Europa se hace eco de la masacre de 30.000 prisioneros de Irán de 1988

La líder opositora Maryam Rajavi ha presentado ante el Parlamento Europeo el libro ‘Crimen contra la Humanidad’
Maryam Rajavi, presidenta del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, durante una sesión en el Parlamento Europeo

PHOTO/PHILIPP VON DIRFURTH  -   Maryam Rajavi, presidenta del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, durante una sesión en el Parlamento Europeo

“Me gustaría presentar un documento extraordinario a los representantes de los pueblos de Europa. Un libro que contiene los nombres de más de 5.000 prisioneros masacrados por los mulás en Irán”. Con este mensaje, la líder opositora y presidenta del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, Maryam Rajavi, ha mostrado el libro titulado ‘Crime against Humanity’ (‘Crimen contra la Humanidad’) ante la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, que recoge la masacre de 1988 orquestada por el ayatolá Ruhollah Jomeini contra 30.000 prisioneros políticos opositores en 1988.

“El libro es la historia de una nación que ha sido suprimida en Irán y en el extranjero, sus derechos humanos, libertades y resistencia han sido pasados por alto”, ha publicado Rajavi en su cuenta de su Twitter.

El documento recopila, además de los 5.000 nombres de los mártires, las direcciones de las fosas comunitarias -se estima que hay entre 170 y 190- y los nombres de los integrantes de las 35 Comisiones de Muerte que se crearon para llevar a cabo tal crimen contra la humanidad, en palabras de Rajavi. “El 63% de los autores son actualmente oficiales del régimen de Irán”, ha denunciado la líder opositora, que ha concretado que “el jefe de la Justicia, el ministro de Justicia, el portavoz adjunto del Parlamento y un gran número de los más altos funcionarios judiciales eran miembros de esas Comisiones”.

Por ello, en cuanto a la atribución de responsabilidad, los focos siempre han apuntado directamente al régimen de los mulás, es decir, sobre la élite clerical gobernante de Irán. De hecho, el ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica, llegó a emitir una fatwa -decreto legal religioso-, en un principio secreta, con el siguiente mensaje: “Se decreta que todos los prisioneros en Irán que permanecen fieles en su apoyo al Monafeqin están involucrados en una guerra contra Dios y están condenados a muerte”. Hasta ahora, la impunidad de la que han gozado tanto los autores materiales como los instigadores ideológicos ha sido la nota reinante en este caso. 

“A pesar de la monstruosidad de las acciones del régimen, la masacre en las prisiones iraníes nunca ha sido investigada y los involucrados nunca se han enfrentado a la justicia. El régimen ha institucionalizado una cultura de impunidad en Irán”, denuncian desde la Asociación Canadiense de Periodistas por la Libertad de Expresión (CJFE).

Junto a ello, se le suma un práctico desconocimiento de esta masacre por parte de Occidente. Por esta razón, la líder opositora ha exhortado a la Unión Europea a que “condicione cualquier lazo comercial y vínculo con Irán a la finalización de las ejecuciones y la tortura en el país”. También ha solicitado a la Eurocámara que se reconozca “el derecho de los iraníes a la resistencia y al cambio del régimen clerical, así como al establecimiento de la democracia y de los derechos humanos”. 

Ante las palabras de Rajavi en el Parlamento, diputados comunitarios de países como Eslovenia, Polonia, Reino Unido o Italia se han sumado a la condena de las atrocidades y han emplazado a la Comisión Europea a que, por un lado, corte sus relaciones con Irán y, por otro lado, a que imponga sanciones. La líder opositora ha pedido, además, que el documento sea remitido al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que se lance una delegación internacional de investigación para esclarecer los hechos y dirimir responsabilidades.

“Ha llegado el momento de que la comunidad internacional ponga fin a tres décadas de impunidad para los líderes del régimen clerical. Jamenei y otras autoridades del régimen deben enfrentar la justicia por cometer crímenes contra la humanidad”, ha concluido Rajavi.

Maryam Rajavi en el campo de Ashraf-3, una base de la Organización del Pueblo Mojahedin de Irán (MEK) en la ciudad albanesa de Manza, el 13 de julio de 2019
AFP/GENT SHKULLAKU - Maryam Rajavi en el campo de Ashraf-3, una base de la Organización del Pueblo Mojahedin de Irán (MEK) en la ciudad albanesa de Manza, el 13 de julio de 2019
“La Ejecución Masiva olvidada” de 1988

Los hechos a los que hace referencia el libro ‘Crimen contra la Humanidad’ datan del año 1988, nueve años después de la instauración de la República Islámica por el ayatolá Ruhollah Jomeini. “The forgotten Mass Execution of Prisioners” (“La Ejecución Masiva olvidada”), ha sido definida por los analistas. A finales del mes de julio de dicho año, las cárceles iraníes -Gohar, Dasht y Evin, principalmente- estaban repletas de miles de prisioneros políticos opositores al Gobierno, que habían sido detenidos por integrar las filas del movimiento MEK o PMOI (Mojahedin Khalq). Esta organización, que primero apoyó la subida al poder del ayatolá Alí Jamenei, posteriormente “rompió con su estado teocrático y tomó las armas en su contra, en apoyo de la democracia”, según explica el analista Geoffrey Robertson, de la Fundación Abdorrahman Boroumand. En concreto, llevaron a cabo bombardeos contra el Gobierno iraní en la década de 1970, lo que les valió la etiqueta de grupo terrorista por parte de Estados Unidos en 1997, una designación que les fue retirada en el año 2012.

Entonces, tras la fatwa de Jomeini, se crearon Comisiones de Muerte -como se les conoció a posteriori- formadas por un juez religioso, un oficial de inteligencia y un fiscal con el objetivo de interrogar a los encarcelados por sus vínculos con el MEK. Aquellos que afirmaban o daban muestras de seguir unidos a la organización opositora comenzaron a ser asesinados. “Les vendaron los ojos y se les ordenó unirse a una línea de conga que conducía directamente a la horca; los colgaban de grúas, cuatro a la vez, o en grupos de seis de cuerdas que colgaban en frente del escenario de un salón de actos; algunos fueron llevados al cuartel del Ejército por la noche para ser fusilados por un pelotón de fusilamiento; sus cuerpos fueron rociados con desinfectante, empacados en camiones y enterrados por la noche en fosas comunes”. Estas son algunas de las atrocidades que se han recogido en el informe de Robertson y que derivaron en que, para finales del mes de agosto, solo una treintena de días después, “miles de prisioneros habían sido asesinados de esta manera por el estado”.

Una vez concluida esta primera purga de opositores políticos, las autoridades, lejos de ver satisfechas sus reivindicaciones, comenzaron una segunda ronda de ejecuciones. Entre los objetivos, ya no solo se situaban los integrantes del MEK, sino que también fueron designados como tal los grupos de izquierda, “cuya ideología se consideraba incompatible con el estado teocrático construido por el imán Ruhollah Jamenei”, explica el analista. Formaciones como el partido comunista Tudeh, con vínculos con sus homólogos rusos; el partido marxista-leninista Fadaiyan Khan, el partido marxista-leninista ortodoxo Peykar, así como grupos trotskistas, maoístas y liberales -que habían mostrado su apoyo al que fuera el primer presidente de la república, Bani-Sadr-, vieron como sus miembros eran asesinados por el hecho de ser apóstatas. “El problema no era su afiliación política, sino su religión y su falta de voluntad para seguir la versión estatal del islam”, expone Robertson. En total, se estima que 30.000 prisioneros fueron asesinados en 1988. 

“Durante varias semanas entre finales de julio y principios de septiembre de 1988, miles de disidentes políticos fueron sometidos sistemáticamente a la desaparición forzada en centros de detención iraníes en todo el país y a las ejecuciones extrajudiciales, de conformidad con una orden emitida por el Líder Supremo de Irán e implementada en todas las cárceles del país. Muchos de los asesinados fueron sometidos a tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes en el proceso”, reveló Amnistía Internacional en su informe ‘Blood-Soaked Secrets’ (‘Secretos Empapados de Sangre’) de 2017.

El medio iraní Iran Focus, que se ha manifestado en esta línea, realiza un análisis más profundo y alega que “la historia de las ejecuciones desde el establecimiento de la República Islámica de Irán muestra que la pena de muerte y las ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales de Irán constituyen un medio institucionalizado de gobierno y representan el modus operandi del régimen iraní”.

La desarticulación de una célula en Albania

La presentación del libro ‘Crimen contra la Humanidad’ ante el Parlamento Europeo ha coincidido en el tiempo con el anuncio que ha realizado la viceministra de Interior de Albania, Romina Kuko. “Las agencias de seguridad albanas han frustrado satisfactoriamente un ataque contra miembros del MEK en Albania, ideado por las Fuerzas Quds, una rama de la Guardia Revolucionaria iraní, responsable de cometer ataques letales contra disidentes del régimen en el extranjero”, comunicó vía Twitter.

En este sentido, en una rueda de prensa de este miércoles, el jefe de la Policía albanesa, Ardi Veliu, reveló las identidades de una supuesta célula terrorista iraní que planeaba realizar atentados contra la comunidad MEK de Albania, formada por aproximadamente 2.500 personas.

De acuerdo con las autoridades, el líder de la célula se apellida Peyman y es “un operativo con sede en Irán de la Fuerza Quds. Otros integrantes han sido identificados como Alireza Nagha-Shazedeh, exmiembro de MEK y con pasaporte austríaco; y Abdolkhalegh Malek-Zadeh, con base en Turquía.