COVID-19 y la brecha digital: ¿cómo pueden las economías emergentes impulsar su infraestructura de TIC?

La transformación digital está limitada por una infraestructura TIC inadecuada
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Si bien la pandemia de coronavirus ha acelerado rápidamente la transformación digital en todo el mundo, muchas economías emergentes aún se ven afectadas por una infraestructura de TIC inadecuada, lo que limita su capacidad para capitalizar plenamente las oportunidades que surgen de la interrupción. Esto proporciona un margen para que los actores públicos y privados colaboren para cerrar la brecha de infraestructura. 

Durante varias décadas, la infraestructura TIC de alta calidad se ha considerado clave para mejorar el crecimiento económico.

En las economías emergentes, según el Foro Económico Mundial, cada 10% adicional de penetración de internet puede dar lugar a un aumento del 1,2% en el crecimiento del PIB per cápita.

La pandemia de coronavirus ha convertido el acceso a internet en una condición esencial para el crecimiento continuo. En todo el mundo, las soluciones digitales se han vuelto fundamentales para salvaguardar las cadenas de suministro, mantener los servicios públicos y garantizar la continuidad en los negocios y la educación. 

En resumen, la infraestructura de las TIC se ha vuelto fundamental para el funcionamiento de una economía, junto con las redes de suministro de agua, electricidad y alimentos. Además, junto con las vacunas, la conectividad confiable es un elemento esencial del proceso de recuperación de la COVID-19.

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Una brecha digital creciente

Si bien la conectividad universal es un elemento clave tanto de la recuperación ante la COVID-19 como de proyectos de desarrollo global más amplios, entre ellos los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, aún está lejos de ser realizado.

La penetración global de usuarios de internet es del 53,6%, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU. En el mundo desarrollado, esta cifra es del 87%, pero se reduce a solo el 47% en los países en desarrollo.

Mientras tanto, muchas comunidades de bajos ingresos, tanto en áreas rurales como urbanas, carecen de acceso a internet confiable y asequible.

Las importantes disparidades en términos de penetración de internet, tanto entre países más ricos como entre países más pobres y entre diferentes regiones dentro de un país determinado, constituyen una barrera fundamental para mitigar los desafíos de la COVID-19.

Además, a medida que la pandemia de coronavirus acelera la revolución digital, existe el temor de que se amplíe la brecha entre los que "tienen" y los que "no tienen" digitales.

Por ejemplo, a medida que más dispositivos y sistemas dependan de la conectividad, las comunidades sin acceso a internet quedarán aún más excluidas.

De manera similar, aquellos niños que pudieron estudiar o asistir a clases en línea durante los cierres cerrados estarán mejor ubicados cuando las escuelas vuelvan a abrir. De hecho, para abordar este problema, las autoridades de Kenia anunciaron que todos los estudiantes simplemente reiniciarán el año académico desde cero.

El comercio electrónico, un sector que ha experimentado un crecimiento astronómico en todo el mundo como resultado de la pandemia, también está fuera del alcance de quienes no tienen acceso a internet; estas personas deben realizar compras esenciales de manera tradicional, aumentando su riesgo de exposición al virus. Asimismo, no pueden acceder a los métodos de pago electrónico y deben utilizar efectivo, que es potencialmente un vector del virus.

Por último, si bien las grandes empresas tienen acceso a soluciones digitales bien establecidas que les han permitido mantener sus operaciones durante la pandemia, entre ellas las videoconferencias y el almacenamiento en la nube, algunas pequeñas y medianas empresas (pyme) de las economías en desarrollo carecen de acceso a dichas tecnologías, especialmente si no pueden contar con una cobertura de red adecuada.

Incluso donde hay cobertura, pueden existir otras barreras. Estos incluyen la asequibilidad (puede ser prohibitivamente caro acceder a internet) y el llamado analfabetismo digital, simplemente, la falta de familiaridad con los métodos digitales que pueden disuadir a las personas de usarlos.

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Cerrando la brecha

Como OBG ha documentado ampliamente, los gobiernos y las empresas privadas de las economías emergentes de todo el mundo han respondido a la pandemia mediante la implementación de soluciones digitales innovadoras y de amplia base.

Desde aumentar el ancho de banda hasta permitir que los estudiantes naveguen por sitios educativos de forma gratuita, estas soluciones contribuyeron en gran medida a mitigar los peores impactos de los bloqueos.

Mientras tanto, los gobiernos han empleado políticas para mejorar la resiliencia de la infraestructura digital, con la regulación de telecomunicaciones COVID-19 Tracker de la agencia de investigación Omdia identificando más de 250 respuestas regulatorias a la pandemia. Pero la pandemia ha puesto de relieve que queda mucho por hacer para garantizar que todos los ciudadanos puedan acceder a las soluciones digitales.

Un enfoque que ha dado sus frutos en varios sectores ha sido concentrarse en la liberalización del mercado para la construcción y operación de redes, y eliminar los monopolios o los cuellos de botella regulatorios que obstaculizan la expansión de la conectividad.

Los gobiernos también pueden exigir que otros tipos de proyectos de infraestructura (como carreteras o tuberías) incluyan enlaces de fibra óptica. Asimismo, se puede compartir el acceso a hardware esencial, como las antenas de radio, mientras que la competencia intermodal (entre empresas de cable e inalámbricas, por ejemplo) puede impulsar el crecimiento.

También es importante que se permita que las redes regionales crezcan más allá de las fronteras.

Estas medidas amplían la conectividad y generan oportunidades para que las empresas del sector privado colaboren, impulsando la innovación y reduciendo los costos para el usuario final: una industria de telecomunicaciones desregulada permite que prosperen los servicios digitales.

Paralelamente, se deben implementar políticas para adaptar el sistema educativo para fomentar la formación en habilidades digitales y, en general, para enseñar a las personas sobre los beneficios potenciales de los métodos digitales.

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Pioneros

Existen numerosos ejemplos de economías emergentes que han implementado con éxito programas para expandir el acceso a internet.

En Colombia, por ejemplo, el plan Vive Digital implicó la creación de 900 centros de internet de acceso público gratuito en aldeas rurales. De manera similar, en China, el programa Villages Connected ha llevado a la instalación de acceso a Internet de banda ancha, ya sea fijo, móvil o satelital, en casi 70.000 aldeas en todo el país.

Mientras tanto, como una indicación de lo que las organizaciones del sector privado pueden lograr a este respecto, desde 2018, la súper aplicación Grab del sudeste asiático ha estado trabajando con Samsung para llevar conectividad a regiones desatendidas, por ejemplo, ofreciendo microfinanciamiento para permitir que los conductores compren dispositivos móviles.

Grab también se ha asociado con Microsoft para ofrecer programas de capacitación en habilidades digitales accesibles.

Por otra parte, la Asociación de Inclusión Digital de Mujeres W-GDP de Microsoft de Microsoft, lanzada a fines del año pasado, tiene como objetivo aumentar significativamente el número de mujeres con acceso a internet en todo el mundo. El programa invertirá en infraestructura de TIC en áreas rurales de Colombia, Ghana, Guatemala, India y Kenia.

Según una declaración reciente de la Comisión de Banda Ancha de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, “el acceso universal a la banda ancha es el catalizador vital necesario para impulsar la recuperación económica mundial”. Iniciativas como estas contribuirán a cerrar la brecha de infraestructura digital y garantizar que los mercados emergentes puedan usar el acceso a internet tanto para impulsar su recuperación de la COVID-19 como para mejorar el crecimiento económico en el futuro.