El desastre sanitario que amenaza la supervivencia de Yemen

La gestión de la pandemia por los hutíes, que niegan las cifras de contagios y muertos, pone en peligro a millones de personas
Personal de seguridad con mascarillas en Sanaa, Yemen, el 6 de mayo de 2020

REUTERS/KHALED ABDULLAH  -   Personal de seguridad con mascarillas en Sanaa, Yemen, el 6 de mayo de 2020

Yemen alberga, en estos momentos, la mayor crisis humanitaria del planeta, por encima de otros escenarios como Siria o Libia. Con 24 millones de personas en necesidad de ayuda humanitaria urgente -el 80% de la población- y más de 100.000 muertos en cinco años de conflicto, la llegada del coronavirus al territorio amenaza con crear una catástrofe sin precedentes. 

La guerra civil, en la que se enfrentan el Gobierno de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, sostenido por la Coalición Internacional liderada por Arabia Saudí, y la milicia hutí, con vínculos con la República Islámica de Irán, avanza en el país con enfrentamientos directos entre ambos bandos. El último ha tenido lugar este mismo miércoles, con el lanzamiento de un misil hutí contra el comando del Ejército yemení en la provincia de Marib, causando, al menos, ocho víctimas mortales. Y en medio, los civiles, que, como siempre, son el colectivo más vulnerable ante el estallido de la violencia.

Un hombre lleva un saco de harina de trigo que recibió en el campamento de desplazados por los combates en Marib, Yemen
REUTERS/ALI OWIDHA - Un hombre lleva un saco de harina de trigo que recibió en el campamento de desplazados por los combates en Marib, Yemen

Según las cifras proporcionadas por Worldometers, hasta el 27 de mayo, se contabilizaban en el país 256 contagios por COVID-19 y tan solo 53 muertes. Sin embargo, las organizaciones no gubernamentales y las asociaciones humanitarias han asegurado en reiteradas ocasiones que el volumen de afectados es mucho mayor. En la ciudad de Adén, controlada por las fuerzas de Al-Hadi, los muertos se agolpan en fosas comunes fabricadas en el barro. Los enterradores, que apenas llevan una mascarilla como protección individual, no dan abasto. De hecho, la ciudad fue declarada como “infestada” por el coronavirus el pasado 11 de mayo.

Un escenario similar es el que se está comenzado a vivir en Sanaa, la que fuera la capital del país antes de su toma por los hutíes. En este feudo insurgente, se han registrado numerosos casos y decesos en los últimos días, pero la milicia asegura que la situación está bajo control. Esta postura de negación, junto con la falta de transparencia de las políticas llevadas a cabo por los rebeldes, dificulta el control de la pandemia, que se ha ido extendiendo por la localidad -al igual que en el resto del país- sin ser detectada. 

Sepultureros entierran los cuerpos de pacientes de coronavirus en el cementerio de Radwan en Aden, Yemen, el 21 de mayo de 2020
PHOTO/AP - Sepultureros entierran los cuerpos de pacientes de coronavirus en el cementerio de Radwan en Aden, Yemen, el 21 de mayo de 2020

El ministro de Información del Gobierno yemení, Muammar Al-Iryani, ha denunciado que los hutíes, al igual que Irán, están “reteniendo información sobre el número de casos de COVID-19 en áreas bajo su control”. La milicia “está ocultando datos e información, incluido la cantidad de contagios, y sobre sus medidas de precaución indulgentes”, ha advertido el funcionario en un comunicado publicado por la agencia de noticias yemení Saba. “La cantidad de contagios y muertos en los últimos días indican un nivel desastroso de propagación del virus, acrecentada por la falta de atención médica”, señalan desde Arab News.

En estos momentos, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), solo la mitad de las instalaciones sanitarias funcionan a pleno rendimiento a causa de la devastación provocada por el conflicto, una situación que, para revertirla, necesitaría de al menos, 2.000 millones de dólares.

Un rebelde hutí, que forma parte de una iniciativa dirigida por la comunidad para prevenir la propagación del coronavirus, en Sanaa, Yemen, el 14 de mayo de 2020
AFP/MOHAMMED HUWAIS - Un rebelde hutí, que forma parte de una iniciativa dirigida por la comunidad para prevenir la propagación del coronavirus, en Sanaa, Yemen, el 14 de mayo de 2020

“Si no recibimos el dinero, los programas que mantienen a la gente con vida y que son esenciales para luchar contra la COVID-19 tendrán que cerrar”, lamentaba el portavoz de la Oficina de la ONU, Jens Larke. “Entonces, el mundo tendrá que presenciar lo que pasa un país sin un sistema sanitario funcional ante la COVID-19, y no creo que nadie quiera ver eso”. “Yemen no tiene los recursos para combatir eficazmente la propagación del coronavirus, especialmente porque los donantes han reducido su ayuda”, critican en esta línea desde Human Rights Watch (HRW).

“Antes del brote de COVID-19, los servicios de salud de Yemen ya se habían derrumbado bajo la presión del hambre masiva y los brotes de cólera y difteria, enfermedades consideradas como obsoletas en la mayor parte del mundo”, explica Amjad Tadros en CBS News. En la actualidad, hay contabilizados más de 1,2 millones de casos de cólera, junto con decenas de miles de enfermos de difteria, dengue o VIH, un cóctel explosivo que fue impulsado durante el pasado mes por las graves inundaciones que sufrió el país y que provocó un repunte en la aparición de otros patógenos que se transmiten por el agua.

En la principal ciudad del sur del Yemen, Aden, han muerto decenas de personas cada día
AP/WAIL al-QUBATY - En la principal ciudad del sur del Yemen, Aden, han muerto decenas de personas cada día

“Es bastante difícil saber el alcance real de la pandemia porque no se tienen las suficientes pruebas. Por eso, es razonable suponer que el coronavirus ya se ha extendido por todo el país”, lamenta Claire Ha-Doung, jefa de la misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Yemen en dicha publicación.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) también se ha sumado a estas alertas. Desde el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) han asegurado esta semana que los proyectos ayuda humanitaria en Yemen “están al borde del colapso debido a la falta de financiación”, en un momento en el que más de 20 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria en el país. La mitad -casi 10 millones- está en un estado grave, de los cuales más de dos millones son menores de edad, que padecen desnutrición severa.

Campamento de desplazados por los combates en Marib, Yemen
REUTERS/ALI OWIDHA - Campamento de desplazados por los combates en Marib, Yemen 

Del mismo modo, HRW asevera que “los civiles que huyen de los enfrentamientos que se han reanudado en el norte del país son particularmente vulnerables a la pandemia de COVID-19”. “La zona de conflicto está ahora más cerca de los campamentos para desplazados internos, que están superpoblados y ya enfrentan una gran escasez de servicios de salud y humanitarios”, explican desde la organización.

Yemen necesita una solución integral, que debe comenzar por el cese de las hostilidades, que permita, a su vez, la llegada de ayuda humanitaria y la posterior reconstrucción del país. Todo ello acompañado por la reanudación de los fondos financieros internacionales. “La mayoría de la población vive día a día y morirá de hambre antes de verse afectada por el coronavirus”, sostiene Asher Orkaby en Wilson Center. El tiempo apremia.