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El Líbano se encomienda al FMI para sortear la crisis alimentaria

La escasez de trigo propicia el racionamiento del pan subvencionado por el Estado y pone en riesgo su financiación
Panadería Líbano

PHOTO/REUTERS  -   Trabajadores envasan pan en una panadería en Beirut, el 30 de junio de 2020

Cae la noche en Beirut, pero las largas colas de espera no se disuelven. Centenares de personas aguardan durante horas por un trozo de pan de pita, el alimento subvencionado por el Estado en plena escasez de trigo, propiciada por la invasión rusa de Ucrania y acentuada por el acaparamiento de harina en las panaderías y el contrabando en las fronteras. De momento, paga el Líbano. Recae sobre el mermado erario la financiación contra el hambre en un país que lleva meses sin levantar cabeza. El ritmo de gasto actual no es sostenible. La continua caída de las reservas de divisas impide al Banco Central libanés asumir los costes, cada vez más elevados.

Las filas kilométricas de libaneses rodeando las inmediaciones de las tiendas y los hornos, esperando por comida, han sido la tónica general desde mediados de junio a pesar de que el Estado lleva proveyendo subsidios para el pan árabe desde el estallido en 2019 de la crisis económica. Pero la apremiante escasez de cereales, causada entre otros factores por las interrupciones en las cadenas de suministros, disparó el precio del pan un 18% en un país que antes de la guerra importaba de Ucrania el 60% del suministro de trigo.

Las panaderías se han visto obligadas por las circunstancias a racionar el pan subvencionado en mitad de las acusaciones que las señalan de utilizar la harina del Estado para la elaboración de otros productos. Quien ayer tenía asegurado un trozo, hoy ha dejado de darlo por descontado. Eso explica el aumento de los enfrentamientos en las colas experimentado esta semana en varios puntos de reparto del país, donde los conatos de violencia han proliferado hasta el punto de que las Fuerzas de Seguridad han tenido que intervenir para evitar mayores daños.

“En gran medida, en términos de la cadena de suministro global, junto con el limitado capital extranjero, será aún más difícil mantener el mismo nivel de importaciones de trigo”, señala a Atalayar el economista libanés de The Policy Initiative, un centro de investigación con sede en Beirut, y miembro no residente del Tahrir Institute for Middle East Policy, Hussein Cheaito. El fin de las subvenciones estatales para el pan de pita podría ser la gota que colme el vaso en el Líbano, el punto de no retorno que provoque nuevas revueltas sociales.

Con el precedente directo de Sri Lanka, la comunidad internacional teme que más países puedan seguir sus pasos. “Ya estamos viendo muchos paralelismos entre el Líbano y Sri Lanka en estos términos —apunta Cheaito—, pero hablamos de dos geografías y estructuras comerciales diferentes”. “Existen muchas similitudes: la crisis alimentaria les afecta fuertemente, junto con la hiperinflación, el acceso intermitente a la electricidad, y el deterioro de las infraestructuras. También desde el punto de vista de la corrupción y el nepotismo. Los bajos impuestos y el gasto imprudente coinciden ahora que el Líbano funciona con bajas reservas de divisas, una moneda muy inestable y una débil creación de empleo”, remata el economista libanés de The Policy Initiative.

A esta batería de problemáticas, se suma la drástica reducción de las capacidades de almacenamiento de trigo en la nación mediterránea. La detonación en el puerto de Beirut en agosto de 2020, una de las mayores explosiones no nucleares de la historia que acabó con la vida de más de 200 personas, hirió a unas 7.500 y devastó varios de barrios de la capital, provocó a su vez daños irreparables en los silos, que quedaron prácticamente reducidos a cenizas. En este sentido, el ministro de Economía interino, Amim Salam, ha asegurado que varios países y organizaciones internacionales se han ofrecido para financiar los nuevos depósitos de grano por valor de 100 millones de dólares.

Escasez trigo Líbano
PHOTO/@salmanonline  -   Decenas de personas hacen cola frente a uno de los hornos en la ciudad de Tiro, al sur del Líbano

El Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han entrado en escena para sacar al Líbano del atolladero. Los préstamos de uno y otro organismo son la última bala en la recámara del régimen libanés para rescatar económicamente al país y recuperar cierta legitimidad. En mayo, el BM concedió un préstamo al Líbano por valor de 150 millones de dólares, aprobado el martes, “para financiar las importaciones inmediatas de trigo para evitar la interrupción del suministro a corto plazo y ayudar a asegurar el pan asequible para los hogares pobres y vulnerables, incluyendo la población desplazada y los refugiados”, trasladó el organismo.

Por su parte, el FMI cerró un acuerdo en abril con el Ejecutivo libanés en funciones encabezado por el magnate Najib Mikati para la concesión de un préstamo de 3.000 millones de dólares. A cambio, Beirut se comprometió a poner en marcha una serie de reformas políticas y fiscales que comprenden, entre otros puntos, una estrategia de reestructuración bancaria, controles de capital, un presupuesto para 2022 y una nueva ley de secreto bancario. Esta última condición se aprobó el martes en sede parlamentaria, en la primera sesión celebrada desde las legislativas de mayo, aunque las enmiendas fueron suavizadas en relación con el texto original esbozado por el FMI, según Reuters.

Najib Mikati Jan Kubis
PHOTO/@Najib_Mikati  -   El primer ministro libanés en funciones, Najib Mikati, (izq.) recibe en Beirut al enviado especial de la ONU en el Líbano, Jan Kubis (der.)

El proyecto de ley, que recibió luz verde en el Parlamento, no levanta el secreto bancario por completo, sino que permite hacerlo a determinadas instituciones del Estado única y exclusivamente en caso de investigación penal por delitos de enriquecimiento ilícito, blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. En cambio, la propuesta original habría permitido el levantamiento del secreto bancario para investigar todo tipo de ilegalidades financieras. Los halcones libaneses deberán convencer ahora al FMI sobre las nuevas condiciones.

“Se han gastado más reservas desde el comienzo de la crisis que las que recibiremos del Fondo Monetario Internacional”, indica a este medio el analista libanés Maroun Sfeir, que se muestra escéptico con la intencionalidad de la sectaria clase política nacional: “Si las reformas del FMI se aplican realmente, significa que los establecimientos políticos y financieros del Líbano se debilitarán. Y creo que les gusta «dispararse en el pie». Así que mi opinión es que intentarán chantajear a la comunidad internacional y al FMI para que apoyen al Líbano sin «reformas reales», manteniendo al pueblo como rehén”.

El Líbano atraviesa una de las peores crisis económicas del planeta registradas desde mediados del siglo XIX, una situación sin precedentes, según los datos del Banco Mundial. En 2020, el país dejó de pagar su deuda, perdió el 90% del valor de su moneda y llevó a cuatro de cada cinco libaneses a vivir por debajo de umbral de la pobreza, de acuerdo con el baremo de Naciones Unidas. “Sin verdaderas reformas estructurales —que probablemente no se produzcan pronto—, todos los fondos se quedarán cortos. Porque el sistema de mala gobernanza y corrupción se alimentan de préstamos, subvenciones, donaciones e inversiones extranjeras”, sentencia Maroun Sfeir.