Estalla la pesadilla del retorno de los terroristas a sus países de origen

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Pedro Canales

Pie de foto: Fuerzas policiales tunecinas durante una operación antiterrorista.

Miles de individuos que han ido a guerrear a los campos de batalla de Oriente, Siria e Irak principalmente, procedentes de los países del norte de África, en nombre de un Yihad manipulado y pervertido, comienzan a volver a sus países de nacimiento.

Ninguno de los países del Magreb por sí solo tiene la capacidad de hacer frente a la repatriación del terror: solo la cooperación regional y la ayuda internacional pueden hacer frente al fenómeno, el más inquietante de los últimos decenios. La masacre terrorista perpetrada en la discoteca de Estambul y el miedo que recorre Europa frente a un posible atentado, están cambiando la percepción del fenómeno terrorista/yihadista. Occidente y muchas capitales árabo-musulmanas han creado un monstruo que se ha convertido en enemigo de la Humanidad.  

Túnez

El primer país de la región en el que ha estallado la polémica es Túnez. El ministro del Interior, Hedi Majdoub, ha cifrado en 10.000 el número de tunecinos enrolados en el siniestro ‘Estado Islámico’ desperdigados en varios frentes, de ellos 2.000 en Siria. Fuentes oficiales tunecinas estimaron hace unos días que había llegado el momento de su retorno, y que la Constitución les da todos los derechos de hacerlo. El escándalo estalló y ha sido tal la marea de protesta de la sociedad civil y de la clase política, que el propio presidente Beji Caïd Essebsi ha tenido que salir a desmentir la anunciada “repatriación inmediata” de los terroristas, al menos por cuenta de las arcas del Estado.

La bronca generada en la sociedad tunecina se ha visto amplificada y justificada, al conocerse que de nuevo es un tunecino, Anis Amri, el principal sospechoso de haber provocado la masacre de Berlín. Bronca que se va transformando en inquietud y preocupación creciente al estimarse, como ha hecho Ridha Sfar, ex ministro delegado a la Seguridad, que a pesar de los hallazgos de importantes depósitos de armas de guerra en el sur-este del país, una buena parte de los zulos terroristas siguen intactos. El general retirado Mohamed Nafti, un conocido especialista en antiterrorismo, afirma que entre dos mil y tres mil terroristas van a volver próximamente, y que las autoridades tunecinas no tienen capacidad para gestionar su retorno. Los yihadistas que vuelvan al país, todos ellos fichados por el Ministerio del Interior, arrepentidos o no, ingresarán en prisión, afirma el primer ministro Yousef Chahed. Pero serán una minoría. En cuanto al resto, la opinión pública sigue alarmada porque la mayoría entrará al país de forma clandestina o con falsos papeles.

El riesgo no es sólo la vuelta de estas bombas humanas, estima el general Nafti, sino sus actividades futuras y la ayuda que puedan suministrar a las células durmientes yihadistas y a los grupos terroristas activos en las zonas fronterizas. Además, no sólo volverán los que se consideran ellos mismos “combatientes del Yihad”, sino sus mujeres, niños y bebés, para los que no existe ninguna estructura social de acogida preparada. Muchos de los terroristas han cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, y deberán ser llevados a los tribunales. Pero eso exige, además de la necesaria cuarentena junto al resto de sus cómplices, un tratamiento pormenorizado, investigaciones, una acción constante de los servicios de inteligencia. En suma, Túnez se enfrenta a un problema que sobrepasa su capacidad material y humana, y deberá buscar el apoyo y la cooperación internacional.

Todos los expertos coinciden en señalar que los días del autodenominado ‘Estado Islámico’ están contados, en Irak, en Siria y en Libia, por lo que el problema necesita urgente solución. Para hacer frente al mismo, las fuerzas especiales tunecinas se encuentran en estado de alerta, las autoridades también. El sistema de prevención y de lucha antiterrorista, que era considerado eficaz en la época de la dictadura policial del general Ben Ali, ha sido desmantelado, sufriendo los embates de la disputa partidaria. Muchos presos han sido excarcelados, incluidos los condenados por actos terroristas desde que estalló la Revolución del Jazmín en 2011. En las mezquitas que escapan al control de las autoridades, los reclutadores para el Yihad hacen su agosto. El paro es endémico y el turismo se ha hundido dejando a cientos de miles de tunecinos en la precariedad. Lo que explica las preocupantes cifras dadas por las autoridades sobre el enrolamiento yihadista.

 

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Pie de foto: Policías marroquíes en una operación contra Daesh.

Marruecos

También Rabat se ve confrontada a la vuelta al país de los yihadistas que partieron al frente sirio-iraquí. En los últimos meses, las autoridades del Reino han desmantelado bastantes células terroristas en diferentes ciudades en las que se encontraban un buen número de retornados. De los 3.000 marroquíes que se calcula juraron fidelidad al autodenominado califa Aboubakar al Baghdadi y su ‘Estado Islámico’, no menos de 500 han permanecido activos en el frente militar. Muchos de ellos, según fuentes marroquíes, estarían dispuestos a volver al país. El Buró Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ), uno de los varios servicios secretos del Reino de Mohamed VI, cree que ya han regresado 198. A su vuelta son directamente detenidos.

Una medida saludable y necesaria, pero que difícilmente se podría aplicar si el número de repatriados se multiplica por diez. Los servicios de inteligencia del Reino Alauita creen por otra parte que aumenta el número de desertores marroquíes de las filas del autodenominado ‘Estado Islámico’, machacados por los bombardeos que presagian el fin del espejismo califal, lo que aumenta el riesgo que genera para Marruecos.

El último informe elaborado por el Counter Terrorist Center (CTC) estima en un 60% el porcentaje de los combatientes extranjeros que han desertado el frente de batalla y vuelto, una gran parte de ellos, a sus países de origen. Uno de los motivos es que cada día constatan más claramente que son utilizados como carne de cañón por los “dirigentes” sirios e iraquíes que prefieren alejarse de la primera línea de fuego. Una mayoría de combatientes marroquíes afiliados al ‘Estado Islámico’ proceden del norte de Marruecos y consiguieron llegar a Siria e Iraq viajando a Turquía y entrando con bastante facilidad y complicidad en su momento de las autoridades de Ankara por la frontera turco-siria. Hoy emprenden el camino de vuelta, pero los servicios antiterroristas alauitas disponen al parecer de detallados expedientes de cada uno.

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Pie de foto: Militares argelinos patrullan en la frontera de su país con Libia.

Argelia

En Argel, a pesar de la eficacia de los servicios antiterroristas y del despliegue militar sin precedentes a lo largo de sus más de seis mil kilómetros de fronteras, preocupa la penetración de comandos terroristas procedentes de Libia y del Sahel, que podrían prestar apoyo a los núcleos yihadistas aún persistentes en la Cabilia, y en las zonas montañosas del este dl país. La incautación de numeroso armamento de guerra en varias operaciones llevadas a cabo en el sur desértico del país, en zonas cercanas a las fronteras con Malí, Níger y Libia, ha obligado al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas a aumentar su despliegue operativo. Solamente en la linde con Túnez y Libia hay desplegados no menos de 15.000 militares.

Las medidas de perdón y reconciliación nacional puestas en marcha por el régimen argelino desde comienzos del 2000, no han surtido el efecto esperado. Y aunque el número de combatientes argelinos en las filas del Daesh es mucho menor que el procedente de sus países vecinos, Marruecos y Túnez, los casi medio millar de veteranos argelinos que partieron a la Yihad en oriente, suponen un peligro real para el país magrebí.

Entre los 160 terroristas abatidos o detenidos en 2015 y otros tantos en 2016, muchos de ellos son retornados, otros veteranos yihadistas fichados por los servicios y otros arrepentidos que abandonaron el maquis tras la promulgación de la Carta de Reconciliación Nacional por el presidente Abdelaziz Buteflika