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Elogio del desterrado (en memoria de Adam Zagajewski)

El poeta polaco falleció recientemente y sufrió el destierro
Atalayar_Adam Zagajewski

AP/MARIJAN MURAT  -   El autor polaco Adam Zagajewski. Adam Zagajewski, que escribió un poema que llegó a simbolizar el sentimiento de conmoción y pérdida del mundo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, murió en Cracovia el domingo 21 de marzo de 2021

Sirvan estas breves líneas para recordar, en la hora de su muerte, al poeta polaco Adam Zagajewski, a partir de la evocación de las reflexiones que nos ha legado en sus poemarios y textos en prosa sobre la condición del desplazado y del exiliado.

Zagajewski, fallecido el pasado domingo 21 de marzo, nació en Lvov en 1945. Al concluir la segunda guerra mundial, estas tierras fronterizas del este de Polonia pasaron a la Unión Soviética (Lvov pertenece hoy a Ucrania), lo que provocó que su familia fuera expulsada por los soviéticos y se asentara en 1946 en Gliwice, ciudad a su vez perteneciente a la Silesia alemana que, a consecuencia también del fin de la guerra, pasó a formar parte de Polonia. La guerra, pues, marcó su condición de desplazado desde sus primeros años. Mucho tiempo después, en 1982, Zagajewski sumó a esta la de exiliado, al marchar a París y luego a Estados Unidos, para volver a Polonia tras el fin del régimen comunista (ya en 2002).

La meditación sobre la impronta que el destierro deja en la personalidad de quien lo experimenta es uno de los elementos presentes en su literatura, y a ella me quiero referir en estas páginas, dedicadas habitualmente a los asuntos migratorios. Y es que para Zagajewski, como recordaba Juan Cruz en el obituario publicado en El País (21 de marzo), la poesía es cosa de emigrantes, de “aquellos desdichados que, con un patrimonio ridículo, se balancean al borde del abismo, a caballo entre continentes”.

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AP/ALVARO BARRIENTOS - En esta foto de archivo del viernes 20 de octubre de 2017, el escritor y poeta polaco Adam Zagajewski, a la izquierda, recibe el premio Princesa de Asturias de las Letras, entregado por el rey español Felipe VI

En uno de sus textos autobiográficos finales, ‘Una leve exageración’ (publicado en español por Acantilado en 2019, la edición original es de 2015), se refiere a los desterrados, inspirándose en las vivencias de la comunidad polaca que se estableció en Silesia, abandonando su Lvov natal, en 1946, el grupo humano que constituyó su entorno vital y cuya experiencia le marcó de por vida y encauzó su imaginación. 

Para Zagajewski, la pérdida que sufre el desterrado es también un don: solo cuando sentimos la ausencia de lo que nos era cotidiano (un ámbito geográfico: un paisaje, una ciudad; una historia compartida en ellos situada) somos conscientes de lo perdido, nos hacemos una idea certera de su auténtica dimensión. Las familias que nunca han sido desplazadas, que viven desde generaciones en la misma ciudad, las que nunca han perdido nada, no se dan cuenta de lo que tienen: “La estabilidad es quizá un bien deseable, pero carece de interés poético”.

Los desterrados son “portadores de una inquietud, de un misterio”, “guardan un secreto”, “llevan un abismo en su interior, una carencia, una añoranza”, todo ello aproxima mucho su espíritu al del artista, pues “tienen con qué vivir, disponen de grandes reservas de sentido de la vida, porque una gran pérdida es al mismo tiempo una gran oportunidad”. De ahí la concepción de la pérdida como un don: la paradoja de sus vidas es que la pérdida las llenas de significado.

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AFP/MIGUEL RIOPA - El poeta polaco Adam Zagajewski tras recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017 durante la entrega de los Premios Princesa de Asturias en el Teatro Campoamor de Oviedo el 20 de octubre de 2017

Zagajewski no se considera a sí mismo un desterrado, sino un privilegiado observador, desde su infancia, de la vivencia del destierro en la comunidad a la que pertenecía. Su generación no ha sufrido la pérdida de Lvov en primera persona, pero sí ha visto a sus mayores deambular por las calles de Gliwice como sonámbulos, añorando la “Ciudad”. El destierro no se hereda, o solo indirectamente, aunque el autor no puede evitar creer que exista un vínculo entre lo que vio de pequeño y su trayectoria vital. No es un desterrado, pero tampoco un sedentario, pertenece a una generación intermedia, transitoria y por ello más difícil de delimitar.

Aunque Zagajewski escribe en todo momento a partir de su experiencia individual y subjetiva, lo esencial de sus reflexiones puede ser extrapolable a otros individuos y grupos humanos, en contextos geográficos e históricos diferentes: así ocurre, por ejemplo, con lo que se refiere a la marca profunda que deja en los caracteres el abandono involuntario y forzado del lugar donde estamos arraigados; o, de igual modo, con las distintas perspectivas generacionales que se dan en las comunidades de desplazados una vez instalados en el país de acogida.

El lector interesado puede encontrar publicada en la editorial Acantilado la mayor parte de su obra, galardonada, entre otros premios, con el Princesa de Asturias de las letras en 2017.

Luis Guerra, catedrático de Lengua Española en la Universidad Europea de Madrid, es uno de los investigadores principales del proyecto INMIGRA3-CM, financiado por la Comunidad de Madrid y el Fondo Social Europeo.