El terrorismo yihadista golpea lejos de Occidente y en internet

El terrorismo global está aprovechando el momento para ampliar sus operaciones en otros lugares del mundo que se han quedado sin soldados occidentales, que tienen que ocuparse de cuestiones internas en detrimento de una dimensión internacional
El reclutamiento intensivo de jóvenes por internet es una de las bazas más explotadas por Daesh, Al-Qaeda y sus grupos afines durante los meses de cuarentena

REUTERS/KACPER PEMPEL  -   El reclutamiento intensivo de jóvenes por internet es una de las bazas más explotadas por Daesh, Al-Qaeda y sus grupos afines durante los meses de cuarentena

El terrorismo yihadista lejos de detenerse, como ha hecho el mundo desarrollado durante la pandemia, ha incrementado su actividad, aunque no ante la mirada de la opinión pública occidental, preocupada exclusivamente por la COVID-19. El aumento de las operaciones sobre el terreno en Oriente Medio, pero también en África, y el reclutamiento intensivo de jóvenes por internet son las bazas más explotadas por Daesh, Al-Qaeda y sus grupos afines durante los meses de cuarentena.

En un momento de “transición” del yihadismo, que había recuperado cierto poder tras sus últimas derrotas, como la caída del califato del EI o la muerte de su carismático líder Abu Bakr al-Baghdadi, la crisis sanitaria le ofrece “una oportunidad de caos absoluto para tratar de imponer su agenda”. “Si analizamos los comunicados emitidos en las últimas semanas, a raíz de la emergencia sanitaria, vemos que van a sacar provecho de la crisis”, como ya hicieron “a raíz de las llamadas primaveras árabes, que más bien devinieron tristemente en un invierno”, explica a Efe Carola García-Calvo, investigadora principal del Programa de Radicalización Violenta y Terrorismo Global del Real Instituto Elcano.

Pero las circunstancias han cambiado mucho desde entonces y, aunque “nunca es descartable”, la opción de que los grupos yihadistas cometan ataques como los que han perpetrado hasta ahora resulta por el momento “muy complicada, al margen de acciones puntuales”.

La situación actual impone condiciones poco favorables a la comisión de un gran atentado en Europa: falta de aglomeraciones, distanciamiento físico y control de las calles por policías y militares. Aun así, “los servicios de inteligencia europeos no han bajado la guardia ni mucho menos”, señala a Efe el coronel español en la reserva Pedro Baños, experto en geoestrategia, seguridad, inteligencia y terrorismo.

Extensión de operaciones

El terrorismo global está aprovechando el momento para ampliar sus operaciones en otros lugares del mundo que se han quedado sin soldados occidentales, que tienen que ocuparse de cuestiones internas en detrimento de una dimensión internacional. Son numerosos los países han retirado sus tropas de la coalición internacional que lucha contra Daesh en Irak, como Francia, Alemania Canadá o España, además de en otros lugares, como el Sahel.

“Allí, Francia, por ejemplo, no solo tiene que reubicar tropas por este motivo, sino porque sus militares han caído enfermos”, dice la experta. Su zona de acción son las áreas donde, al llegar la pandemia, el terrorismo yihadista “estaba muy extendido, con el sudeste asiático como un área de actividad importante (...) También en Siria e Irak con cifras muy altas, y África, no solo occidental, sino en otras zonas, como el norte, Libia y, en especial, en la triple frontera entre Níger, Nigeria y Mauritania”.

Baños coincide en que tanto Al-Qaeda como Daesh siguen muy activos. “Daesh está realizando operaciones militares de cierta envergadura en el caso concreto de Siria e Irak, pero también en zonas de África, sobre todo en el Sahel. También Al-Qaeda está presente como su filial en Siria”, explica.

En ese contexto es muy importante que la cooperación internacional se mantenga y que los países occidentales no abandonen a naciones como Irak, que ha alertado de un aumento significativo de las acciones de Daesh en su territorio en los últimos meses, en coincidencia con un reciente informe del Pentágono en el mismo sentido. Solo en la zona kurda iraquí, en el norte del país, se han registrado 85 ataques en los primeros cuatro meses del año, con un saldo de 70 muertos, 161 heridos y 41 secuestrados, según el ministro de las fuerzas de seguridad de la región. Y en mayo las acciones han ido a más en muchos zonas del país.

Mayor uso de internet

Además de ataques, Daesh ha comenzado a quemar los campos de cereales, lo que puede reducir e incluso acabar con las cosechas y provocar problemas de alimentación en los próximos meses que los terroristas podrían explotar en las redes sociales. Precisamente es ahí donde el yihadismo está obteniendo el mayor beneficio de la pandemia: el endurecimiento de su discurso, con su mensaje de que la COVID-19 es “un castigo de Alá”, encaminado al reclutamiento de futuros guerreros, explica García-Calvo.

Baños también se refiere a los mensajes lanzados por el yihadismo en el sentido de que la pandemia “es un castigo por haber sido malos creyentes” y en los que “se alegran de que ver perjudicado este sistema capitalista o mercantilista de libre comercio”, que consideran “el enemigo”.

En ese contexto, la captación de potenciales combatientes es una prioridad absoluta en un momento en el que se ha disparado el uso de internet. “En términos de radicalización, la distancia social que se nos impone hace que muchos jóvenes, que ahora son su principal objetivo (y las cifras nos dicen que son el colectivo más vulnerable para la reclutamiento), estén más horas en el ordenador y que este medio se utilice para propagar cada vez más su mensaje con el fin de radicalizar a jóvenes de todo el mundo”.

Según la coalición internacional, en Irak, en marzo y abril 6.000 cuentas de Twitter de afiliados a Daesh fueron eliminadas, una labor decisiva “para detener la ola de terrorismo y extremismo” que actualmente asola el país.

García-Calvo también destaca que “la precariedad de los Estados y de sus sistemas de salud y de asistencial social” en muchos de los países donde actualmente más golpea el terrorismo “con huecos que pueden ser utilizados por estas organizaciones”. “Desde una perspectiva asistencialista pueden ganar también las mentes y los corazones de sus potenciales nuevos reclutas”, subraya la experta.