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Erdogan envía tropas a la frontera con Irán para impedir el acceso de refugiados afganos

Turquía blinda sus fronteras ante el temor de una nueva crisis migratoria y alega ser incapaz de acoger más desplazados
turquia afganistan refugiados

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La amenaza de una nueva crisis migratoria provocada por la toma de poder talibán en Afganistán ha desencadenado una batería de reacciones dispares en Europa. Uno de los posicionamientos clave ha sido el de Turquía, definido por el presidente Erdogan, que actúa como puerta de entrada al viejo continente. Hasta el momento, el Gobierno turco ha rechazado de plano el ingreso de miles de refugiados afganos en el país y comienza a blindar sus fronteras para evitar a toda costa la entrada de nuevos migrantes.

El mandatario otomano declaró el domingo que Turquía “no sería el almacén de refugiados de Europa”, rehusando interpretar el papel que ya ejerció durante la crisis migratoria de 2015, causada a su vez por la guerra de Siria. En la actualidad, el país alberga a un total de 4 millones de desplazados de ese país, una de las cifras más elevada del mundo, según Naciones Unidas. Además, Turquía acoge hoy a un total de 182.000 afganos, por lo que Ankara asegura ser incapaz de hacerse cargo de más migrantes.

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Bruselas interpretó las declaraciones como un órdago de Erdogan de cara a una futura negociación para la renovación del acuerdo migratorio, sin embargo, la Unión Europea es consciente de las dificultades que atraviesa el mandatario turco. La situación económica en Turquía es delicada a raíz de la devaluación de la lira y de la galopante inflación. Unas condiciones que empeoran el nivel de vida de los ciudadanos y que, a su vez, alimentan el sentimiento anti inmigratorio en el país.

El líder otomano mantuvo el domingo una conversación telefónica con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, para trasladarle formalmente la posición de Ankara. “No se debe esperar que asumamos la responsabilidad de terceros países”, sentenció Erdogan. El dirigente aprovechó para cargar contra la actuación de los Estados miembro en las labores de evacuación en Kabul: “Solo abren sus puertas a una ínfima parte de las personas que les han servido y están necesitadas”.

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Mientras, decenas de miles de desplazados afganos se dirigen a la frontera turca a través de Irán con el objetivo último de llegar a Europa. ACNUR cifra en 400.000 el número de ciudadanos afganos desplazados desde principios de año, aunque tan solo una parte ha conseguido abandonar el país. La respuesta del Ejecutivo turco ha consistido en un blindaje total ante la llegada de migrantes. El ministro de Defensa, Hulusi Akar, dio por terminada la primera parte de la construcción del muro fronterizo que marca la divisoria entre la República Islámica y Turquía, y anunció el envío de tropas a la zona.

Turquía teme hacer frente a un nuevo alud migratorio. Un hecho que explica la edificación de un muro de por ahora 155 kilómetros de ancho y tres metros de altura adornado con zanjas, alambradas y patrullas de seguridad las 24 horas del día. Sin embargo, las condiciones no impiden los intentos de los desplazados por cruzar la muralla. Hasta el momento, las Fuerzas turcas han impedido el acceso de 69.000 migrantes y han detenido a más de 900 sospechosos de cometer trata de personas.

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Los otomanos no han sido los únicos en construir muros. Su vecina Grecia ha levantado una valla de 40 kilómetros en la frontera con Turquía equipada con un sistema de vigilancia. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, también conversó con Erdogan acerca del tema y convinieron en endurecer el acceso. Ambos países asumieron gran parte de la crisis migratoria de 2015, y evitan hacerse cargo del nuevo escenario en contra de las recomendaciones expedidas por los grupos de ayuda humanitaria y en defensa de los Derechos Humanos.

Ankara acordó en 2016 soportar la carga de migrantes que tratasen de entrar en Europa y cortar las nuevas rutas migratorias. Como contraprestación, Bruselas extendería un montante de 6.000 millones de euros en ayudas, reduciría las restricciones de visado para los ciudadanos turcos y acercaría posturas para el ingreso de Turquía en la Unión. Un lustro después, la retórica de Bruselas ha cambiado de signo. El sucesor de la canciller alemana Angela Merkel, Amin Laschet, se pronunció en contra de acoger una nueva ola de refugiados. El auge de los movimientos de extrema derecha a lo largo y ancho del continente, la amenaza terrorista y una lista de consecuencias contraproducentes atenaza a los dirigentes.

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No es, sin embargo, Europa quien carga con el peso mayoritario de los refugiados afganos. Los números revelan que, en la actualidad, cerca de un millón y medio de afganos viven en Pakistán. Se trata de la tercera población de refugiados más grande del mundo, sin tener en cuenta que Naciones Unidas calcula un número aún más elevado, superior incluso a los tres millones. Un país con el que Ankara espera establecer una vía de cooperación en esta materia.