El Sahel necesita de más mujeres en las fuerzas de defensa y seguridad

Dos investigadoras en el papel de la mujer en el Sahel afirman que el empoderamiento de la mujer en zonas de conflicto, y en el Sahel especialmente, es imperioso.
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FUNDACIÓN ALTERNATIVAS  -   Presentación del Informe sobre el empoderamiento de las mujeres en zonas de conflicto: Enfoque en el Sahel, en Madrid

La región del Sahel, el polvorín de Europa, conformada por Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger, busca soluciones a las incertidumbres que dominan sobre el terreno. Para Aminata Ndiaye, consultora del G5 del Sahel en cuestiones de género, una de esas pasa por identificar nuevas estrategias de prevención, protección y participación, las cuales deben llevarse a cabo de forma contextualizada y en diálogo con las mujeres, sobre el terreno "porque es un tema de seguridad común, no de género", según ha asegurado en Madrid. 

Para ella el hecho de que en el Sahel casi no haya presencia de mujeres en la Fuerza Conjunta del G5 Sahel (creada en 2017) ni en su componente policial, un 0,35% y 6% respectivamente, evidencia la necesidad de una nueva aproximación, según afirmó Ndiaye. Los países que forman el Sahel crearon en 2014, por decisión soberana, el grupo G5 Sahel con el objetivo de reforzar la cooperación a nivel regional y enfrentarse a retos de carácter transfronterizo.  Los datos ilustran a la perfección la reducida presencia de las mujeres en la lucha contra la desestabilización que provocan los grupos armados terroristas en los cinco países y subraya la urgencia de un cambio.

Esta llamada a definir un renovado rol de las mujeres en el Sahel, un nuevo foco de acción que supone entrada tardía de las mujeres en el debate sobre el extremismo violento, es parte de las recomendaciones del estudio 'Informe sobre el empoderamiento de las mujeres en zonas de conflicto: Enfoque Sahel' publicado por la Fundación Alternativas y redactado por Ndiaye junto a Marta Íñiguez de Heredia. La conclusión principal es una llamada a empoderar a las mujeres en zonas de conflicto a través de la región del Sahel occidental. "Las mujeres han jugado un rol muy importante en los conflictos regionales, en tanto que víctimas y perpetradoras de violencia y como dinamizadoras de estrategias de paz", aseguró Íñiguez de Heredia durante la presentación. 

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Aminata Ndiaye (izq.) y Marta Íñiguez de Heredia (centro), las autoras del informe durante la presentación en la Fundación Alternativas

También destacó que  es de particular importancia este cambio de prisma dado que en la región del Sahel, las mujeres y los niños son las principales víctimas de los conflictos actuales. "El empoderamiento tiene que venir de las propias mujeres es un imperativo ético y debe pensarse como algo ganado, no otorgado", aseguró Íñiguez de Heredia. "Los programas de desarrollo necesitan un cambio en su estrategia y su implementación", añadía Ndiaye. 

El informe, disponible aquí, analiza el rol de las mujeres en los espacios políticos y de toma de decisiones en el Sahel, algo que califican una marginación duradera, y argumenta por fortalecer la presencia de mujeres en las estructuras de defensa y seguridad del G5 Sahel. A través de un acercamiento multidiensional el informe analiza las mujeres en el Sahel desde distintas perspectivas que escenifican el amplio abanico de relevancia que tienen en un territorio en el que domina la inestabilidad: como agentes de la violencia; las mujeres como víctimas de los conflictos (incluyendo violencia sexual, personas desplazadas y refugiados, y las consecuencias del conflicto sobre la situación socioeconómica de las mujeres) y el papel activo de las mujeres en la prevención y resolución de conflictos.

"Las causas profundas de los conflictos actuales en el Sahel tienen que ver con desigualdades estructurales y dinámicas políticas y económicas que se han ido gestando a lo largo de varias décadas", aseguró Íñiguez de Heredia. El informe, además, se adentra en los problemas sociales y culturales que todavía afectan las carreras de las mujeres en las fuerzas de defensa y seguridad de G5 Sahel y la integración de género y sus necesidades sobre el terreno. Para ello las autoras reclaman más coordinación entre los Estados y que se comparta mucha más información de lo que se hace ahora porque los resultados hasta ahora dejan mucho que desear. 

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Aminata Ndiaye, en la esquina del fondo, habla durante la presentación del informe

Ndiaye fue recientemente encomendada con la tarea de monitorear la implementación de un plan de acción buscando una integración más significativa de las mujeres en las estructuras de defensa y seguridad del G5 Sahel fue muy crítica con los programas de desarollo que se enfocan en la mujer. "La mujer la tenemos que entender como un sujeto complejo. Esta región se ha visto recientemente sacudida por golpes de estado, grupos armados y grupos autodenominados yihadistas, cuya repercusión ha sido agravada por crisis económicas, alimentarias y climáticas, y por el aumento del flujo de armas.

Con el pretexto del trabajo de la ONU en las ‘3 p’s’ (prevención, protección y participación) las autoras elaboran una serie de recomendaciones destacan algunas. En el ámbito de la prevención, sugieren ayuda directa para el desarrollo, no con fines de seguridad," sino para satisfacer las necesidades de las comunidades más vulnerables". Estas deberían venir en forma de microcréditos y de dotación de medios e infraestructura (ej. molinos para moler grano, aceite, etc.), previa consulta con las mujeres y sus comunidades. En cuanto a la protección sobresale la necesidad de fortalecer la conciencia de género de las fuerzas de defensa y seguridad. Por último, en cuanto a la participación, destaca  "la creación de una red de mentoras que puedan reforzar las capacidades de otras mujeres" y "apoyar la participación plena de las mujeres en los procesos de paz". 

La introducción del informe comienza con una cita que las autoras del informe quisieron compartir durante su presentación en Madrid de Molara Ogundipe Leslie, una referente en el femenismo de África, y que perfectamente puede servir como hoja de ruta para el cambio de modelo que reclaman: “¿Qué significa empoderamiento para nosotras como mujeres negras de África y de su diáspora? Significa reconocimiento social y dignidad, así como, sobre todo, espacio para hablar, actuar y vivir con alegría y responsabilidad...".