Dormir bajo la lluvia: pocos se fían de la aparente tregua dada por Boko Haram

Nadie está tranquilo a pesar del cambio de escenario en el territorio fronterizo entre Nigeria y Camerún
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Se viven semanas de tranquilidad en la frontera entre Nigeria y Camerún, allá donde se extienden los montes Mandara, en la región camerunesa del Extremo Norte. Es difícil creer que los terroristas de Boko Haram hayan cesado en sus ataques y saqueo de pueblos. Que ya no secuestren a los jóvenes o maten a cualquier ciudadano que se cruce en su camino. Una constante que ha acompañado a los habitantes de esta región desde 2014. Todo parece aliarse para celebrar este momento de paz porque las lluvias han llegado a tiempo, lo que hace que los animales tengan pasto y los campos están cuajados de maíz, judías, cacahuetes. Sí, este podría, por fin, ser un buen año.

Y, sin embargo, nadie se fía de ese cambio de escenario. Durante el día la gente baja a los pueblos, trabaja los campos, lleva el ganado a pastar, acude a vender y comprar en los mercados; en definitiva, hace vida normal. Pero al anochecer, la gran mayoría de los habitantes de la zona busca refugio en las montañas. Los ataques del grupo armado suelen ser de noche y, por eso, en caso de que la tregua se rompa, prefieren esconderse. Y ello a pesar de que las lluvias pueden hacer de las noches una pesadilla. Sin embargo, cualquier cosa es mejor que tener que enfrentarse a los terroristas.

Este alto en las actividades de los terroristas coincide con la rendición de miles de sus miembros, y sus familias, a las autoridades nigerianas y camerunesas. El Ejército nigeriano afirma que este movimiento se debe a la presión que ha ejercido sobre el grupo armado, pero esa puede que no sea toda la verdad. En el último año se han producido fuertes enfrentamientos entre las dos facciones en las que Boko Haram se había dividido, que han culminado con la muerte de Abubakar Shekau, líder histórico del movimiento enfrentado a la Provincia de África Occidental del Estado Islámico (ISWAP, en sus siglas en inglés), la rama que se separó en 2016 debido a diferencias estratégicas y a cuya cabeza se encuentra Abu Masab al-Barnawi.

Shekau murió tras un ataque de ISWAP a su base en el bosque de Sambisa, en el sur del estado nigeriano de Borno. Todo apunta a que el líder histórico que convirtió a Boko Haram en el grupo yihadista que juró fidelidad al Estado Islámico se inmoló al ser hecho prisionero por sus rivales. Tras su fallecimiento, la mayor parte de los altos mandos de su grupo, tanto en Nigeria como en Camerún, prometieron lealtad a Al-Barnawi. Aquellos que no lo hicieron recibieron un ultimátum con la advertencia de que si no revertían su primera opción serían perseguidos y eliminados. Esto es lo que, según algunos analistas, habría llevado a miles de miembros de Boko Haram a rendirse a las autoridades de los dos países en un intento de salvar sus vidas y las de sus familias.

Quizás la prohibición de los saqueos impuesta por Al-Barnawi a sus seguidores esté también detrás de la decisión de los que han decidido rendirse. El líder del ISWAP provocó la ruptura con Shekau al oponerse a la violencia indiscriminada y a la naturaleza depredadora de sus seguidores. Él tiene una visión más militar y disciplinada que le ha dado muy buenos resultados en las zonas que controla.

Los ataques acontecidos hasta ahora en la zona fronteriza de Camerún eran perpetrados por seguidores de Shekau y daba la impresión de que su único objetivo era el saqueo. En sus incursiones robaban comida y ganado principalmente y prendían fuego a todo aquello que no podían llevarse, incluidas las casas.

Este periodo de aparente calma puede ser muy beneficioso para ISWAP ya que le permite reagruparse y reformar su estructura ahora que queda como único grupo armado en la zona y ya no tiene que gastar fuerzas en combatir a sus rivales. Esto puede suponer que tras la estación de las lluvias (que termina a finales de septiembre) el grupo terrorista regrese con más fuerza y redoble sus ataques sobre el Ejército nigeriano y quizás también sobre el camerunés.

Los habitantes de la zona fronteriza entre Nigeria y Camerún parecen estar seguros de que será así y que en cualquier momento esta aparente paz terminará. Por eso siguen pasando sus noches al aire libre en las montañas. No se fían de los militares desplegados en la zona para luchar contra Boko Haram, hasta ahora nunca se han enfrentado a los terroristas. Prefieren prevenir, aunque eso implique dormir bajo la lluvia.