El deterioro de la situación de la seguridad en el Sahel, a debate

Las respuestas al “polígono de crisis” que representa la región africana deben estar más coordenadas, reclaman diversos actores en un seminario organizado por el 'think tank' marroquí Policy Center for the New en Casa Árabe
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AFP/DAPH BENOIT  -   Soldados malienses, parte del G5 Sahel, sentados en un vehículo mientras patrullan en la zona fronteriza con Burkina Faso y Níger, en una foto de archivo

“La situación política y de seguridad en el Sahel ha deteriorado en los últimos meses a un nivel muy rápido, con Burkina Faso y Malí siendo particularmente afectadas”, ha asegurado El Mostafa Rezrazi, senior fellow del 'think tank' marroquí Policy Center for the New South durante el seminario 'Spain-Morocco Relations: Sharing Perspectives in a Dynamic Neighborhood (Relaciones España-Marruecos: Compartiendo perspectivas en una dinámica vecindad) organizado junto con Casa Árabe en Madrid.  El evento contaba con la presencia de diplomáticos, representantes políticos, 'policy-makers y policy-doers', además de académicos de ambas orillas del Mediterráneo.

La situación en el terreno el año pasado fue terrible, tanto por el elevado número de víctimas, tanto de muertes como de heridos, y de población desplazada. En 2019 fueron asesinadas 4.779 personas en Malí, Níger y Burkina Faso, un 86% más que en 2018, según datos de la organización de monitoreo de conflictos, International Crisis Group (ICG).

Naciones Unidas, por su parte, también alertó recientemente del incremento "sin precedentes" de la violencia terrorista en África Occidental en el Sahel. Ha detallado que al menos 4.000 personas murieron el año pasado en ataques en Burkina Faso, Malí y Níger, cinco veces más que en 2016.  A ello hay que añadir los asesinados en Chad y Mauritania, que junto a los anteriores tres conforman los cinco países considerados del Sahel. 

La mayoría de los actos violentos se concentran en el centro del Sahel, mayoritariamente en el norte de Burkina Faso, el sur de Mali y noroccidente de Níger, en la zona llamada de las "tres fronteras", donde desarrollan sus operaciones los grupos terroristas, principalmente el Frente de Liberación Macina, el Estado Islámico en el Gran Sahara y el Ansaroul Islam, que generan dos tercios de la violencia y han desplazado a más de 900.000 personas, según el Centro Africano para Estudios Estratégicos.

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El Sahel, conocido entre otros nombres como el polvorín de Europa, la otra frontera, es un hervidero de realidades, donde operan grupos terroristas, que acoge a distintas etnias, donde el impacto del cambio climático es especialmente notorio… “En este ‘polígono de crisis’, no necesitamos más iniciativas sino más coordinación, la crisis de seguridad se está propagando y no solo es desde Mali”, explicaba Ángel Losada, el representante especial de la Unión Europea para el Sahel, para subrayar que el foco geográfico de los ataques terroristas ha expandido sobre otros países.  

Francia, que tiene un papel destacado en el Sahel y lidera el apoyo europeo a la lucha antiterrorista, está buscando salidas a la crisis de seguridad y, en cierto sentido, ha logrado avances en la reciente cumbre en Pau, el pasado 14 de enero, del presidente Emmanuel Macron junto a sus homólogos del llamado G5 cuando reconocieron los fracasos recientes de la estrategia actual. “El proceso de paz en Malí es fundamental. A pesar de haber estado bloqueado se están viendo avances en los últimos tiempos”, aseguró Losada. “El vacío de poder del Estado es el oxígeno de los terroristas”, aseveró con rotundidad el enviado de la UE al Sahel. “Es necesario importar cooperación estructural en muchas áreas, no solo en la cuestión relativa al desarrollo”, dijo Losada.

“Estos problemas se verán agravados este año porque veremos cómo se entremezclan los temas políticos y los sociales. El año 2020 es un año de elecciones en África, tanto presidenciales como parlamentarias, y es posible que los procesos electorales se verán afectados por la palpable inseguridad y la violencia”, dijo Rezrazi, del Policy Center for the New South. El consenso es que la implementación rápida y completa del acuerdo de paz sigue siendo el único camino viable para la estabilización de Mali y, por ende, de la región del Sahel. 

La urgencia de una respuesta más coordinada fue una necesidad subrayada por los asistentes a la mesa redonda. Ello viene de la variedad de iniciativas que existen sobre el terreno en la actualidad. Entre ellos, están la fuerza transfronteriza conjunta G5 Sahel – compuesto por los países que componen el Sahel, Burkina Faso, Mali, Mauritania, Níger y Chad- que tiene el objetivo de combatir el terrorismo yihadista en la región; la Alianza Sahel, un organismo de coordinación de las estrategias y operaciones de desarrollo ya existentes en el Sahel, principalmente en las regiones más frágiles y de alta prevalencia de pobreza, que nació en julio de 2017 por iniciativa franco-alemana (de la que España es parte desde 2018); la “Coalición por el Sahel”, que reunirá a los países del G5 Sahel y Francia a través de la Operación Barkhane; o el P3S, la Asociación para la Estabilidad y la Seguridad en el Sahel.

Para modificar la trayectoria de la violencia en el Sahel será necesario mejorar tanto la capacidad como las normas de rendición de cuentas de las fuerzas de seguridad de Burkina Faso, Malí y Níger, los tres países más afectados. Se necesita una presencia de seguridad doméstica más robusta y móvil para proteger mejor a las poblaciones locales. Sin embargo, estas capacidades mejoradas serán insuficientes si no se mejora la supervisión de las fuerzas de seguridad para reducir al mínimo las violaciones de los derechos humanos y la participación concertada de la comunidad para fomentar la confianza, según el Africa Center for Strategic Studies, basado en Washington DC.