El islamismo a la conquista de las comunidades musulmanas en Europa

‘Les territoires conquis de l’islamisme’ documenta el fenómeno del islamismo en Francia, pero contiene lecciones para otros países occidentales
Torre Eiffel

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Esta obra colectiva documenta el fenómeno del islamismo en Francia, pero contiene lecciones para otros países occidentales. Su coordinador es el sociólogo Bernard Rougier, profesor de Civilización y Cultura Árabes en la Universidad Sorbona Nueva (París 3) y discípulo del destacado politólogo Gilles Kepel. Como este, Rougier cuestiona las habituales explicaciones de la radicalización de los musulmanes en Occidente, que la atribuyen a políticas de integración fallidas, circunstancias socioeconómicas y factores psicológicos. Aun reconociendo la influencia de estas variables, ambos expertos argumentan que tal radicalización es ante todo una extensión de la deriva islamista-salafista experimentada por los países musulmanes desde los años setenta1

En este volumen, Rougier ha contado con la colaboración de otros académicos, pero también de varios de sus alumnos, de origen magrebí o subsahariano y provenientes de los barrios conflictivos en los que se llevó a cabo la investigación: la localidad de Toulouse, varias comunas de la región parisina y la municipalidad de Molenbeek, en Bruselas. Esto les permitió acceder a mezquitas, asociaciones y comercios sin levantar sospechas. Su testimonio de primera mano revela la hostilidad de los islamistas hacia Occidente, su voluntad de crear una sociedad musulmana paralela y su doble discurso, que cambia según el público al que se dirige y que incluso cuando condena el terrorismo yihadista, legitima los presupuestos que lo justifican. La obra incluye, además, capítulos sobre sucesos en Arabia Saudí y Yemen que arrojan luz sobre la evolución del islamismo en Europa.

Portada del libro

El título es un eco de ‘Les territoires perdus de la République’, otro trabajo colectivo publicado en 2002 en el que un grupo de profesores denunciaba el antisemitismo, el sexismo y las teorías conspiratorias a los que debían hacer frente en centros escolares de la región parisina, especialmente por parte de los jóvenes de origen magrebí. En su momento, sus autores –la mayoría de los cuales había escrito bajo un pseudónimo para evitar represalias– fueron tachados de racistas e islamófobos. El clima social ha cambiado, como lo muestra el que una edición actualizada de ‘Les territoires perdus de la République’ fuese publicada en 2015 y la muy diferente recepción que ha tenido la obra que nos ocupa. Entre tanto, Francia ha sufrido múltiples atentados terroristas que han dejado cientos de muertos. 

Rougier comienza distinguiendo las cuatro principales fuerzas del islamismo en Francia y otros países occidentales. Las de implantación más antigua son el movimiento Tabligh y los Hermanos Musulmanes. El primero apareció en el subcontinente indio en el siglo XIX con el objetivo de preservar la identidad musulmana ante la influencia de la mayoría hindú, y prioriza la predicación entre los musulmanes para exhortarlos a volver al islam del profeta. Los Hermanos Musulmanes surgieron en Oriente Medio, donde a menudo se han enfrentado con los regímenes vigentes, pero en los países occidentales destacan por su pragmática colaboración con gobiernos y organizaciones, sobre todo de izquierdas, estrategia que les ha permitido erigirse en representantes del islam institucionalizado2. Los salafistas irrumpieron en escena en los años noventa, cuando Arabia Saudí decidió promoverlos como alternativa a los Hermanos Musulmanes, a quienes empezaba a considerar una amenaza, y comparten muchos rasgos con el wahabismo saudí. Finalmente, los yihadistas se inspiran en textos de autores tanto islamistas como salafistas pero, a diferencia de estos, recurren a la violencia para ponerlos en práctica.

Las cuatro fuerzas compiten a nivel local, a menudo de manera agresiva. Así, los salafistas acusan a los tablighis de ignorancia, y a los Hermanos Musulmanes, de ser demasiado laxos en cuestiones doctrinales, y son a su vez atacados por los yihadistas por no llevar sus creencias hasta sus últimas consecuencias. Y estrictamente hablando, el islamismo se refiere a la ideología de los Hermanos Musulmanes y movimientos similares3. Sin embargo, lo que los une justificaría su inclusión bajo la clasificación común de “islamista”: todos promueven una visión comunitarista de los musulmanes como un colectivo definido exclusivamente por su identidad religiosa. Todos conceptualizan el islam como un credo que guía todos los aspectos de la existencia4. Y todos usan el discurso del “nosotros contra ellos” para diferenciar a los musulmanes del resto de la sociedad, considerada decadente, inmoral e islamófoba.

La acusación de islamofobia es un arma arrojadiza contra todo aquel que osa criticar no ya el islam, sino esta interpretación fundamentalista, totalitaria y xenófoba de la religión musulmana. Por ello, se utiliza también contra musulmanes críticos del islamismo, denunciados como extraviados, renegados e incluso traidores. Lamentablemente los islamistas han logrado imponerse gracias a su capacidad de organización, la financiación exterior y la complicidad o connivencia de instituciones y políticos occidentales, ya sea por ignorancia o por electoralismo. Es el caso en la comuna parisina de Aubervilliers, donde el partido comunista reaccionó a la pérdida de su base social (debida a la desindustrialización y al asentamiento de emigrantes) estableciendo lazos con los islamistas locales. Estos le garantizan votos a cambio del acceso a redes de patronaje que legitiman sus aspiraciones de representar a la comunidad musulmana y refuerzan su control sobre la misma.

Vista de París

A lo largo de sus capítulos, ‘Les territories conquis…’ nos descubre la creación de “ecosistemas islamistas” en barrios afligidos por la pobreza, la marginalidad y el desempleo. Tales ecosistemas incluyen mezquitas, librerías religiosas5, negocios halal (desde carnicerías hasta comercios de ropa y agencias matrimoniales) y asociaciones deportivas y de ocio, que presentan la oportunidad de llegar a los más jóvenes. Y expone el vínculo entre el yihadismo y la criminalidad: el captador convence al pequeño delincuente de que no es responsable por su comportamiento, sino una víctima de la sociedad infiel, y le ofrece la posibilidad de redimirse sin abandonar sus actividades, que pasan a ser una fuente de financiación del terrorismo. Incluso se legitima el crimen, puesto que la venta de droga, el robo o el fraude debilitan a los enemigos del islam.

Para el conocedor de Oriente Medio, resulta evidente que lo que sucede en Francia o Bélgica es similar a lo ya sucedido en países de mayoría musulmana como Egipto, Irán o Argelia. Algunas de las tácticas son diferentes: en Occidente, los islamistas explotan la libertad de expresión y defienden el velo en nombre de la libertad individual; en los países musulmanes, abogan por la criminalización de la apostasía y la blasfemia y pretenden imponer a la mujer la vestimenta que consideran islámica. Los responsables son las mismas fuerzas políticas ultraconservadoras que impulsaron el islamismo en las sociedades musulmanas como alternativa a las ideologías de izquierda, y hacen lo propio entre las comunidades musulmanas en otras regiones del mundo con el fin de evitar su laicización, que podría ser contagiosa. Como nos recuerdan Rougier y sus colaboradores, la primera “conquista” fue la del islamismo sobre el islam.

Notas al pie

1  Kepel había documentado tal fenómeno en su tesis doctoral, que realizó en Egipto y fue publicada en 1984 bajo el título Le Prophète et Pharaon. Su traducción al castellano, Faraón y el Profeta, apareció en 1988 de mano de la editorial El Aleph.

2 Un capítulo de la obra describe cómo Los Hermanos Musulmanes han instrumentalizado las teorías posmodernas tan de moda en el mundo académico y en círculos de izquierda para promover su agenda, adoptando, por ejemplo, el concepto de interseccionalidad.

3  De hecho, ciertos países que promueven el salafismo, como Arabia Saudí, o lo toleran, como Egipto, persiguen el islamismo por suponer una amenaza al statu quo.

4  El islam es “un credo integral [que] no está satisfecho a menos que controle la sociedad y guíe cada aspecto de la vida, desde entrar al cuarto de aseo hasta construir el Estado y establecer el califato”, en palabras de Yusuf al-Qaradawi, jeque religioso qatarí de origen egipcio considerado el principal ideólogo de los Hermanos Musulmanes. Véase Ana Belén Soage, “Sheikh Yūsuf al‐Qaradawi: A Moderate Voice from the Muslim World?”, Religion Compass 4/9 (2010), págs. 564, 572 (nota 8). La referencia al cuarto de aseo proviene de un hadiz (tradición oral) según el cual el profeta Mohammad entraba con el pie izquierdo y salía con el derecho.

5 La obra incluye un estudio que revela la “salafización” de la literatura sobre el islam en las últimas décadas. Dicha salafización ha venido acompañada de una considerable mejora en la presentación de las publicaciones (impresión en color, tapas duras, papel de calidad…) que, sin embargo, no se ve reflejada en su precio, lo cual parecería indicar que están subvencionadas.