Fidel Sendagorta: “China juega sus cartas y Europa debe aprender a jugar las suyas para defenderse”

El INCIPE inaugura un ciclo de seminarios sobre las grandes potencias del siglo XXI
INCIPE

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Los retos estratégicos en nuestro tiempo se encuentran en la confrontación entre Estados Unidos y China por ver quién consigue la supremacía mundial y cuál es el ánimo de Occidente con respeto al comportamiento de China que ha cambiado mucho con respecto a los últimos tiempos, sobre todo desde la llegada a la Casa Blanca en 2016 de Donald Trump.

Cómo China se postula como un líder global y cuáles son sus estrategias de poder para conseguirlo ha sido el tema sobre el que ha girado la primera sesión del ciclo sobre grandes potencias que ofrece el Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (INCIPE). 

En esta actividad, bajo el nombre de “Estrategias de poder en el triángulo China, Estados Unidos y Unión Europea”, el instituto ha contado con la presencia del director general de Política Exterior y de Seguridad en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Fidel Sendagorta.

Sendagorta, quien acaba de publicar el libro “Estrategias de poder. China, Estados Unidos y Europa en la era de la gran rivalidad”, ha hecho referencia a la cuestión de poder: “Hay que fiarse en la cuestión de poder, porque estamos de nuevo en una era dominada por la política de poder. La política de poder se caracteriza por un uso más desinhibido del poder en todas sus formas”.

China se ha convertido en una superpotencia y que está intentando arrebatar la etiqueta de la ‘Gran Potencia’ a Estados Unidos. Desde la llegada de Donald Trump a Washington, la percepción de Occidente sobre China era muy distinta a la que hay ahora. Actualmente, Pekín es percibida como un riesgo.

Los ejemplos están en Canadá, que ha renunciado a firmar el tratado de libre comercio con Pekín, o Australia, quien siempre se ha mantenido cercano a China, pero que en los últimos tiempos ha sido muy crítica con el país asiático. La estrategia de Estados Unidos es desconectar la económica americana y, si es posible, la de sus aliados, de la China, pero el occidente anglosajón se ve impotente para impedir que China se convierta en la superpotencia.

En un contexto donde las relaciones transatlánticas, sobre todo entre EEUU y la Unión Europa con más roces que acercamientos, China aparece con un gran poder, “que es un poder económico”, ha señalado Sendagorta. “En el año 2000, la economía china era parecida a la italiana y 20 años después tiene diez veces más producto interior bruto y se aproxima a la norteamericana”, ha indicado.

Con estos datos, es evidente que Pekín es un peligro para la hegemonía norteamericana, que ha ido perdiendo su sitio en el pódium mundial.

Y esto, en parte, se ha producido por la estrategia china que se basa en dos pilares: el ‘Made in China 2025’, un programa para situarse en la cabeza de las diez tecnologías de vanguardia del momento, y convertirse en el líder de los sectores tecnológicos; y la nueva Ruta de la Seda, o como desde Pekín la han denominado, “La Franja y la Ruta”.

“Promover una integración de todo el continente euroasiático y de su fachada marítima en el Pacífico, a través de ese gran mercado chino, será gracias a una integración económica”, ha apuntado el director general.

Este objetivo de convertirse en la gran nación mundial se sustenta en tres patas. “El liderazgo chino coincide con el declive de Estados Unidos; China se ha ido construyendo una economía menos dependiente de todo el mundo y depende más de un mercado propio; y el gran peso del nacionalismo chino”, ha argumentado Sendagorta.

En la actualidad, el tablero de juego para conseguir la hegemonía del poder se encuentra en el campo de la tecnología. “Son la base de la nueva economía y tiene un componente de defensa, y quien domine estas nuevas tecnologías podría acabar dando el salto en la supremacía tecnológica”, ha remarcado. 

Papel de la Unión Europa

Ante este panorama, el papel de la Unión Europea se vuelve un tanto ambiguo. “La reacción europea ha sido tardía, pero está siendo notable. A Europa el poder chino le afecta directamente, a través de las inversiones en sectores considerados estratégicos”, ha apuntado Sendagorta, quien ha señalado además que Europa, para poder establecer una relación de igual a igual con potencias como Estados Unidos y China, necesita la unidad de los 27 países.

La rapidez en la reacción a la crisis económica provocada por la pandemia de la COVID-19 “ha dado confianza y hace que podamos tener más fe para asumir estos desafíos de la geopolítica y tener el valor y las convicciones de que tenemos unos activos importantes”.

A Europa “le interesan las inversiones chinas, pero no de una manera incondicional, nos interesa preservar ciertos sectores estratégicos”, ha dicho el director general del MAEC.