De la guerra al coronavirus, la sanidad libia se desborda

Los profesionales sanitarios de Libia se ven sobrepasados por la falta de materiales, el aumento de casos de coronavirus y el conflicto que sigue vigente en el país
Una enfermera le suministra oxígeno a un paciente infectado de coronavirus en Misrata

PHOTO/AYMAN AL-SAHILI  -   Una enfermera le suministra oxígeno a un paciente infectado de coronavirus en Misrata (Libia)

Hace seis meses que la pandemia de la COVID-19 llegaba a Libia y los médicos que trabajan en los hospitales están viviendo una auténtica pesadilla. Las infraestructuras sanitarias no están al completo, no todas las clínicas están operativas debido a las secuelas de la guerra y los casos de coronavirus aumentan a diario. Hamza Abdulrahman Jelwal, de 35 años, enfermera supervisora ​​en un centro de cuarentena en la ciudad costera de Misrata, no ha visto a su familia desde que comenzó la cuarentena. Pero esta no es la peor de sus perspectivas laborales: además el Gobierno no está pagando su sueldo.  

Jelwan dio positivo en coronavirus en agosto y fue puesta en cuarentena en las mismas instalaciones donde trabajaba. Tan pronto como mejoró, se levantó y volvió a sus actividades. “Trabajamos doce horas al día. Es agotador para el personal médico porque no hay descansos”, explicó la enfermera a la agencia de noticias Reuters. La falta de medios para pagar los sueldos de los sanitarios ha tenido graves consecuencias. Muchos sanitarios han renunciado a su trabajo dejando sin cubrir los pocos puestos que ya había dentro del sistema de salud. Los sanitarios denuncian que “hay pocos ventiladores y poco equipo para hacer frente a una pandemia de estas características”.  

Las consecuencias de la guerra empeoran la crisis sanitaria 

La financiación estatal, regularmente afectada por déficits y retrasos, se ha visto interrumpida este año debido al bloqueo de las exportaciones de petróleo que sufre el país desde hace seis meses por parte del Ejército Nacional Libio (LNA) y sus aliados. Hace una semana, el ejecutivo de Haftar ya ha anunciado que retomarán las actividades de exportación para evitar seguir acrecentando la crisis económica y energética que sufre el país

El desafío que están sufriendo los médicos libios a medida que aumenta el número de casos confirmados está marcado por la falta de infraestructuras y el conflicto armado que sufre el país. Las cifras aumentan a diario dejando una estela de más de 20.000 casos confirmados. La enviada interina de las Naciones Unidas para Libia, Stephanie Williams, ha dicho al Consejo de Seguridad que el número real de casos en Libia es casi mucho mayor y que el sistema de salud "no tiene infraestructuras para responder con la seriedad que merece la pandemia". 

En las últimas semanas la población libia ha salido a las calles para protestar por la mala gestión de la pandemia, los cortes intermitentes de luz que sufren debido a la crisis energética y las pocas medidas sociales que se están tomando para paliar esta crisis. Debido a estas protestas, el ejecutivo del Parlamento de Tobruk, afín al mariscal Haftar, ha dimitido en plenas conversaciones de paz

Libia se encuentra en guerra civil desde 2014 y el país se encuentra dividido entre el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), reconocido internacionalmente en Trípoli y el oeste, y las áreas del este y sur controladas por el Ejército Nacional Libio. Actualmente las dos administraciones rivales se encuentran negociando un acuerdo de paz en Marruecos. Los diálogos pondrán encima de la mesa una serie de mecanismos para acabar con el conflicto y comenzar una transición democrática para Libia. Respecto a la crisis de la pandemia, ambos ejecutivos han emitido diferentes órdenes de salud pública destinadas a controlar la propagación del virus. Además, ambas cerraron sus fronteras extranjeras al comienzo de la crisis. 

La expansión paulatina del coronavirus en Libia “ahoga” los servicios públicos 

A pesar del cierre de fronteras y la cuarentena obligatoria decretada en ambos territorios enfrentados, en julio comenzaba un brote en la ciudad de Sebha, en el sur del país. Esta aparición, como muchas otras en ciudades aisladas, se produjo debido al regreso libios que volvieron a casa después de quedar varados en el extranjero. Después de este retorno masivo, el virus se ha propagado por los principales centros urbanos de las ciudades de Trípoli, Misrata y Bengasi. Ninguna parte del país ha quedado libre de la pandemia.  

El centro de cuarentena donde trabaja Jelwal, en el distrito de Gharara, era en principio una clínica privada. Pero debido al coronavirus se ha convertido en una clínica monitorizada por el Estado adjunta al centro médico de Misrata. Este no es el único escenario que ahoga el sistema sanitario. Médicos Sin Fronteras, que trabaja en Libia atendiendo los centros de detención de los migrantes que llegan al país para cruzar el Mediterráneo, ha visto restringidas sus actividades debido a la cuarentena.  

Médicos en Libia
PHOTO/REUTERS - Un equipo médico sujeta un tubo de ensayo después de tomar una muestra de un hombre para comprobar si padece la COVID-19

Los movimientos de personal humanitario se han visto afectados por las restricciones impuestas, aunque la ONG confirma a Atalayar que continúan trabajando en seis centros de detención distintos (en en Trípoli, Khoms, Zliten, Zintan, Zuwara y Zawiya) proporcionando primeros auxilios y atención primaria de salud a las personas que llegan al país. 

Debido a la pandemia, Médicos Sin Fronteras ha empezado a dar capacitaciones relacionadas con el coronavirus al personal médico libio, reforzando las actividades de prevención y control de infecciones, sobre todo en los centros de detención, donde se viven “unas condiciones inhumanas”, denuncia la organización. 

El país mediterráneo tiene varios desafíos que sacar adelante. La crisis sanitaria se suma a la crisis energética-económica y, si no se acuerda pronto una solución política para el país, la amenaza del terrorismo islámico puede saltar desde un segundo plano para convertirse en noticia sin precedentes.