Estados Unidos refuerza su presencia en Arabia Saudí frente a Irán

La Cámara de Representantes votará este jueves para derogar el uso de la fuerza militar en Irak
El general de la Marina, Frank McKenzie, se reúne con las tropas en la Base Aérea del Príncipe Sultán en Arabia Saudí, el 29 de enero de 2020

PHOTO/AP/LOLITA BALDOR  -   El general de la Marina, Frank McKenzie, se reúne con las tropas en la Base Aérea del Príncipe Sultán en Arabia Saudí, el 29 de enero de 2020

Recientemente, “han aparecido cientos de carpas y un escuadrón recién llegado de cazas F-15E de la Fuerza Aérea de Estados Unidos” en la Base Área del Príncipe Sultán, ubicada en el centro de Arabia Saudí, próxima a la ciudad de Al Kharj. Así lo ha desvelado Associated Press, lo que ofrece una prueba de que el gigante norteamericano ha escogido al Reino como escenario del refuerzo de la presencia estadounidense en Oriente Medio. 

Los cazas tienen el objetivo de realizar misiones diarias tanto en Irak, epicentro de la escalada de tensiones entre EEUU e Irán, como en Siria, donde la guerra no cesa. Junto con este envío, también se han activado dos baterías de misiles Patriot con nueve lanzadores de proyectiles cada una dentro del sistema de defensa antiaérea del recinto militar.

De acuerdo con el analista Chad Garland, en Stars and Stripes, el despliegue se produjo a principios de este mes, en las horas después de la ofensiva estadounidense que acabó con la vida del general iraní Qassem Soleimani y del vicepresidente de las milicias iraquíes pro-iraníes Abu Mahdi al-Muhandis. En concreto, llegaron a la instalación aviones pertenecientes al Escuadrón de Caza Expedicionario 494, denominado como ‘Mighty Black Panthers’, que estaban afincados en Reino Unido. 

Desde el verano pasado, más de 2.500 efectivos estadounidenses han llegado a la base. Actualmente, las tropas se contabilizan en 3.000, lo que implica un incremento exponencial en menos de un año, todo ello debido al recrudecimiento de la animadversión hacia la República Islámica por parte del bloque representado por EEUU y sus socios árabes, como Emiratos Árabes Unidos (EAU) o la propia Arabia Saudí. “El regreso de las fuerzas estadounidenses a la Base Aérea del Príncipe Sultán es uno de los signos más dramáticos de la decisión de EEUU de reforzar las tropas en Oriente Medio en respuesta a las amenazas de Irán”, explica el analista de seguridad Robert Bruns en AP.

En esta línea, para el general de la Marina Franck McKenzie -el más alto comandante de EEUU para Oriente Medio-, la base se erige como un “objetivo complicado para que Teherán golpee y proporción una ubicación remota para las tropas estadounidenses, los aviones de combate y otros activos”. “Nuestra presencia aquí envía una señal a Irán de que EEUU es serio y nos da más opciones para cualquier acción militar en la región”, ha declarado recientemente el alto mando militar. El portavoz del Ejército Joshua Daniels ha concretado, a este respecto, que los F-15E movilizados “aportan disuasión adicional y capacidades defensivas a la región”.

Un caza F-15E de la Fuerza Aérea de EEUU asignado al Escuadrón de Caza Expedicionario 494 despega en la primera salida en combate en 17 años desde la Base Aérea del Príncipe Sultán, Arabia Saudí, el 8 de enero de 2020
PHOTO/MICHAEL CHARLES/U.S. AIR FORCE - Un caza F-15E de la Fuerza Aérea de EEUU asignado al Escuadrón de Caza Expedicionario 494 despega en la primera salida en combate en 17 años desde la Base Aérea del Príncipe Sultán, Arabia Saudí, el 8 de enero de 2020

Cabe recordar, en este punto, que el secretario de Defensa estadounidense, Mark T. Esper, ya había autorizado en el pasado otoño el envío al Reino de dos escuadrones de combate, un ala aérea, cuatro baterías de misiles Patriot y un sistema de defensa aérea. La Administración Trump tomó esta decisión después de los ataques que se produjeron contra el corazón petrolero del país del Golfo, Saudi Aramco, y que golpearon fuertemente al negocio del crudo mundial. 

Desde entonces, Riad ha estado solicitando protección a Washington. En una entrevista concedida a Fox News, el presidente estadounidense, Donald Trump, admitió, el pasado 11 de enero, que Arabia Saudí había pagado por obtener una mayor presencia de personal de servicio procedente de EEUU en su territorio. “Nos están pagando por nuestras tropas. Tenemos una muy buena relación con ellos. Les dije, sois un país más rico. ¿Queréis más tropas? Os las voy a enviar, pero tenéis que pagarme. Y lo han hecho. Ya han depositado más de 1.000 millones de dólares en nuestras arcas”, fueron las palabras textuales del mandatario. 

Una semana más tarde, Middle East Eye revelaba, citando a la portavoz del Pentágono, Rebecca Rebarich, que Arabia Saudí había pagado a EEUU 500 millones de dólares en diciembre para cubrir el coste de las tropas estadounidenses estacionadas en el Reino. Esta transacción “fue la primera contribución en una asociación de reparto de cargas entre los dos países para apoyar la seguridad regional”, declaró la funcionaria.

Más recientemente, en concreto este lunes, el ministro de Asuntos Exteriores saudí, Faisal bin Farhan Al Saud, ha declarado que su país no quiere que las tropas estadounidenses abandonen la región, porque pueden volverla más insegura, en una entrevista concedida a la CNN. “EEUU ha demostrado una y otra vez ser un aliado confiable del Reino, y este también es el caso de la Administración Trump”, ha indicado el responsable de la diplomacia. 

Cabe destacar que estos movimientos del gigante norteamericano en Oriente Medio solo están siendo bienvenidos por sus socios tradicionales. Otros países, fundamentalmente Irak, abogan por la salida de los efectivos estadounidenses de la región, sobre todo, a raíz de la muerte de Soleimani el pasado 3 de enero. La posterior respuesta de Irán, con un ataque contra la base iraquí de Al-Asad -que dejó un saldo de 50 militares estadounidenses heridos, como se ha reconocido recientemente- provocó que Trump diera la orden de desplegar otros 3.000 soldados en diferentes zonas de la región como medida de precaución. 

Esto fue inmediatamente rechazado por Bagdad, tanto por el pueblo, que ha llenado las calles en sucesivas ocasiones para exigir el fin de la injerencia extranjera, como por las autoridades, que estaban viendo como su territorio se había convertido en un campo de batalla sin poder hacer nada para detenerlo. Así, el Parlamento iraquí aprobó el primer paso para la expulsión definitiva de las tropas extranjeras, incluyendo las estadounidenses. La moción fue posteriormente remitida al primer ministro, actualmente en funciones, Adel Abdul Mahdi y, hasta el momento, no se han conocido más avances significativos.

Para el analista Sajad Jiyad en War on the Rocks, “Irak aún podría obligar a Estados Unidos a salir”, porque lo único que se necesita para aprobar esto es “un pedazo de papel por parte de ellos”. “Dos semanas después de la caída de Mosul ante Daesh, la Administración Obama recibió un documento y autorizó a las fuerzas estadounidenses a desplegarse en Irak. Cinco años y medio después, una hoja de papel también determinará si las tropas estadounidenses permanecen o salen de Irak”, explica Jiyad. “Entonces, para que se ordene la salida de los efectivos, todo lo que se requiere es que el Gobierno iraquí notifique al Gobierno de Estados Unidos, a través de un aviso formal del Ministerio de Relaciones Exteriores, que la solicitud de asistencia de junio de 2014 se rescinde, lo que es, en esencia, una segunda hoja de papel que cancele la primera”, añade al respecto. 

Este jueves puede producirse, por otra vía, un paso significativo sobre esta materia. Está previsto que la Cámara de Representantes vote, por un lado, para derogar la autorización para el uso de la fuerza militar en Irak (AUMF, por sus siglas en inglés), aprobada en 2002 tras el 11-S, y, por otro lado, para bloquer los fondos dispuestos para librar una guerra con Irán, que tendría lugar, presumiblemente, en territorio iraquí.

La Casa Blanca ya ha mostrado su rechazo categórico a esta votación, porque la cual, de aprobarse, socavaría “la capacidad del presidente para defender las fuerzas e intereses de EEUU en la región contra las amenazas en curso de Irán y de los representantes patrocinados por Irán”. La legislación, una vez sea ratificada en el Congreso -lo que es bastante probable por la mayoría demócrata- deberá pasar al Senado, donde sucedería lo contrario por la mayoría republicana. Además, Trump también se reserva el derecho de veto.