría financiando ataques telemáticos a votantes difundiendo informaciones falsas en sus correos electrónicos, tras obtener datos confidenciales del registro de votantes, el mismo procedimiento que se atribuyó a Moscú en 2016. Ahora Trump se coloca como víctima de esta conspiración. El ex vicepresidente de Obama afirma rotundo en Nashville que si es cierto, Rusia e Irán pagarán por ello. 

El voto de las minorías

Trump se ha hecho pasar en el debate como el presidente que más ha hecho por los afroamericanos desde Abraham Lincoln. Y ha puesto en aprietos a Biden por apoyar la reforma legal que llevó a miles de latinos y negros a la cárcel, uno de los momentos más comprometidos para el demócrata que ta tenido que reconocer el error de aquella Administración (Clinton). Biden, que ya había dejado un anuncio de campanillas con un seguro sanitario público para quienes no puedan pagar el privado, anunció la regularización de inmigrantes ilegales más importante de los últimos años, en busca del voto de las minorías étnicas.

Brillante moderadora, reglas acertadas

Los aspectos formales del segundo debate no han pasado desapercibidos. Kristen Welker, la periodista que cubre la Casa Blanca para la cadena NBC, es clavada a la actriz Pam Grier, que interpretó Jackie Brown para Tarantino. Ha estado brillante en su administración de los tiempos, ayudada por la herramienta que le facilitó la Comisión de Debates: el botón nuclear para apagar el micrófono del candidato que no estuviera en el uso de la palabra evitando así las interrupciones que convirtieron el cara a cara de Cleveland en un gallinero entre tres. Creo que ha nacido una nueva forma de afrontar estos debates que permite evitar la ausencia de educación y respeto de algunos contendientes que creen imponerse por el hecho de que se les escuche más alto que a sus antagonistas. Albert Rivera, por ejemplo, sabe mucho de esto. A cambio, pueden gesticular y hacer aspavientos regalando contraplanos impagables a los realizadores televisivos. 

El único momento de imagen que pude costarle a Biden un disgusto es su mirada al reloj como si quisiera que el trámite pasara lo antes posible. No olvidemos que los americanos castigaron a un candidato por su cara pálida y sudorosa, pese a que en la radio su mensaje había sido más convincente que el de su rival.