Erdogan carga contra la UEFA por el cambio de sede para la final de la Champions League

El Estadio Olímpico Atatürk de Estambul iba a acoger la final antes de ser trasladada a Oporto
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha cargado este miércoles contra la UEFA por el traslado de la final de la Champions League de Estambul a Oporto.  PHOTO/REUTERS

PHOTO/REUTERS  -   El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha cargado este miércoles contra la UEFA por el traslado de la final de la Champions League de Estambul a Oporto

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha cargado este miércoles contra la UEFA por el traslado de la final de la Champions League de Estambul a Oporto. Erdogan calificó la decisión como “política” y arremetió contra la organización: “Hace dos años se nos notificó la decisión de que la Champions League se jugaría en Turquía, pero las cosas cambiaron bruscamente cuando dos equipos ingleses se clasificaron para la final”, declaró en una comparecencia televisada.

“No pudimos seguir el ritmo de lo que el primer ministro británico [Boris Johnson] ha hecho desde entonces, ha presionado mucho en este asunto”, reveló el presidente turco. La Federación otomana trató de convencer a los emisarios de la UEFA y a los ministros británicos para revocar la medida, sin éxito. A cambio, Estambul recibió la promesa de acoger la final de la Liga de Campeones en 2023, según trasladó el propio Erdogan. 

En principio, el Estadio Olímpico Atatürk iba a ser el escenario del partido más importante del continente, y posiblemente de la temporada, que enfrenta al Chelsea contra el Manchester City el próximo 29 de mayo. Sin embargo, el Gobierno británico incluyó a Turquía en la “lista roja” de viajes por su situación epidemiológica con el fin de evitar desplazamientos. 

El Secretario de Transporte británico, Grant Shapps PHOTO/TOLGA AKEMN via AP
PHOTO/TOLGA AKEMN via AP-El Secretario de Transporte británico, Grant Shapps

El ministro de Transporte de Reino Unido, Grant Shapps, manifestó que las aficiones de ambos clubes “no deberían viajar a Turquía para la final”, ya que estos destinos “no deberían ser visitados excepto en las circunstancias más extremas”. El titular de Transporte recordó, además, que los ciudadanos británicos deberían permanecer en cuarentena durante 10 días a la vuelta de la expedición. También los propios futbolistas, un factor que podría perjudicar a su preparación de cara a la Eurocopa 2020 que da comienzo el próximo 11 de junio. 

Por este motivo, el gabinete de Boris Johnson se puso manos a la obra para convencer a la UEFA del cambio de sede. El propio Shapps admitió previamente que el Gobierno británico estaba “abierto” a acoger el encuentro y, finalmente, el Ejecutivo ofreció el Estadio de Wembley como recinto alternativo para la final. No obstante, las delegaciones no pudieron alcanzar un acuerdo por el mantenimiento del periodo de cuarentena requerido en Reino Unido, según anunció la UEFA.

En su lugar, Federación Portuguesa de Fútbol intervino en connivencia con las autoridades lusas para ofrecer un emplazamiento apropiado para la final. La presencia del país en la “lista verde” del Gobierno británico unido a la carencia de periodo de cuarentena obligatorio a la vuelta de los aficionados a Reino Unido decantaron la balanza en favor de la sede de Oporto. 

Vista general del estadio Dragao en Oporto, Portugal. Se ha despejado el camino para que Oporto organice la final de la Liga de Campeones entre el Chelsea y el Manchester City, después de que las autoridades portuguesas hayan aprobado el regreso de los aficionados a los estadios AP/LUIIS VIEIRA
AP/LUIIS VIEIRA-Vista general del estadio Dragao en Oporto, Portugal. Se ha despejado el camino para que Oporto organice la final de la Liga de Campeones entre el Chelsea y el Manchester City, después de que las autoridades portuguesas hayan aprobado el regreso de los aficionados a los estadios

Por lo tanto, la UEFA hizo oficial la semana pasada el cambio de sede para la final de la Champions League. Se trata del segundo año consecutivo que la organización decide cambiar el emplazamiento del encuentro a causa de la COVID-19. El Estadio do Dragão acogerá la final en sustitución de la sede de Estambul, recordada por la mítica final de 2004 entre el Milán y el Liverpool.  

Erdogan y Johnson, disputa por la sede

El abrupto cambio de sede supone otro duro golpe para las aspiraciones de Turquía en materia económica. Más allá del plano futbolístico, las finales de Champions generan una activación sin precedentes del sector turístico y comercial en las ciudades. La final de Lisboa de 2014, que enfrentó al Real Madrid y al Atlético de Madrid, provocó que la capital lusa ingresara un total de 46 millones de euros. 

La pandemia redujo al mínimo la presencia de espectadores en el estadio durante la final del curso pasado, sin embargo, este año se calcula que serán 12.000 los aficionados que ocupen las gradas del estadio portuense. Un caramelo suculento para cualquier economía local en tiempos de bloqueo turístico, más aún para la ya de por sí perjudicada economía turca.

Estadio Olímpico Ataturk, en Estambul PHOTO/AP
PHOTO/AP-Estadio Olímpico Ataturk, en Estambul

La decisión tomada por la UEFA ha sido objeto de fricciones entre Londres y Ankara, después de que el presidente turco interpretase como una afrenta el traslado. A pesar de la indeterminación de los últimos meses, las relaciones entre ambos Estados han sido fluidas. Los dos parten de posturas contrarias a la Unión Europea y sellaron en diciembre de 2020 un acuerdo de libre comercio. 

Reino Unido es el segundo mercado de exportación de Turquía e, incluso, asciende al primer puesto en el sector de los electrodomésticos. El Consejo Empresarial para las relaciones entre ambos países estimó un aumento del 30% a raíz de este acuerdo, y situar el volumen en los 20.000 millones de dólares para el año 2023.

El primer ministro británico, Boris Johnson PHOTO/MATT DUNHAM
PHOTO/MATT DUNHAM-El primer ministro británico, Boris Johnson

La relación entre el primer ministro británico, Boris Johnson, y el presidente Erdogan no comenzó con buen pie. Johnson ganó en 2016 –antes de llegar a Downing Street– un premio de 1.000 libras por un poema satírico sobre el presidente de Turquía en el que tenía sexo con una cabra 

El artículo fue publicado en la revista The Spectator en respuesta a la orden preliminar de un tribunal de Hamburgo que prohibía la reedición de una sátira ofensiva sobre el presidente turco realizada por el cómico Jan Böhmermann. “Si alguien quiere hacer un chiste sobre el amor que florece entre el presidente turco y una cabra, debería poder hacerlo, en cualquier país europeo, incluida Turquía”, afirmó Johnson en una entrevista.