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El Open de Australia mantiene a Djokovic y le asigna rival serbio en primera ronda

Mientras el ministro de Inmigración toma la decisión de deportarle o mantener en el país, el sorteo ha deparado un cruce curioso con un compatriota
Novak Djokovic

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Todo lo que rodea al Open de Australia está marcado por el caso Novak Djokovic. El tenista serbio se ha metido en un problema que va más allá del deporte y pone en riesgo las relaciones de Serbia con la propia Australia. 

El 13 de enero los organizadores del Open de Australia decidieron celebrar el sorteo de los emparejamientos para la primera ronda. Comenzó con una hora de retraso, pero no hubo una explicación y los rumores apuntaron a que esperaban que el ministro de Inmigración australiano, Alex Hawke, se pronunciase antes sobre la posible deportación de Djokovic. 

El destino deparó un cruce de serbios entre Djokovic (1) y Miomir Kecmanovic (78) en un duelo inédito en ATP que se disputará el próximo 17 de enero en la pista Rod Laver. Hasta entonces, el ministro de Inmigración podrá decidir qué hacer con el díscolo Novak que ha revolucionado Melbourne con su postura ante el coronavirus. 

Novak Djokovic

Hay mucha presión en torno a esta decisión porque las autoridades australianas fueron las que permitieron la exención médica para que el tenista entrara en el país y al que luego retuvieron e interrogaron durante ocho horas. Las formas de los agentes de aduanas fueron las que llevaron al juez a permitir a Djokovic salir del hotel de refugiados y entrenarse en las pistas de Melbourne Park. 

A raíz de eso se desencadenaron una serie de hechos que han puesto en serias dificultades al deportista serbio que hasta pudo mentir en su declaración de entrada al país y que él mismo ha reconocido al decir que pudo haber “errores humanos” en su ficha de entrada. También ha afirmado haber asistido a una entrevista en Belgrado conociendo que sufría la COVID. Otro hecho que ha provocado que la primera ministra serbia, Ana Brnabic, avisara a su compatriota de que si no cumplió la cuarentena supondría una “grave violación” de las leyes del país.

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A todo esto, hay que unir las sospechas que se han levantado desde la prensa alemana que hicieron un seguimiento de los resultados de las pruebas de COVID-19 en las que se aprecia una alteración grave de días y horas. Se apunta a que el Instituto de Salud Pública de Serbia presentó antes el resultado negativo y, después, el positivo el 26 de diciembre y no el 16 como se ha comentado. 

Por si fuera poco, todo lo que rodea al misterio sobre el coronavirus de Djokovic ha salpicado a España que también ha abierto una investigación para conocer cómo entró el tenista en el país para entrenar en Marbella los últimos días de 2021. 

El Ministerio de Asuntos Exteriores y Extranjería se pregunta cómo llegó el serbio al club de Tenis Puente Romano de Marbella para entrenar los días 2 y 3 de enero. Los únicos motivos para que una persona entre con exenciones es si son considerados trabajadores altamente cualificados o que participen en eventos deportivos de alto nivel o que no puedan desempeñar su trabajo en otro lugar. No parece que nada de esto afecte a Djokovic que tenía que disponer de certificado de vacunación completa para entrar en España como ciudadano serbio. 

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Todo apunta a que los vuelos privados que aterrizan en los aeropuertos españoles no son revisados con el celo que deberían en tiempos de pandemia. Ese pudo ser el selecto salvoconducto que puso a Djokovic en tierras españolas y, de ahí, a Australia donde afirmó no haber visitado previamente la península ibérica en otra mentira más. 

Al Open de Australia le conviene mantener al serbio en liza porque supondría ganar su 10º título y el 21º Grand Slam de su carrera. A todo eso hay que añadir una posible final con Nadal porque el sorteo ha separado sus caminos hasta el 30 de enero. Y falta por ver cómo le recibirá el público después de la locura que se desató en las calles pidiendo su liberación por parte de grupos antivacunas.

El problema con Novak Djokovic es de tal magnitud que, hasta el primer ministro de Australia, Scott Morrison, se puso de lado al comentar que la decisión sobre el visado del tenista recaía en el ministro de Inmigración y que prefería no hacer comentarios.