El Ejército de Haftar reduce a los terroristas de Al-Qaeda en Libia

Los combates continúan en las inmediaciones de la capital, Trípoli, pese a la petición de la ONU de un alto el fuego humanitario por el coronavirus
Combatientes del Gobierno de Unidad Nacional (GNA) en el frente de Ain Zara, en los suburbios del sur de la capital Trípoli, el 13 de marzo de 2020

PHOTO/AMRU SALAHUDDIEN  -   Combatientes del Gobierno de Unidad Nacional (GNA) en el frente de Ain Zara, en los suburbios del sur de la capital Trípoli, el 13 de marzo de 2020

En las últimas horas, la División de Información Militar del Ejército de Liberación Nacional libio (LNA, por sus siglas en inglés), comandado por el mariscal Jalifa Haftar, ha informado que la artillería “está atacando a varios líderes de organizaciones terroristas en Trípoli”, según ha recogido Al-Ain. “Los ataques de artillería eliminaron a un gran número de los líderes de esos grupos milicianos y de las organizaciones terroristas Al-Qaeda y Daesh, lo que llevó a un colapso en sus filas del frente de Ain Zara”, han indicado en el comunicado. En dicha localidad, ubicada a tan solo 11 kilómetros de Trípoli, también ha sido destruido -tras una ofensiva con 20 misiles- el centro principal de operaciones de las milicias leales al GNA, que se han nutrido de un incesante flujo de mercenarios sirios financiados por Turquía y Qatar.

En estos enfrentamientos, habría resultado herido el terrorista Ziyad Balaam -aunque de acuerdo con el LNA, ya habría fallecido-, vinculado a Al-Qaeda, quien también fue uno de los artífices del asesinato del embajador estadounidense John Christopher Stevens en Libia en 2012. Por ello, ingresó en la lista de los terroristas más buscados por el gigante norteamericano. Sus últimos pasos conocidos incluyen su afiliación a Ansar al-Sharia, un grupo salafista que nació en 2011 bajo el paraguas de Al-Qaeda, y su presencia en la primera línea de combate en Trípoli desde 2019, tras regresar de Turquía, a donde había huido previamente.

Asimismo, el comandante de las denominadas compañías de defensa terrorista de Al-Qaeda en Bengasi, Mustafa Circassian, habría sufrido lesiones. Otros terroristas que habrían perecido en la batalla serían Murad Amriouis, Ahmed AlBadawi, Waseem Shallouf, Muhammad Shtaiwi, Ahmed Abu Dinah, Ashraf Abu Sneneh, Muhamad AlAjeel, Youssef Derna, Riad y Abdullah, según ha publicado el LNA en su cuenta de Twitter.

El general de brigada Ahmed al-Mismari, portavoz del Ejército de Liberación Nacional Libio (LNA)
PHOTO/AFP - El general de brigada Ahmed al-Mismari, portavoz del Ejército de Liberación Nacional Libio (LNA)

Así, cinco días después de que el Ejército de Haftar anunciara que la toma de la capital, Trípoli, era inminente, los combates se han vuelto a recrudecer, alcanzado un nuevo pico de violencia. Y, en medio, la petición de la ONU para implementar un alto el fuego humanitario con el objetivo de frenar la propagación del coronavirus en el país. Este martes, la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL, por sus siglas en inglés), instó a “todas las partes implicadas a dar un paso audaz y unificar sus esfuerzos en el combate contra esta pandemia”. 

Aunque todavía no se ha registrado ningún contagio, el Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), basado en Trípoli y liderado por el primer ministro Fayez Sarraj, ya ha anunciado el cierre de las fronteras terrestres, marítimas y aéreas durante tres semanas. También se ha declarado el estado de emergencia y se prevé la desmovilización de medio billón de dinares libios para combatir la enfermedad. Por su parte, el LNA ha comunicado el cierre de las fronteras en la franja este del territorio -bajo su control- y la creación de un nuevo laboratorio de diagnóstico. Aun con todo, la ONU considera que estas medidas podrían ser insuficientes si no se detienen los enfrentamientos, que generan un gran número de daños personales que requieren de hospitalización, lo que, de dispararse la cifra de contagios, podría suponer el colapso total de la sanidad libia, fuertemente debilitada desde 2011, año en el que comenzó la guerra.

También supone una amenaza la llegada continua de nuevos mercenarios. Actualmente, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR, por sus siglas en inglés), se ha registrado la presencia de al menos 4.750 milicianos procedentes de los campos de entrenamiento de Turquía, donde otros 1.900 se están sometiendo a cursos de capacitación. Cabe recordar, en este punto, que el plan del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, consiste en desplegar en Libia a 11.000 “voluntarios”, de acuerdo con Al-Ain.

El problema surge porque estos mercenarios son, en su mayoría, nacionales sirios. Este país todavía no ha registrado ningún contagio -de forma oficial, puesto que los residentes de algunas zonas como Latakia aseguran que ya se han producido muertes-, al igual que Libia, pero el SOHR advierte de que “puede enfrentar un brote importante; una perspectiva catastrófica en un país devastado por nueve años de guerra”. Solo el 50% de los hospitales públicos están en funcionamiento. La situación se agrava peligrosamente en los campamentos de desplazados internos. “Se extendería en toda la región debido a la falta de capacidad para contener una pandemia, el hacinamiento de los campamentos, la incapacidad de los hospitales para tratar a un gran número de personas infectadas y la falta de ayuda para apoyarlos”, ha advertido un pediatra en el SOHR.

Por lo tanto, si estallase un brote de coronavirus en Siria, es altamente probable que se transfiriese a Libia a través del flujo de mercenarios, aunque se hayan cerrado las fronteras. Con sus escenarios internos, en situación de guerra abierta, ninguno de los dos países podría permitírselo.