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El escritor argelino Rachid Boudjedra indaga sobre los tiempos perdidos en la novela ‘Los campos de chumberas’

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Por Nacer Hadbi

Foto: El novelista, poeta, dramaturgo y crítico literario argelino Rachid Boudjedra.

Rachid Boudjedra (Aïn Beïda, 1941) es un escritor, poeta, dramaturgo y crítico literario argelino polémico. Es así, porque no es políticamente correcto. No gusta a los islamistas, pero tampoco a ciertos sectores del progresismo argelino de cartón piedra que siguen bebiendo de las aguas de un putrefacto nacionalismo panarabista o de un marxismo tan anticuado como inútil. Boudjedra luchó en las filas del Frente de Liberación Nacional (FLN) contra el colonialismo francés y a favor de la independencia de su país, pero en los años setenta del siglo pasado fue condenado a dos años de prisión por criticar al régimen dictatorial argelino. Después vivió en Francia y en Marruecos hasta 1975. El autor de ‘La Répudiation’ (El repudio), ‘La Pluie’ (La lluvia) y ‘Timimoun’ fue condenado a muerte por los islamistas argelinos. Una vez más tuvo que exiliarse para seguir vivo. En 2010 recibió el Premio a la novela árabe, por sus obras ‘Les Figuiers de Barbarie’ (Las Higueras de Barbaria) y ‘Les Funérailles’ (Los Funerales). Sólo unas pocas novelas de Boudjedra han sido traducidas al español. En la  última, ‘Los campos de chumberas’ (Alianza Editorial), el escritor argelino teje una  historia, de prosa incisiva y lírica a la vez, sobre los tiempos perdidos y los sentimientos encontrados. Una idea básica resume ‘Los campos de chumberas’: Todas las revoluciones acaban en un fracaso, pero hay que hacerlas de todas formas. Boudjedra sabe de lo que habla. La revolución nacional argelina acabó en un golpe de Estado militar que dio nacimiento a un régimen represivo al servicio de un nuevo clan dirigente constituido por uniformados autoritarios, políticos sinvergüenzas  y altos funcionarios corruptos e ineptos. 52 años después de la independencia, Argelia sigue siendo un país pobre, atrasado y dependiente de Occidente. Millones de argelinos tuvieron que abandonar el país para encontrar un futuro mejor y gran parte de los que se quedaron tienen una vida difícil. Y, sin embargo, Argelia es un maravilloso país mediterráneo, africano, bereber,  árabe, rico en materias primas y poco poblado. En ‘Los campos de chumberas’ dos hombres se encuentran en un avión. Uno, el narrador, es un cirujano de Argel; el otro, su primo Omar, un reputado arquitecto de fama internacional. Durante el vuelo surgen los recuerdos de los años dorados de juventud, de la belleza y el colorido de los parajes llenos de chumberas en los que pasaban sus vacaciones. Aquellos en los que despertaron a la vida, aquellos en los que tuvieron sus primeros amores…

Llagas sin cicatrizar
Pero, ojo, no  es oro todo lo que reluce. Los bellos recuerdos del pasado se van a ver perturbados cuando afloran otros que van a reabrir las llagas sin cicatrizar de la colonización francesa, y de una guerra de independencia ensangrentada en luchas fratricidas dentro del FLN que separó a sus respectivas familias, que tiñó de rojo los campos de chumberas y que sembró el país de dolor y miseria moral. Boudjedra, que es un maestro en el arte de la dramaturgia, huye de la visión edulcorada de los acontecimientos políticos de la Argelia oficial y condensa un siglo de historia dramática de su país en el marco cerrado de un viaje en avión que dura una hora. Da una visión inédita de la guerra de Argelia: la de las complejidades y contradicciones, verdades y mentiras, crímenes cometidos en nombre de una causa justa, luces y sombras de quienes sufrieron la infamia o la provocaron. Omar y su primo se van al maquis, y desde allí disparan contra los soldados franceses. Muchos no son militares profesionales ni tienen una mentalidad colonial; son pobres reclutas, muchachos de 20 años que no quieren  morir “pour la patrie” matando argelinos. Mientras los militares franceses torturan y asesinan sin el menor pudor, algunos independentistas ponen bombas en cafeterías y matan inocentes y otros combaten en el campo de batalla.

Guerra sucia
La guerra es sucia, siempre y en todas partes, huele a mierda y a sangre. Y la guerra de Argelia fue especialmente sucia y cruel. Boudjedra no trata bien ni a los colonos ni a los argelinos musulmanes. Es una manera de pensar, de ser y de escribir. La guerra de la independencia de Argelia es el mito fundacional del país. Se ha escrito mucha prosa al respecto, y muchos oportunistas y caraduras se han forrado contando verdades a mediaso o mentiras absolutas, e inventándose un relato de buenos y malos. Boudjedra huye de la bazofia pseudo literaria o histórica. Su novela puede llegar a molestar, irritar incluso, porque no se amolda a los cánones y normas del dogma progresista sobre la guerra de Argelia. Y saca a relucir las contradicciones y miserias de los que participaron en primera línea en este trágico acontecimiento. De alguna forma, la novela exige a gritos hacer las cuentas, y eso no puede gustar a los que se han creído la memez de que en Argelia la lucha fue entre unos que eran completamente buenos -los independentistas- y otros que eran perversos y crueles por naturaleza -los franceses-. Las cosas, como siempre en la vida, fueron más complejas. Hoy en día muchos argelinos jóvenes y no tan jóvenes se hacen las mismas preguntas que el autor de ‘Los campos de chumberas’, poque están cansados de aguantar tanto autoritarismo, corrupción, nepotismo y mentiras.