Directora de la oficina del Parlamento Europeo en España: "Turquía es el vecino que tiene un avispero en la mano y no queremos que lo agite"

María Andrés Marín repasó en el programa Atalayar de Capital Radio los temas más importantes para la Unión Europea en este 2020
La directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín

 -   La directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín

En el programa de Atalayar del pasado lunes 21 en Capital Radio, presentado por Víctor Arribas junto al director de la revista Javier Fernández, se habló del proyecto europeo y de la cumbre que están celebrando ahora mismo en Bruselas para tratar la emergencia del coronavirus y los focos más tensos de la política exterior de la Unión. 

Atalayar entrevistó a la directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín, que trata temas con una perspectiva muy interesante sobre el Parlamento, las relaciones con Turquía y Bielorrusia, las migraciones y las grandes preguntas del fondo de recuperación económica y resiliencia europea. 

En primer lugar, gracias por atender la invitación de Atalayar, ¿cuál de todos los asuntos mencionados anteriormente es el más urgente?

No sé si sabría clasificarlos por orden de urgencia porque son muchas cosas, y todas ellas, muy urgentes en su ámbito de aplicación. ¡Menudo día para celebrar el Día Internacional de la Paz que hemos tenido! Por ejemplo, con esa reunión de los ministros de Exteriores intentando encontrar alguna solución, o al menos una sola voz en el tema con Turquía o Bielorrusia. Parece que el debate no acaba de cuajar.

El Parlamento Europeo se reunió la semana pasada en un pleno y, con respecto a estos dos países, se establecieron las prioridades que deberían llevarse a cabo. Primero exigir unas sanciones clarísimas a Bielorrusia, incluyendo a Aleksandr Lukashenko (presidente de Bielorrusia). Esta sanción a su persona no estaba clara todavía hoy en la reunión de los ministros de Exteriores. 

Aunque finalmente han anunciado que dejaran de reconocer a Lukashenko cuando expire su mandato el 5 de noviembre de este mismo año. Esto es un intento de utilizar la diplomacia parlamentaria para apoyar este papel tan importante que están teniendo varias mujeres opositoras y la ciudadanía de Bielorrusia. 

Quién le iba a decir a los ciudadanos de Bielorrusia que al final la aprobación de este tipo de sanciones podría depender de algo tan peregrino como una situación en otra punta del mapa que no tiene nada que ver con ellos. Por ejemplo, las tensiones con Turquía; esta ha sido la otra resolución que se aprobó la semana pasada en el Parlamento Europeo, Los eurodiputados condenaban también las acciones de prospección de gas en el espacio o en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Chipre o de Grecia y lo declaraban una intromisión claramente ilegal.

¿Qué ha pasado esta tarde? Por lo que estamos siguiendo en los medios de comunicación: Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha tenido que admitir que, en el caso de Bielorrusia, no ha habido la unanimidad necesaria para imponer sanciones tal y como exigían los eurodiputados. 

¿Por qué? Porque Chipre se ha desmarcaba diciendo que solo lo aceptaría si se imponían también sanciones a Turquía. Y así están las cosas.

Estas dos resoluciones del Parlamento nos sirven para intentar conformar una mayoría política, pero está claro que todavía queda mucho por hacer. A ver si conseguimos deshacer esto y que se llegue a un acuerdo para las sanciones, al menos de Bielorrusia, el jueves y el viernes en el Consejo Europeo.

Bueno, qué complicado juego de equilibrio tenemos en el Parlamento Europeo. Sin mencionar esos dos grandes asuntos de preocupación internacional como son Bielorrusia y Turquía. Además de esto, hemos asistido en el Parlamento Europeo esta semana, María, al discurso del Estado de la Unión de Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. 
Tal vez lo más destacable, a pesar de la insistencia en el gran Acuerdo Verde para el futuro del continente y de la Unión, sea el del ataque a la pandemia del coronavirus. La manera de "reconstruir la confianza de los diferentes países para afrontar la emergencia sanitaria y migratoria", como dijo Von der Leyen.

Si, la verdad es que ha sido un discurso que, a mí, particularmente me gustó muchísimo. Von der Leyen intentó evitar grandes frases para meterse de verdad en harina y desgranar cuáles deben ser las posibilidades para salir de este lio enorme que es la pandemia del coronavirus y los efectos que está teniendo en la economía. 

Tenemos esta facilidad de resiliencia, ese paquete de resiliencia donde las prioridades están muy claras. Ella insistió mucho en que no es un cheque en blanco, ahora mismo estamos en una fase en la que tras el Consejo se consiguió, después de tres días interminables de cumbre, adoptar un acuerdo político para ese paquete de recuperación.

Este paquete incluía 750.000 millones de euros con muchísimas novedades. Una de ellas es que “habría subvenciones, no sólo préstamos”. La manera en la que se va a ejecutar también será novedosa. Von der Leyen dejó muy claro que no se va a pasar por alto las tres grandes prioridades. Ese dinero servirá para inyectar liquidez a los Estados siempre que sepamos gastarlo en proyectos verdes, de transformación digital y en cohesión social. Y en eso estamos. Ahora está en el tejado de los Gobiernos nacionales elaborar los proyectos.

El Gobierno español, por ejemplo, tiene hasta el 15 de octubre para presentar un primer borrador de ese "Plan Nacional de Recuperación" que consiste en explicar cuáles son esos proyectos o prioridades que queremos financiar con ese dinero. 

Luego, además, hay que articularlo a través de las Comunidades Autónomas junto al Gobierno central. Va a ser una tarea complicada, ahora estamos recogiendo las propuestas y será el 30 de abril cuando el consejo tenga que aprobarnos ese Plan Nacional de recuperación. Es decir, incluso los países frugales, van a tener que examinar ese plan que presente Pedro Sánchez y decir si están de acuerdo o no.

La directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín
La directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín

Quisiera trasladarle a María la preocupación de los ciudadanos españoles en relación con la tardanza que siempre tienen los asuntos en Europa. Estamos hablando de que las primeras ayudas con motivo del daño económico que ha causado las medidas contra la COVID-19 van a llegar mediado el año 2021. Para entonces muchas empresas no existirán, será difícil ayudarlas o apoyarlas.

Bueno, eso no es del todo cierto. Es verdad que hay una sensación de que Europa tarda mucho en ponerse de acuerdo. Yo misma acabo de explicar el lío político monumental que hay en relaciones exteriores o en este tema de economía. 

Pero como muy bien dijo Ursula von der Leyen en su discurso sobre el estado de la Unión la semana pasada, "aquellos que critican a Europa por no ser lo suficientemente rápida o eficaz, que tengan las agallas de pasar a una toma de decisiones por mayoría".

El Parlamento Europeo consigue ponerse siempre de acuerdo y pasar resoluciones o actos legislativos, más ambiciosos o menos, depende de la dificultad que haya, pero siempre consigue ponerse de acuerdo. Donde acaban por bloquearse las cosas siempre es en el Consejo por esa exigencia muchas veces de unanimidad y de oposición entre los gobiernos nacionales.

Pero se reformaron muchas leyes, directivas, reglamentos… En un primer momento, ya desde el mes de marzo, apenas pasadas tres semanas de inicio de la pandemia, se reformaron leyes para conseguir desbloquear todos los fondos de la Unión Europea que no se habían gastado en fondos de cohesión o fondos regionales. 

Recordemos que España a veces se queja de que le gustaría recibir más fondos, pero luego tiene que ser capaz de absorberlos y ejecutarlos. En los fondos regionales de la pasada legislatura, se adoptaron menos del 30% de los fondos porque no se habían asignado. Así que ahí está la dificultad, no en la lentitud de la Unión Europea.

Creo que sí que se está haciendo un esfuerzo enorme de liquidez, creo que ese no va a ser el problema. Pero luego la dificultad está en que el Gobierno Español, las Comunidades Autónomas y las empresas también consigan ponerse de acuerdo en qué tipo de proyectos quieren priorizar y hacerlo de manera coherente sin malgastar los fondos. Hay que utilizarlos en algo que sirvan para una recuperación real de la sociedad.

Sin duda, tienes razón. Hay gestores más próximos que deberían realizar una mejor labor y no echar siempre la culpa a Bruselas, que eso es algo bastante manido. También destacaría el papel de Banco Central Europeo (BCE). Un dato: ha comprado 46.000 millones de deuda española desde que estalló la pandemia. La inversión del BCE y la acción que está teniendo, sobre todo en cuando a la deuda y con los bancos, es muy significativa. 

Respecto a la tensión en el Mediterráneo oriental. Estamos preocupados, Atalayar siempre mira al mediterráneo desde Europa y España. ¿Hasta qué punto las tensiones que está liderando Francia para defender a Grecia frente a Turquía puede causar una cierta inestabilidad en la Unión Europea?

El problema que tenemos siempre con Turquía es que es un vecino muy complicado. Tiene la llave de muchas cosas con las que necesitamos cooperar. Esta semana misma, la Comisión Europea va a hacer una nueva propuesta sobre cómo reformar el tema de la inmigración y el asilo. Vamos a reenfocar el reglamento de Dublín, ese paquete que dice como vamos a repartirnos a las personas que llegan a Europa poniendo sus vidas en peligro.

En esto Turquía tiene algo que decir siempre y ha ejercido su presión de manera muy inteligente. Digamos que es como el vecino que tiene el avispero en la mano y no queremos que lo agite del todo. Si os habéis fijado, esta tarde los ministros de Exteriores sí que hablaban muy claramente de las sanciones a Bielorrusia. Pero en cuanto a Turquía, se ha llevado el tema a debate, pero no se ha mencionado el tema de las sanciones. 

De ahí, el cabreo monumental que tenía Chipre, porque ellos están empeñados en imponer más sanciones a Turquía por lo que está ocurriendo. Es muy complejo porque ellos (Turquía) están tirando de la cuerda con esas prospecciones de gas, con esas incursiones que están haciendo en la ZEE sabiendo que, por otro lado, tienen en la mano el tema de la inmigración (con el que nosotros necesitamos llevarnos bien con Turquía).

No veo una solución a corto plazo, lo que sí que veo es que hay poco apetito por parte de Turquía de calmar las cosas. Los eurodiputados han sido bastante claros en su resolución: ellos sí que quieren imponer más sanciones a Turquía, sí que han considerado esto como una intromisión ilegal y dan un apoyo total a Grecia y a Chipre. 

Ahora nos encontramos mejor que hacer tres o cuatro semanas, cuando aquel barco (Oruç Reis) entró en aguas griegas y chipriotas. Parece que lo que quieren es calmar las aguas. Es muy complicado poner a 27 Estados miembros con sus prioridades en materia de política exterior de acuerdo con una sola voz. La unanimidad es más complicada.

También está el tema del asilo y de los refugiados, hemos asistido aterrorizados a ese incendio en Moria hace dos emanas y la dificultad que hay para la integración de estos refugiados. Muchos de ellos huyen de zonas de conflicto bélico. ¿Hacia dónde va la política de asilo y refugio de la Unión Europea?  ¿Hay algún adelanto sobre si habrá algún acuerdo, sobre si el Tratado de Dublín van a pasar a la historia?

Llevamos diez años debatiendo lo mismo, esta semana se va a presentar una nueva propuesta (frente al Tratado de Dublín) y espero que lleguemos a buen puerto. Lo que no hemos conseguido es que el Parlamento se ponga de acuerdo en un sistema de cuotas, en un sistema de reubicación y en intentar un equilibrio.

Y es que es muy difícil tener una mano dura con devolver al país de origen a aquellos que no consiguen tener aprobado su estatuto como refugiado. Esto es, tener mano dura con la inmigración ilegal. Pero a la vez debemos tener solidaridad con todos aquellos que merezcan esta protección y, para ello, es necesario un sistema de cuotas para conseguir una solidaridad entre los Estados miembros también. 

No tiene sentido que sean siempre los mismos países (que tienen una frontera con unos países del sur o incluso del este en determinados momentos) los que tengan que cargar con ese peso excesivo de integrar a todas las personas que llegan de manera muy repentina a una frontera debido a un conflicto bélico, como por ejemplo Siria. 

Veo que vamos avanzando en esa idea de que tenemos que saber jugar con ambas sensibilidades: la seguridad en fronteras exteriores y la solidaridad con ellos. Se está perfilando lo que Ursula Von der Leyen llamó el "fin del sistema de Dublín" para intentar conseguir otro sistema más solidario con cuotas que incluso puedan sancionarse a los países que no estén cumpliendo con esa capacidad de acogida.

La directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín
La directora de la oficina del Parlamento Europeo en España, María Andrés Marín

Este es un mensaje claro a todos los países insolidarios y con una política interna bastante cuestionable como son Polonia o Hungría. Esto abre una brecha en el seno de la Unión Europea, sobre todo cuando en el tema de la inmigración hay quien diferencia entre refugiados e inmigración por cuestiones socioeconómicas y no por guerras y conflictos. Ahí la solución sería invertir en los países de origen como África subsahariana y evitar que miles de personas tengan la necesidad de emigrar hacia Europa.

Puede ser una de las soluciones, una apuesta que el PE ha hecho siempre. Antonio Tajani, que era el anterior presidente del Parlamento, siempre lo llamó ese “Plan Marshall para África” que necesitamos para invertir en esos países de origen y conseguir que ellos tengan una oportunidad y una vida digna allí. Y así no tengan que arriesgar su vida constantemente. Estas personas tienen todo el derecho a buscar una vida mejor. Pero cuando llegan a nuestras fronteras tenemos un conflicto que no se está sabiendo solucionar como se debiera.

Efectivamente esta es una de las palancas que tenemos que utilizar: mayores inversiones en África. Todo esto en un momento en el que el continente africano tiene una explosión demográfica interesantísima, donde hay oportunidades de inversión muy claras y mientras Europa está teniendo problemas demográficos clarísimos de envejecimiento de la población. 
Tenemos problemas para llegar a pagar todas las pensiones que vamos a tener que pagar dentro de unos años. Cuando uno lo mira fríamente, objetivamente e, incluso, de manera egoísta: está clarísimo que necesitamos a gente que venga a trabajar al continente europeo. Somos un continente envejecido y necesitamos mano de obra en muchos tipos de servicios y en cualquier otra empresa, también mano obra cualificada.

Por eso es importantísimo regular un sistema migratorio, que nos sirva para resolver este problema y que no sea el gallo de pelea que utilizan siempre los partidos más eurófobos o populistas para agitar en el Parlamento, los Gobiernos Nacionales o el proyecto europeo. 

Ahora vamos a mirar al Sahel, donde grupos terroristas cada día están ganando fuerzas, sobre todo los terroristas de Daesh que han conseguido huir de Irak y de Siria que se están reorganizando. También los grupos locales de Al-Qaeda… Ahí Europa, no solo España, (Francia y España son los más concienciados con tropas formando al ejército de Mali), debería tener más atención esta zona. Estos grupos terroristas también utilizan Libia con las mafias de tráfico de personas constituyendo una verdadera desestabilización en Europa.

Tienes razón, hay que poner más atención a esa zona del mundo. Y creo que, lamentablemente, en Europa nos acordamos de esos territorios cuando nos ponen una bomba en la puerta de una mezquita en Francia, o cuando nos enfrentamos en un nuevo ataque violento por parte del terrorismo internacional. 

En España tenemos mucha experiencia con esto es verdad. Además, muchas de las directivas de cooperación judicial están inspiradas en el modelo español, en la lucha con el terrorismo sobre todo el internacional.

Ahí hemos avanzado mucho, yo diría que, en la pasada legislatura, si algo supimos hacer bien, aunque en el tema de la inmigración no conseguimos resolverlo, fue el tema de la lucha contra el terrorismo internacional. 

Avanzamos en poder penalizar a la gente que estaba financiando a las personas que se van allí para formarse como terroristas y volver. En la incautación de bienes, capitales, en muchísimas áreas hemos conseguido tener un sistema jurídico y una cooperación policial y judicial que funciona. 

Ahora, hay que poner más atención en el Sahel y también invertir en esa zona dinero. Al final los terroristas suelen ser gente desesperada, que no ven otro futuro y que acaban siendo absorbidas por algún movimiento radical. Si quizás hubieran tenido una oportunidad unos años antes, nunca hubieran acabado ahí. Hay que verlo desde ese punto de vista.