El ébola sigue muy presente en la República Democrática del Congo

El último informe de la OMS certifica más de 2.300 muertes y más de 3.000 contagios; la tasa de mortalidad de este brote es del 66%
Una víctima del ébola es enterrada

AP/JEROME DELAY  -   Una víctima del ébola es enterrada en el cementerio de Beni, en la República Democrática del Congo

Nuevo año, pero en República Democrática del Congo (RDC) la crisis del ébola sigue como hasta ahora: continúa llevándose vidas por delante. El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), difundido a principios de 2020, certifica la muerte de 2.232 personas a causa de este virus que lleva azotando al país 16 meses.

16 meses en los que el ébola no ha dejado de llevarse muchas vidas. Según los últimos datos aportados por la OMS, más de la mitad de las víctimas de los casos confirmados o probables de ébola (unas 1.900 personas) eran mujeres. Los menores y niños también han sido uno de los grupos más afectados, y los números hablan de alrededor de un tercio de los casos, lo que se traduce en algo más de 900. Este virus tan letal no es nuevo en la zona, de hecho, la actual crisis sanitaria es la décima que ocurre en territorio congolés y la segunda más grave a nivel mundial. Pero pese a no ser un enemigo novedoso, todavía una gran parte de la población desconfía de la existencia de la enfermedad y de los equipos médicos que acuden al país a ayudar, uno de los factores que achacaban diversas ONG que actúan en el terreno, como Médicos sin Fronteras (MSF), al rápido contagio de la enfermedad.

Tras 16 meses desde la declaración del brote y con múltiples equipos y ONG trabajando 24/7 en la región, el ritmo de aparición de nuevos casos ha ido cesando y poco a poco la epidemia se ha ido controlando. Desde MSF explicaban que llegaban a tener entre 70 y 100 nuevos casos a la semana, una tasa que han logrado disminuir hasta los 70 semanales aproximadamente, algunas semanas incluso menos.

Ébola
REUTERS/BAZ RATNER - Un sanitario  le inyecta la vacuna del ébola a una niña  en Goma
Transporte y logística complicada

Además de impartir a la población nociones básicas de higiene y salud para prevenir el ébola e intentar minimizar el número de contagios así como enseñarles a identificar los síntomas en familiares, amigos o en uno mismo; la vacunación contra este virus es la principal estrategia de prevención. 

En total se ha conseguido vacunar a algo más de 200.000 personas en el país, pero además de la desconfianza de la población hacia los centros de respuesta rápida contra la enfermedad, se han tenido que sortear obstáculos en el camino como climas extremos, orografía del terreno complicada y zonas muy afectadas de difícil acceso. 

Como todas las vacunas, se tienen que mantener a unas temperaturas de frío adecuadas; ¿cómo lograr mantener la cadena de frío en países con climas extremos, inundaciones o conflictos armados donde la refrigeración puede no ser una opción? Sin duda, “con mucho ingenio”, ha explicado el personal de la OMS. Se han valido de una especie de “súper termo” que logra mantener a la temperatura idónea durante 6 días unas 120.000 dosis. Gracias a esta tecnología y a la labor de los trabajadores que se encuentran en el país, han logrado distribuir las vacunas a una gran parte de la población. 

Según recoge Europa Press, a diario salen de los centros de la OMS en RDC casi tres toneladas de suministros médicos, no médicos y equipación necesaria para atender las necesidades de la población. Para poder llegar a los sitios más necesarios la OMS ha subrayado que necesitan un avión, un helicóptero, más de 800 vehículos de transporte, motocicletas para llegar a las aldeas más remotas y de difícil acceso y hasta 37 ambulancias. Además, colaboran con otras ONG para suministrar bienes básicos de salud pública como agua potable, limpieza de pozos para que sean de uso público o realizar entierros “seguros” y concienciar a la población de la importancia de este punto para evitar la propagación del virus.

Ébola
REUTERS/ZOHRA BENSEMRA - Arlette Kavugho, de 40 años, madre de seis hijos y superviviente del ébola que trabaja como cuidadora lleva a Kambale Eloge, de 16 meses, cuya madre murió a causa de la infección a durante su visita a la guardería de UNICEF

Todo esto en un país en el que, como hemos explicado en artículos anteriores, también existen conflictos internos que han provocado varias muertes de personal médico debido a los ataques a los hospitales de respuesta rápida contra el ébola. Además de las víctimas civiles que toda violencia siempre se lleva y el miedo y los desplazamientos que provoca. 

En 16 meses la situación se ha controlado y el aumento de casos se ha minimizado mucho, pero todavía queda mucho camino por delante y mucho trabajo hasta poder dar por erradicado el brote. De hecho, países vecinos como Ruanda siguen tomando medidas de prevención en los puntos fronterizos porque el riesgo de contagio todavía es alto.

Estigma y abandono entre los supervivientes

Desde fuera parece que sobrevivir al ébola es lo más complicado, pero los contagiados que logran superar la enfermedad y reciben el alta hospitalaria no siempre son recibidos con los brazos abiertos (como cabría esperar) por su familia y/o amigos. Algo que afecta especialmente a los niños.

La ONG World Vision ha realizado un estudio denominado 'Miedo y soledad' en el que se han entrevistado a niños de las zonas afectadas, los cuáles muchos han quedado huérfanos debido al ébola.

Ébola
AP/JEROME DELAY - Sanitarios vestidos con equipo de protección comienzan su turno en un centro de tratamiento del ébola en Beni

La investigación sostiene que el 61% de los menores que han sufrido la enfermedad (o alguien de su familia) se sienten estigmatizados y abandonados. De hecho, algunos de los propios niños entrevistados han asegurado que solo jugarían con otros niños que han padecido la enfermedad si el personal médico les enseña públicamente los resultados positivos. También comentan casos de padres que prohíben a sus hijos jugar o juntarse con otros que hayan padecido el virus aunque estén curados y hayan recibido el alta médica.

La dirección de esta ONG, autora de esta investigación, asegura que muchos niños “están pasando miedo” y les preocupa mucho esta situación. Si ya de por sí es complicado que un menor pase por la situación de perder a su familia por la enfermedad, el estigma que llega después no ayuda. Por todo ello, desde World Vision piden más ayuda psicológica en el terreno para ayudar tanto a niños como a mayores en esta fase de después de la enfermedad. Es importante concienciar a toda la población e ir eliminando ese estigma de rechazo hacia los supervivientes.