Crisis humanitaria en un Sudán del Sur que espera con ansia la paz definitiva

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Eva Cifuentes

Pie de foto: Campamento de Protección de Civiles (dirigido por la Misión de la ONU en Sudán del Sur, cerca de la ciudad de Malakal, en el estado del Alto Nilo, Sudán del Sur. REUTERS/Baz Ratner

Sudán del Sur lleva envuelta en una guerra civil desde el año 2013 entre los leales al presidente Salva Kiir, los rebeldes liderados por el ex vicepresidente Riek Machar y otros grupos rebeldes pero que no responden ante Machar. En septiembre del pasado año se firmó un acuerdo de paz entre ambas partes, y aunque ya en 2016 hubo amagos que finalmente solo recrudecieron más la situación, este último tiene más opciones de lograr una paz estable y necesaria para la sociedad sursudanesa.

Debido al conflicto bélico, más de dos millones de personas de Sudán del Sur han abandonado el país en busca de un futuro en países cercanos como Uganda. Según los datos que maneja la ONU, hay unos 2,3 millones de refugiados sursudaneses y 1,9 millones de desplazados. Pero además de las salidas forzadas, la guerra civil ha dejado a la población de Sudán del Sur en una situación de extrema vulnerabilidad. Unos 7 millones de personas necesitan de la ayuda humanitaria para poder vivir, según ha declarado el director de Oxfam en la zona.

Carencia de alimentos y violencia sexual

La ONU ha calificado la falta de alimentos como uno de los problemas principales de la población más vulnerable del país africano. Siete millones de personas podrían tener carencias alimentarias severas, algo que pone en riesgo a los niños y la población más anciana.

Los miembros de las ONG que actúan sobre el terreno  destacan también otro problema, y es la peligrosidad del país en el plano de la ayuda humanitaria. Cabe recordar que en 2018 fueron asesinados 15 trabajadores, lo que complica aún más las labores de ayuda. Además, la escasez de fondos para este tipo de causas también pasa factura. Según las estimaciones de los expertos, durante 2019, alrededor del 30% de los niños de menos de cinco años sufrirán desnutrición aguda, lo que probablemente dé lugar a  más complicaciones.

Los informes de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en el país destacan también que la violencia sexual sigue todavía muy presente en Sudán del Sur junto con los abusos contra los derechos humanos y posibles crímenes contra la humanidad. Las mujeres y los niños son los grupos más vulnerables y los que más sufren este tipo de violencias. Violaciones grupales, secuestros de mujeres para posteriormente convertirlas en esclavas sexuales y los asesinatos se han sucedido en la región a lo largo del conflicto. Según los datos de UNICEF, el 25% de las víctimas de la violencia sexual son menores de edad.

Pero parece que la tensión se va rebajando y las hostilidades van disminuyendo, lo que da más esperanzas al cumplimiento íntegro del acuerdo de paz de septiembre. De hecho, el líder rebelde, Machar, ha dado el pasado domingo la orden de que sus grupos no cometan delitos de violencia sexual. Incluye las violaciones, la esclavitud, obligar a ejercer la prostitución, las esterilizaciones y los abortos forzosos, entre otros.

La próxima fecha clave en Sudán del Sur llega en mayo, cuando debe ponerse en marcha el Gobierno de transición y la aceptación de cargos de los distintos vicepresidentes, entre ellos Machar. El fracaso de esta etapa podría poner en peligro la paz y recrudecer el conflicto como ya ocurrió en el año 2016.  Las próximas semanas son decisivas.