Estambul, ciudad de sueños y de fracasos

‘Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo’ es la última obra maestra de la autora turco-británica Elif Shafak, finalista del Premio Booker
La autora turco-británica Elif Shafak posa con su libro ‘Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo’

AFP/TOLGA AKMEN  -   La autora turco-británica Elif Shafak posa con su libro ‘Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo’

Hace dos años un equipo de expertos de la Universidad Estatal de Nueva York publicó un estudio en el Official Journal of the European Resuscitation Council que demuestra que la actividad cerebral se mantiene activa unos diez minutos después de que el corazón deje de latir. A partir de esta premisa, Elif Shafak nos cuenta la historia de Leila o Tequila Leila, como la conocían sus amigos, una mujer que en sus últimos instantes en este mundo reflexiona sobre la fugacidad de la vida y sobre el pasado y futuro de Estambul. “Le costaba creer que su existencia mortal hubiera llegado a su fin. El día anterior, sin ir más lejos, había cruzado el barrio de Pera, y su sombra se había deslizado por calles que llevaban el nombre de jefes militares y héroes nacionales, calles con nombre de varón. (...) La Estambul que Leila había conocido no era la Estambul que el Ministerio de Trabajo habría querido que vieran los extranjeros”.

En tan solo 365 páginas la autora se convierte en una guía capaz de descubrirnos algunos de los lugares que han formado parte de la historia de Turquía: el hotel Intercontinental, el cementerio de los Abandonados, la plaza Taskim o el puente del Bósforo. “El Cementerio de los Solitarios existe y crece a marchas forzadas. En los últimos tiempos han recibido sepultura en él cada vez más refugiados que se han ahogado en el mar Egeo al tratar de llegar a Europa. Sus tumbas, como todas las demás, tienen solo un número, rara vez un nombre”, aclara la autora al acabar el libro.

Elif Shafak tiene la habilidad de trasladarnos a la mente de la protagonista. Mientras contamos minuto a minuto el tiempo hasta su muerte, tenemos la oportunidad de descubrir cómo ha sido su vida.  “La gente creía que una persona se convertía en cadáver en cuanto exhalaba su último aliento. Sin embargo, los límites nunca eran tan nítidos. Del mismo modo que había numerosos tonos entre el negro azabache y el blanco deslumbrante, existían multitud de fases en eso que se denomina ‘descanso eterno’”, advierte la protagonista al principio de la novela. 

De la mano de Leila saborearemos algunos de los manjares típicos de Turquía como el baklava de pistacho o los conocidos lokum y nos sentiremos por unos instantes como ciudadanos de Estambul. La autora de esta obra tiene la habilidad de dar sabor a las palabras y sonido a las letras. A través de una narrativa única, Elif Shafak comienza cada capítulo recordando alguno de los olores o sonidos que han marcado su existencia, desde el café de cardamomo hasta el sabor de la sandía, pasando por el olor del estofado de cabrito espaciado o el sabor de los bombones de chocolate. 

A lo largo de su vida, Leila aprendió el significado que esconden las palabras amistad, amor y sufrimiento. El primer recuerdo que viene a la cabeza de la protagonista de esta historia tiene que ver con su nacimiento en una sociedad donde los hombres tenían derecho a tener varias mujeres. Poco a poco Leila irá creciendo y soñando con ser feliz en Estambul; sin embargo, la ciudad de sus sueños fue uno de los lugares que más le hizo sufrir. Durante esta obra la autora nos habla de los abusos y las mentiras que formaron parte de la sociedad turca durante la segunda mitad del siglo XX. 

Uno de los acontecimientos que marcó la vida de la protagonista fue la masacre del Día del Trabajador de 1977 en la Plaza Taksim. Aquel día murieron más de 30 manifestantes que salieron a la calle a reivindicar sus derechos. Después del ataque, más de 500 manifestantes fueron detenidos y 98 fueron procesados. “Unos minutos antes habían estado al timón de la historia, cambiando el mundo, derribando el sistema..., y ahora los perseguían y daban caza sin brindarles siquiera la oportunidad de ver el rostro de sus asesinos. Al día siguiente, dos de mayo, en los alrededores de la plaza Taksim se recogieron unas dos mil balas. Se informó de que más de ciento treinta personas habían resultado heridas de gravedad”, reflexionaba la protagonista 

Desde entonces la plaza Taksim ha sido escenario de violencia en reiteradas ocasiones, a pesar que desde 1980 hasta 2012, se prohibieron las manifestaciones del uno de mayo. El último incidente ha tenido lugar hace apenas diez días cuando la Policía antidisturbios turca decidió intervenir con gases lacrimógenos una marcha feminista que se estaba celebrando en la céntrica calle Istiklal de Estambul. Más de 40 años después Turquía utiliza otros mecanismos además de la violencia para acabar con la libertad de expresión. Y por ello, durante los últimos años, el Ejecutivo liderado por Recep Tayyip Erdogan ha consentido que se produzcan persecuciones y agresiones contra periodistas por el simple hecho de informar. 

La desigualdad de género de la que habla la autora en esta obra haciendo una crítica mordaz no ha desaparecido en Turquía.  El Comité Central de Mujeres de la Asociación de Derechos Humanos de este país publicó un comunicado hace apenas seis meses que lamenta que las “disposiciones de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que Turquía ratificó y puso en vigor en 1985, no se están aplicando”. Este comité asegura que “solo se puede proteger a las mujeres de la violencia masculina a través de medidas políticas centradas en la igualdad de género”. “Una de las razones por las que hay una cifra tan alta de mujeres que son víctimas de la violencia es la renuencia e incluso los impedimentos de las instituciones a la hora de aplicar la legislación vigente”, advierten. 

En la etapa en la que vivió Leila tuvo lugar el penúltimo golpe de Estado en el país. Turquía sufrió durante esa etapa una grave crisis cuyas consecuencias fueron, entre otras, la propagación de grupos fanáticos religiosos y de extrema derecha o izquierda. La historia ha cambiado, aunque como diría la protagonista de esta obra, “la memoria humana se asemeja a un juerguista trasnochador con unas cuantas copas de más: por mucho que se esfuerce, es incapaz de ir en línea recta”.  Este país liderado por Erdogan lleva intentando buscar esta línea más de cuarenta años, una línea que ha llevado a Turquía a experimentar una profunda crisis de Derechos Humanos. 

“El control del Ejecutivo y la influencia política sobre el poder judicial en Turquía ha llevado a que los tribunales acepten sistemáticamente acusaciones falsas, deteniendo y condenando a personas y grupos que el Gobierno de Erdogan considera opositores políticos”, explica la organización Human Right Watch.  Aun así, Turquía sigue acogiendo a 3,7 millones de refugiados sirios, así como a solicitantes de asilo de Afganistán y otros países, a pesar de su decisión de haber abierto fronteras hace más de una semana. 

Aunque no sea la capital, Estambul es la ciudad más poblada de Turquía y el centro histórico, cultural y económico del país. La conocida históricamente como Constantinopla es el puente entre Oriente y Occidente, una ciudad acogedora que siempre tiene algo nuevo que ofrecer y algún secreto que descubrir. Estambul sigue siendo un sitio donde vanguardia y tradición viven juntos; donde triunfadores y marginados luchan cada día por sobrevivir en un régimen que cada vez se lo pone más difícil. Mientras unos duermen otros despiertan y en esta novela tenemos la oportunidad de ver, a través de los ojos de Leila y de Elif Shafak, el despertar de la actual Estambul, un lugar que, pase el tiempo que pase, seguirá siendo la ciudad de los sueños y de los fracasos.