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El terrorismo yihadista provocó más de 9.600 muertos en 2.200 ataques realizados en 2021

Destacan las distintas filiales de Al-Qaeda y Estado Islámico en todo el mundo
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AP/LEKAN OYEKANMI  -   Se está produciendo un aumento de la actividad terrorista en la región del Sahel

África Subsahariana ha pasado a convertirse en "el principal epicentro de la actividad yihadista mundial", en particular el Sahel central -Burkina Faso, Mali y el oeste de Níger- y la cuenca del lago Chad -Nigeria, Níger, Camerún y Chad-, pero con un aumento significativo también de la actividad en la región oriental.

Los grupos yihadistas, principalmente las distintas filiales de Al-Qaeda y Estado Islámico en todo el mundo, se cobraron más de 9.600 muertos en las cerca de 2.200 acciones que llevaron a cabo en 2021, según el último Anuario del Terrorismo Yihadista publicado por el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET).

En concreto, hubo 2.193 atentados y 9.603 víctimas mortales en un total de 36 países, si bien los países de África occidental concentraron el 47% de los atentados y el 44% de las víctimas, con Burkina Faso como el país más castigado, ya por delante de Mali, donde se originó la amenaza en esta región. 

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AFP PHOTO/AGENCIA DE NOTICIAS AAMAQ  -   Miembros del Daesh en Níger, el daesh reivindicó el 16 de mayo de 2019 una emboscada a una patrulla del ejército en Níger en la que murieron al menos 28 efectivos

El dato es ligeramente inferior al de 2020, cuando hubo 9.748 ataques y 2.350 muertos, pero llama la atención el hecho de que pese a que el número de ataques parece ir en declive no ocurre lo mismo con el de víctimas. Así, en 2017 OIET contabilizó 13.634 atentados y 1.459 fallecidos.

Afganistán es un año más el país más golpeado por el terrorismo yihadista, con 599 atentados, y también fue el escenario de uno de los hechos más destacados del último año: la vuelta al poder de los talibanes veinte años después de ser derrocados tras el 11-S.

Respecto a esta cuestión, tanto el director de OIET, Carlos Igualada, como el director del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), Miguel Ángel Ballesteros, se han mostrado convencidos de que Afganistán no volverá a ser el refugio que en su día fue para terroristas de todo el mundo, en particular Al Qaeda, cuyo líder, Ayman al-Zawahiri, se cree que estaría en este país. 

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AFP/ISSOUF SANOGO - Una foto tomada el 21 de septiembre de 2012 muestra a un grupo de islamistas armados reunidos en Gao, la mayor ciudad del norte de Mali

“Lo veo difícil, los talibanes seguro que han aprendido la lección”, ha valorado el jefe del DSN, mientras que Igualada también ha descartado que vuelvan “a caer en el error” de permitir que Al-Qaeda atentara desde el país.

Desde agosto se ha constatado en Afganistán un descenso en el número de atentados, atribuible principalmente al hecho de que los talibanes son quienes gobiernan ahora y por tanto no tienen que hostigar a las fuerzas de seguridad ni tampoco cometer atentados contra la población civil para presionar a las autoridades.

No obstante, en el país también opera Estado Islámico Jorasán, grupo detrás del que fue el atentado terrorista más mortífero de 2021, el ocurrido el pasado 26 de agosto contra el aeropuerto de Kabul en plena evacuación por parte de los países occidentales de sus nacionales y colaboradores afganos. Este ataque dejó más de 170 muertos. 

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AFP/AFP - Mapa en el que se localizan los principales secuestros masivos en Nigeria y otras regiones amenazadas por diferentes conflictos, insurgencia o grupos criminales

Por otra parte, el África subsahariana ha pasado a convertirse en “el principal epicentro de la actividad yihadista mundial”, en particular el Sahel central –Burkina Faso, Malí y el oeste de Níger– y la cuenca del lago Chad –Nigeria, Níger, Camerún y Chad–, pero con un aumento significativo también de la actividad en la región oriental.

El segundo país con más atentados en 2021 fue Burkina Faso (319), seguido por Mali (281) y Nigeria (173). Tras Irak, fuera del continente, en sexta posición en el ranking están Camerún (129) y Níger (115). República Democrática del Congo ocupa la novena plaza, con 61 ataques, seguido por Somalia, con 59, y Mozambique, con 47.

En el Sahel operan tanto la filial de Al-Qaeda (el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes, JNIM), como de Daesh (Estado Islámico en el Gran Sáhara, ISGS), particularmente activos en la zona de la triple frontera entre Burkina Faso, Malí y Níger. 

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AP/JEROME DELAY - Soldados franceses de la fuerza Barkhane que concluyeron su servicio de cuatro meses de servicio en el Sahel, suben a un avión de transporte C130 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y abandonan su base en Gao, Malí, el miércoles 9 de junio de 2021

Aquí, el número de víctimas se ha disparado. Así, Burkina Faso ha superado por primera vez el millar (1.199), mientras que Malí se queda cerca, con 987. En el caso de Níger pasa de 380 fallecidos en 2020 a 910 en 2021.

En los últimos meses, se han producido algunos ataques en países como Costa de Marfil, Benín y Togo, que ponen de manifiesto las aspiraciones expansivas de estos grupos hacia el golfo de Guinea y están obligando a estos países destinar presupuestos y adoptar medidas de lucha antiterrorista. También se estaría extendiendo hacia Senegal, donde se desmanteló este año una célula.

El estudio también apunta a que “uno de los interrogantes por resolver reside en saber si el empeoramiento y el deterioro en términos políticos y securitarios del Sahel occidental puede acabar desestabilizando al Magreb, algo que sin duda alguna incrementaría el grado de amenaza que el terrorismo yihadista representa para Europa”.
En el Magreb, la actividad terrorista en Marruecos, Argelia y Túnez se ha reducido marcadamente en los últimos años tras haber sido “importantes focos de actividad yihadista” y haber registrado atentados de envergadura en el pasado. 

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AFP/ ANNIE RISEMBERG - Un hombre mira los titulares de prensa que anuncian una importante reducción de la presencia militar de Francia en el Sahel, donde las fuerzas han estado luchando contra los insurgentes yihadistas durante casi una década, en Bamako el 11 de junio de 2021

Por otra parte, el OIET reconoce que es “preocupante” la expansión en su actividad por parte de Estado Islámico en África Central (ISCA), presente de forma separada en República Democrática del Congo (RDC) y en el norte de Mozambique, y que en el último año ha llevado a cabo ataques en Uganda y Sudán.

Por lo que se refiere a Irak y Siria, donde en su día Estado Islámico forjó su ‘califato’, el grupo ha intensificado su actividad en el último año, con ataques puntuales, pero también algunas acciones bien orquestadas y planificadas. En Irak, hubo 134 ataques, frente a los 95 del año anterior, mientras que en Siria se produjeron 94, la misma cifra.

En Europa occidental, en 2021 hubo una reducción considerable del número de ataques de inspiración yihadista, en línea con los datos de 2018 y 2019, frente al repunte de 2020, cuando hubo 17 acciones de este tipo. Así, el informe contabiliza cinco ataques con diez víctimas mortales.

OIET ha constatado que los ataques registrados –dos en Francia, uno en Alemania, otro en Noruega y otro en Reino Unido– son obra de terroristas que actúan por cuenta propia tras haber iniciado un proceso de radicalización, en general vía ‘online’. 

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AFP/MARCO LONGARI - En esta foto de archivo tomada el 6 de julio de 2019, un grupo de milicianos fulani está preparado con sus armas, en un campamento informal de desmovilización en Sevare dirigido por Sekou Bolly, un empresario local fulani cuyo objetivo es alejar a los jóvenes fulani de la morse del yihadismo

El hecho de que se trate generalmente de atentados de «bajo presupuesto, escasa planificación y contando con la participación de un único terrorista» se traduce en menor número de víctimas, pero también conlleva «una mayor dificultad para que los responsables de la lucha antiterrorista puedan anticiparse y conseguir evitar que se produzcan», subraya el anuario.

En otro orden de cosas, el informe constata que el 80 por ciento de los ataques más virulentos han sido obra de distintas franquicias de Estado Islámico, en particular la de Afganistán y la que opera en el Sahel. En el caso de Al Qaeda, su filial JNIM está detrás de uno de los ataques más letales del pasado año. Esta franquicia –en realidad una coalición de cuatro grupos– es la más activa junto con AlShabaab en Somalia.