Francia apuesta por una coalición euroárabe para hacer frente a Turquía en el Mediterráneo

Las tensiones entre París y Ankara se han recrudecido en las últimas semanas hasta el punto de que Francia ha abandonado la misión de la OTAN en la que participaba
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en la cumbre de la OTAN de Londres el 4 de diciembre de 2019

AFP/CHRISTIAN HARTMANN  -   El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en la cumbre de la OTAN de Londres el 4 de diciembre de 2019

Una coalición euroárabe es la apuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, para contrarrestar la influencia creciente de Turquía en el mar Mediterráneo, que ha ganado un protagonismo significativo en los últimos tiempos tras la victoria militar sobre la capital libia, Trípoli, de principios del mes de junio, de su facción aliada, el Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) frente al Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés), este último apoyado por París y por la esfera árabe representada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Según explican al respecto desde The Arab Weekly, “ante la creciente postura agresiva de Ankara en la búsqueda de su objetivo de asumir el control de los recursos de Libia y aprovechar su ubicación estratégica, Francia se ha movido a un ritmo febril para frustrar las ambiciones turcas”, con gestos como el apoyo inmediato a la iniciativa de paz presentada por el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, y que fue respaldada por Rusia, Arabia Saudí y EAU. El ministro de Estado de Asuntos Exteriores de este último país, Anwar Gargash, ha celebrado la decisión francesa de “unirse a la voz de la mayoría árabe” y ha felicitado a Macron por convertirse “en el primer líder europeo en referirse explícitamente a este peligro, al instar a la Unión Europea y a la OTAN a enfrentarse a Turquía, colocando a Francia como un país estratégico para la seguridad del Mediterráneo”, un mensaje publicado en un artículo de opinión en el diario francés Le Point. Túnez, a través de su mandatario Kais Saied, también se está acercando a este grupo de países, a pesar de los intentos de Ankara de arrastrarle hacia su órbita de influencia por medio de la organización de los Hermanos Musulmanes. 

La fragata de la Armada turca TCG Gemlik (F-492) en el mar Mediterráneo frente a Chipre
PHOTO/REUTERS - La fragata de la Armada turca TCG Gemlik (F-492) en el mar Mediterráneo frente a Chipre

Cabe recordar, en este punto, que las tensiones entre Turquía y Francia se han recrudecido con la guerra en Libia como telón de fondo. Mientras Ankara ha mostrado su apoyo explícito al GNA, liderado por el primer ministro Fayez Sarraj; París se ha decantado por el LNA, comandado por el mariscal Jalifa Haftar. En las últimas semanas, han tenido lugar sucesivos cruces de acusaciones entre las dos administraciones: “La actuación de Turquía en Libia es inaceptable e intolerable” y “Francia quiere dividir el país con el objetivo de volver a los viejos tiempos coloniales” son los dos mensajes que han vertebrado la crisis que ha estallado en el seno de la Organización del Trato del Atlántico Norte (OTAN), puesto que ambos son miembros de ella.

La tensión verbal entró en una nueva fase la semana pasada con un incidente que ocurrió en aguas del mar Mediterráneo: París acusó a Ankara de “acosar” a uno de sus barcos mientras realizaba una misión de la Alianza, incluso llegando a pensar que era “inminente” un ataque con misiles”; y Turquía lo negó. En concreto, la fragata francesa Le Courbet trató de averiguar el destino previsto del buque Cirkin, de bandera de Tanzania, sospechoso de llevar un cargamento de armas, pero tres buques de la Marina turca que lo escoltaban se lo impidieron. Entonces, los barcos del Ejército turco encendieron sus luces de radar tres veces en el espacio de unos segundos, una maniobra que suele preceder al disparo de misiles.

Demostración práctica de abordaje en un buque sospechoso durante la Operación Sea Guardian de la OTAN en el mar Mediterráneo, frente a la costa de Taranto (Italia)
PHOTO/REUTERS - Demostración práctica de abordaje en un buque sospechoso durante la Operación Sea Guardian de la OTAN en el mar Mediterráneo, frente a la costa de Taranto (Italia)

En respuesta, el Gobierno de Édouard Philippe instó a la OTAN a adoptar un frente común frente a la actitud hostil de la nación euroasiática, aunque no tuvo éxito. La organización liderada por Jens Stoltenberg optó por una postura neutral, en un intento de no resquebrajar todavía más las relaciones dentro de la Alianza, pero ha conseguido lo contrario: el embajador francés ante la OTAN, Muriel Domenach, ha comunicado este miércoles que su país se retira temporalmente de la misión en el Mediterráneo, Sea Guardian. Los analistas coinciden: “Es una medida que indica que no recibieron suficiente apoyo de la Alianza tras el encuentro agresivo con los barcos turcos”, escribe Rym Momtaz en Político. 

De hecho, París ha condicionado su regreso a la operación a cuatro demandas, según ha recogido dicha publicación: “Que los aliados de la OTAN reafirmen su compromiso con el embargo de armas; prohibir el uso de distintivos de llamada de la OTAN cuando los barcos están en operaciones nacionales; mejorar la coordinación entre Sea Guardian y la Operación IRINI de la UE (que también está destinada a hacer cumplir el embargo de Libia); y la creación de un mecanismo para desactivar conflictos y evitar incidentes entre aliados”.

Demostración práctica de abordaje en un buque sospechoso durante la Operación Sea Guardian de la OTAN en el mar Mediterráneo, frente a la costa de Taranto (Italia)
PHOTO/REUTERS - Demostración práctica de abordaje en un buque sospechoso durante la Operación Sea Guardian de la OTAN en el mar Mediterráneo, frente a la costa de Taranto (Italia)

Francia ha criticado a la Alianza por su falta de coordinación y su ambigüedad en sus líneas de actuación sobre las misión que controlan la seguridad en el Mare Nostrum, y que incluyen salvaguardar el embargo de armas que pesa sobre Libia desde el año 2011. Turquía, a pesar de ser aliado de la OTAN, ha violado en reiteradas sucesiones esta premisa, enviando armas y mercenarios a la guerra civil que se libra en el país norteafricano. Por eso, París justifica su decisión: “Es un movimiento político muy claro que arroja luz sobre la ambigüedad fundamental de una operación contra el contrabando que incluye a los contrabandistas [en referencia a Ankara]. Lo que estamos pidiendo es una aclaración de las reglas de comportamiento”, ha señalado un funcionario francés.

Por su parte, el Gobierno de Erdogan ha mantenido hasta el momento una postura férrea de rechazo a todas las acusaciones emitidas por su homólogo galo. Además, ha lanzado una advertencia a Stoltenberg para que siga permaciendo neutral en la crisis entre los dos aliados: “No hay OTAN sin Turquía”, ha asegurado el embajador turco en París, Ismail Hakki, en unas declaraciones recogidas por AFP. “Las crisis como las de Irak y Siria serían imposibles de manejar sin Turquía”, ha añadido.

En el horizonte, queda la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la UE que se celebrará el próximo 13 de julio. Francia va con la idea de que se impongan nuevas sanciones a Turquía, relativas también a la perforación llevada a cabo por Ankara en búsqueda de gas y petróleo en la zona económica exclusiva de Chipre. De conseguirlo, que también supondría haber logrado una postura común en el seno de la UE, París habría dado un paso más para frenar las ambiciones de la nación euroasiática en el Mediterráneo.