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Marruecos

Comienza con frialdad la campaña electoral en Marruecos

Las formaciones políticas se preparan de cara a unas elecciones legislativas, regionales y locales marcadas por la pandemia
Fotografia de archivo, una mujer marroquí emite su voto en las elecciones locales

AFP/FADEL SENNA  -   Fotografia de archivo, una mujer marroquí emite su voto en las elecciones locales

A falta de 11 días para las elecciones legislativas en Marruecos, las campañas electorales de los 32 partidos que aspiran a ocupar las instituciones para los próximos cinco años echaron a rodar el jueves en un clima marcado aún por la pandemia. Por las calles del país no se atisban ni siquiera carteles o pancartas de los candidatos, tampoco mítines. No hay ningún signo que invite a pensar que el próximo 8 de septiembre el Reino alauí acogerá sus terceros comicios desde el viraje constitucional de 2011, sin embargo, y en contra de algunos rumores que apuntaban hacia un posible aplazamiento, así será salvo hecatombe.

La nota histórica de la jornada es que coincidirán, por primera vez, unas elecciones parlamentarias, regionales y locales. Todo el mismo día para congregar de una tacada a todos los votantes y reducir al mínimo la propagación del virus. En juego, 395 plazas para la Cámara baja y 31.000 cargos públicos diseminados por distritos y provincias. En esta ocasión, el combate dialéctico pasa íntegramente al escenario virtual. Las medidas sanitarias impiden las reuniones con una afluencia superior a 25 personas, por lo que los candidatos estrenaron y desarrollarán sus respectivas campañas mediante eventos online.

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AFP/FADEL SENNA  -  Fotografia de archivo, puestos casi cerrados en la plaza Jemaa el-Fna de la ciudad marroquí de Marrakech el 8 de septiembre de 2020, actualmente vacía de su habitual afluencia debido a la pandemia del COVID-19

Cerca de 16 millones de personas tendrán acceso al voto tras completar el proceso de inscripción de los 37 que componen el país, una población escasamente movilizada. Los más optimistas estiman una participación superior a la de los últimos comicios, celebrados en 2016, en los que participó el 46% del electorado marroquí. Otros, por el contrario, ponen de relieve la dificultad de distinguir programas electorales y señalan la ausencia de polarización, por lo que ponen en cuestión una gran afluencia a las urnas. Por su parte, el grueso del electorado (21%) se sitúa entre los 35 y 44 años, mientras que los marroquíes entre los 18 y 24 representan tan solo un 8% del total de votantes.

En la carrera por asaltar el Gobierno se encuentra una larga nómina de contendientes. El favorito, sin embargo, es el actual primer ministro, Saadeddine Othmani, quien lidera el Ejecutivo desde marzo de 2017 como militante del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD). De ideología islamista, la formación homónima de la dirigida por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ocupa el poder ininterrumpidamente desde hace una década. En la actualidad, el PJD controla al menos un centenar de municipios a lo largo del país y tiene 5.500 cargos electos en sus filas. La fuerza política ha contado con el inestimable respaldo de la clase media marroquí, y en los últimos comicios consiguió 125 escaños, lejos de la mayoría, lo que le obligó a formar un Gobierno de coalición con un socio junior como es el RNI (Agrupación Nacional de Independientes).

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AFP/FADEL SENNA  -  Saad Dine El Otmani, primer ministro de Marruecos y presidente del Partido Islamista Justicia y Desarrollo (PJD), pronuncia un discurso el primer día de la campaña electoral antes de las próximas elecciones, en la capital, Rabat, el 26 de agosto de 2021

Liderado por el magnate Aziz Akhannouch, que dirigió el Ministerio de Agricultura y amasa, según Forbes, una fortuna circundante a los 2.000 millones de dólares, el RNI aspira en esta ocasión a ser la fuerza predominante dentro del Ejecutivo tras ocupar la cuarta posición en las últimas elecciones parlamentarias. Su líder, sin embargo, no se presentará a las legislativas, sino que lo hará en las locales postulándose a la alcaldía de Agadir. La formación de centroderecha cuenta con la cercanía del empresariado y es próxima a la Casa Real. Entre sus promesas electorales destaca el robustecimiento de la sanidad y la creación de un millón de puestos de trabajo.

A la izquierda del PJD se ubica el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), conocido como el partido de los amigos del rey, ya que fue fundado por el exsecretario de Estado del Interior y asesor del monarca Fouad Ali El Himma tras la fusión de cinco formaciones políticas. Ocupó la segunda plaza en las legislativas de 2016 por detrás del PJD, con un total de 102 escaños. Al frente del partido repite Mohamed Cheij Biadillah, otrora presidente de la Cámara de Consejeros y ministro de Sanidad

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PHOTO/ARCHIVO  -  Aziz Akhannouch, líder del partido Agrupación Nacional de Independientes (RNI)

A la derecha del PJD se encuentra el Partido de la Independencia, conocido como Istiqlal. De marcada tendencia nacionalista, la formación quedó en 2016 como la tercera fuerza mayoritaria del Parlamento consiguiendo 46 escaños. Recientemente, el partido ha cambiado de secretario general tras la marcha de Hamid Chabat en mitad de una serie de disputas internas. Tanto es así que el nuevo líder, Nizar Baraka, ni siquiera recomendó su figura para las elecciones locales de Fez. Baraka, sin embargo, tomó el relevo y presentó una candidatura con la que se muestra optimista y aspira a mejorar el resultado de 2016. 

Polémica ley electoral

Esta misma semana se ha conocido, además, que más de 4.500 observadores acreditados procedentes de 70 organismos internacionales supervisarán el desarrollo de los comicios en las 12 regiones del país. De esta forma, el Reino alauí acogerá las terceras elecciones desde el nuevo escenario constitucional inaugurado en 2011. Año en que Marruecos adoptó una nueva Carta Magna que otorgaba amplias prerrogativas al Parlamento y al Ejecutivo, al tiempo que adelantó las elecciones previstas para 2012. Un tímido aperturismo con el objetivo de disuadir la ola de protestas en el país provocadas por el estallido revolucionario de la Primavera Árabe. Sin embargo, una década después, la toma de decisiones clave es una tarea que sigue correspondiendo al rey Mohamed VI. El triunfo de Marruecos emana de su férrea estabilidad, un statu quo insondable para sus vecinos.

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AFP/FADEL SENNA  -  Imagen del  parlamento marroqui durante una reunión pública conjunta dedicada a la presentación del programa de gobierno por el recién nombrado primer ministro de Marruecos, en Rabat, el 19 de abril de 2017

El pasado mes de marzo, el Parlamento marroquí aprobó una modificación del método de cálculo electoral que establecía un conteo en función de los votantes inscritos y no de los que finalmente ejercen su derecho a voto. Una medida que puede influir sobremanera en el resultado final si se tiene en cuenta que en 2016 hubo 5,8 millones de votos válidos de un censo total de 15,7 millones. La ley se traducirá presumiblemente en un reparto igualitario de escaños entre todas las formaciones, por lo que perjudicaría a los partidos mayoritarios, de ahí que las dos fuerzas políticas principales criticasen con dureza la decisión mayoritaria de la Cámara.