El papel de Irán en Venezuela: entre las sanciones y el aislamiento

La relación entre Teherán y Caracas lleva más de una década de acercamientos, auspiciada por la necesidad de encontrar aliados a nivel internacional y reducir el impacto de las sanciones estadounidenses.
Irán, Javad Zarif, Venezuela, Jorge Arreaza

PHOTO/CRISTIAN HERNÁNDEZ  -   El Ministro de Relaciones Exteriores de la República Islámica de Irán, Javad Zarif (L), se reúne con el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza (R), en el palacio Casa Amarilla de Caracas, el 5 de noviembre de 2020

En el año 2002, el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, acuñaba el término “Eje del Mal”, para referirse a Irán, Irak y Corea del Norte. Desde entonces han pasado muchos años y varios países han ido entrando y saliendo de esa lista informal. Pero sin lugar a duda, si hoy en día George Bush o cualquier otro presidente de Estados Unidos tuviese que realizar una lista parecida, incluiría a Irán y Venezuela, dos estados que se han opuesto con fuerza en los últimos años a la influencia de Washington. Estos dos países se han caracterizado por una retórica antiimperialista, que dibuja a Estados Unidos como el principal problema para su independencia y como centro de su propaganda gubernamental. 

Pero la propaganda no es el único punto de encuentro entre ambos Estados, ya que desde hace años la relación económica y política se ha ido estrechando. Las sanciones impuestas por Estados Unidos han supuesto un grave problema para Teherán y Caracas, ya que reduce el número de países y empresas con las que relacionarse, provocando un fuerte impacto económico que se ha dejado ver con especial crudeza en Venezuela. Esto ha llevado al gobierno iraní en los últimos meses a proporcionar ayuda a Venezuela a través del envió de un barco con alimentos y la llegada de ayuda técnica para arreglar una de las refinerías venezolanas que se encontraban averiadas. 

Barcó iraní en Venezuela
PHOTO/AP - El petrolero de bandera iraní Fortune está atracado en la refinería El Palito después de su llegada a Puerto Cabello en el estado norteño de Carabobo, Venezuela

Irán comienza a aumentar su interés en América Latina a principios del nuevo milenio, a raíz de las victorias electorales que consiguieron una serie de políticos de izquierda en la región, siendo el triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela el más relevante. Chávez comenzó a levantar una alianza estratégica entre los gobiernos más a la izquierda en América Latina, que promovieron una visión económica y política alejada de Estados Unidos. Cuba y Venezuela comenzaron a promover la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, una organización que acabó englobando otros importantes países de América Latina como Nicaragua, Ecuador o Bolivia (los dos últimos se encuentran ya fuera de la organización). 

Es en ese momento cuando el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad comienza a dar una especial relevancia a la región, aumentando sus viajes oficiales a la zona para conseguir romper la situación de aislamiento internacional del país. Para Irán, América Latina no es ni mucho menos un objetivo primordial de su política exterior, pero le ha permitido acercarse a una serie de estados con los que comparte una visión antimperialista, que sitúa a Estados Unidos en el centro de su discurso internacional. 

Pese a la mayor sintonía política existente entre Venezuela e Irán, son otros los países que tienen mayores relaciones comerciales con Teherán. Aunque la retórica del ultraderechista Jair Bolsonaro lanza andanadas en contra del país, Brasil es el principal socio comercial de Irán en la región, con un volumen de intercambio que supera ampliamente al que mantiene con Caracas. Otros países como Argentina o Uruguay, que tampoco se ubican en la órbita ideológica iraní, mantienen también un nivel comercial elevado, debido a la complementariedad de los intercambios económicos, centrados en la exportación de productos alimenticios como el maíz, la carne o la soja. De hecho, incluso el comercio iraní con Colombia supera las relaciones que mantiene con Venezuela. 

La escasez de intercambios económicos deriva de la especialización de ambos países en sus exportaciones. Tanto Irán como Venezuela cuentan con amplias reservas de hidrocarburos, que representan la principal fuente de riqueza de ambos estados. Tampoco los intercambios con Nicaragua o Cuba son especialmente relevantes, aunque sean países mucho más cercanos al discurso antimperialista iraní. Los anuncios de importantes inversiones iraníes en la región han quedado en nada y el volumen de las relaciones económicas es escaso, lo que muestra que el interés iraní en la región se centra en asegurarse apoyos en una zona que supone el patio trasero de Estados Unidos.  

Pacto nuclear Irán
AFP - Sesión de negociación con el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán Javad Zarif sobre el programa nuclear de Irán en Lausana el 20 de marzo de 2015

Francisco Rodríguez y Esfandyar Batmanghelidj publicaron un muy interesante artículo en la revista Foreign Policy titulado “Las sanciones están llevando a Irán y Venezuela a los brazos del otro”. Teherán ha sufrido un recrudecimiento de las sanciones que lleva soportando desde hace más de una década por su programa nuclear. La presidencia de Donald Trump ha supuesto la salida de Estados Unidos del pacto nuclear de 2015 con Irán, pacto que buscaba poner fin al intento iraní de hacerse con arsenal nuclear a cambio de permitir una mayor apertura económica del país. La ruptura del acuerdo ha llevado a la implantación de nuevas sanciones, que han sido respondidas por parte de Teherán con el incumplimiento de sus compromisos. 

Venezuela ha sufrido la misma suerte que Irán, ya que durante los últimos años ha aguantado duras sanciones por la deriva autoritaria del gobierno de Nicolás Maduro. Las sanciones impuestas a ambos países disuaden a terceros estados de comerciar con ellos ante el temor de represalias económicas por parte de Washington. Ambas economías han sido duramente golpeadas en sus exportaciones petrolíferas, lo que ha llevado a una enorme crisis económica y de inflación en Venezuela, mientras Irán se enfrenta a una pérdida de dos tercios del valor del rial iraní y a grandes déficits fiscales. El problema es que estas sanciones pueden ser mucho menos eficaces de lo que pueda parecer a primera vista. 

Irán respondió a las sanciones impuestas a principios de los años 2000 con una retórica de resistencia y menor dependencia extranjera, pero la realidad es que el país tiene una importante presencia en el comercio mundial. Progresivamente ha conseguido reducir su dependencia de las exportaciones del petróleo, aumentando sus ventas de productos manufactureros, que dan trabajo a cerca de una tercera parte de la población activa. Además, la creciente devaluación de la moneda ha aumentado la competitividad de sus exportaciones, lo que ha permitido la expansión de estas a nuevos mercados. Su producción se dirige principalmente a China, pero otros países como Turquía, Irak o Emiratos Árabes Unidos son importantes mercados para sus productos.

nuclear Irán
PHOTO/WANA  -   Fotografía de archivo. Vista del reactor nuclear de agua en Arak, Irán, el 23 de diciembre de 2019

La experiencia iraní de diversificación de mercados y aumento de las manufacturas puede marcar el camino para Venezuela, después de años de crisis económica e hiperinflación, que ha llevado al éxodo de millones de venezolanos que han huido del país por las depauperadas condiciones económicas.  Las relaciones entre Irán y Venezuela, que llevan más de una década de acercamiento, van a continuar muy probablemente durante los próximos años, ya que Caracas cuenta con cada vez menos aliados y socios en la esfera internacional. 

La llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos puede alterar la política estadounidense de sanciones. Estas suponen un alto coste económico para el país, pero es pagado fundamentalmente por la población civil, que no debe ser culpabilizada por las acciones de sus gobiernos. Es necesario crear nuevas políticas hacia estos estados que permitan conjugar por un lado la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos y, por otro, la defensa de los derechos humanos y la democracia en Irán y Venezuela.