El alto el fuego en Libia no llega

La diplomacia internacional no tiene éxito en plena ofensiva de Haftar contra las fuerzas leales al Gobierno de Acuerdo Nacional para la conquista de la capital, Trípoli
El comandante militar libio Jalifa Hafter

PHOTO/REUTERS  -   El comandante militar libio Jalifa Hafter

Los esfuerzos diplomáticos de diversos actores internacionales para encontrar salidas a la crisis de Libia no están resultando efectivos, al menos por ahora. Los enfrentamientos directos por el control de Trípoli, que sacuden el país desde el pasado mes de abril entre el hombre fuerte del este de Libia, el mariscal Jalifa Hafter, y las fuerzas del gobierno reconocido por la ONU en Trípoli (GNA), no remiten. Tras una semana de intensas agendas de Haftar y Sarraj, el líder del Gobierno de Acuerdo Nacional, en Libia se impone la vía militar.

Los combates en la guerra multinacional, una guerra subsidiaria que se enquista en el norte de África, se intensifican y las llamadas a un alto el fuego son ignoradas. Haftar ha rechazado el alto el fuego que propusieron el miércoles los líderes de Rusia y Turquía, dos países que se encuentran apoyando a bandos enfrentados en el conflicto y se encuentran en una guerra de influencia entre las potencias regionales. Turquía apoya al Gobierno de Trípoli, reconocido por la ONU y dirigido por Fayez Sarraj, pero acosado por las milicias del general rebelde Hafter, que controlan grandes partes del país. 

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PHOTO/SERGEY GUNEEV - El presidente ruso Vladimir Putin y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

En esa misma línea se mostró el ministro de exteriores italiano, Luigi di Maio, también dijo esta semana que, durante sus recientes visitas a Bruselas, Estambul y El Cairo ha constatado que "todo el mundo está de acuerdo en un alto fuego en Libia" por lo que en su opinión "ha llegado el momento de poner a todos los países y todas las personas en torno de una mesa y encontrar la solución que permite garantizar la paz en esta región". El primer ministro italiano Giuseppe Conte recibió el miércoles en Roma al mariscal Hafter y le instó a "renunciar a la opción militar".

En estos momentos las fuerzas de Haftar avanzan posiciones sobre el enclave de Sirte, considerado el penúltimo muro de defensa y la puerta de entrada de la capital, donde se libran intensos choques armados. En plena ofensiva de éste para la conquista de la capital, Trípoli, las fuerzas armadas de Haftar continúan su guerra contra los "grupos terroristas", según dijo Ahmed al-Mismari, un portavoz del general libio, en un comunicado que recoge Bloomberg. 

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PHOTO/AP  - El jefe del gobierno de Trípoli, reconocido por la ONU, Fayez Sarraj

La comunidad internacional está dividida en un conflicto que tiene una importancia geoestratégica alta tanto para la Unión Europea como para los países de la región y el Oriente Medio. A Hafter -entrenado por la CIA durante su exilio en Estados Unidos- le apoyan política, militar y económicamente Arabia Saudí, Egipto, Francia, Rusia y Emiratos Árabes Unidos, estado este último que le proporciona parte de su fuerza aérea. El GNA cuenta, por su parte, con el respaldo de Catar y Turquía, nación esta última que anunció el pasado domingo el envío de más tropas y drones a la ciudad de Misrata. Con la intervención militar de Turquía en apoyo al gobierno de Trípoli la situación en Libia se ha vuelto más enrevesada. La internacionalización del conflicto supone que los intereses que en él están representados crecen. 

En estos momentos se está cerrando los detalles para una conferencia en Berlín sobre la guerra civil Libia. Las potencias extranjeras piden que en la reunión estén todos los países y todas las personas involucradas en el conflicto en torno de una mesa y para encontrar una solución que permite garantizar la paz en esta región. Mientras tantos el conteo de víctimas mortales civiles no deja de crecer. Según Efe, desde la última ofensiva que se libra desde abril en la guerra civil abierta desde 2011 han muerto más de 1.500 personas, 300 de ellas civiles, y más de 100.000 se han visto obligadas a abandonar sus hogares.