Hacia la industrialización africana

Los países africanos promocionan la inversión en la implantación de procesos de producción propios para su propio consumo
Industrialización en África

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Cuando uno visita Dakar, en lo alto de una colina, resalta una gran escultura de bronce de 49 metros llamada el ‘Monumento del Renacimiento Africano’ (‘Renaissance’, construida por el arquitecto Pierre Goudiaby). Su construcción se inició el año 2006 y fue inaugurada el 4 de abril del año 2010, coincidiendo con la conmemoración del 50º aniversario de la independencia de Senegal de su colonizador francés y el inicio hacia una república democrática plena. El monumento destaca por las figuras y relieves realistas de un matrimonio y un niño a hombros que señala con el dedo la dirección de América. Bajo el monumento se puede leer una leyenda que dice: “Joven de África y de la diáspora, si un día te plantas bajo este monumento, piensa en todos los que han sacrificado sus vidas por el renacimiento de África”.

La gran apuesta de las últimas generaciones de países como Senegal, Marruecos y Túnez ha sido destinar todos sus ahorros a dotar de formación a su juventud para ofrecerle un futuro con más posibilidades. Hoy en día, en países como España, Francia y Bélgica, cohabitan comunidades de las diferentes diásporas con una voluntad inequívoca de ir a por todas en este mundo global. Por ello, una gran fuente de capital humano renace en el sur del Mediterráneo, al otro lado de Europa, aprovechando los ‘gaps’ laborales de la generación de ninis, incorporando al mercado laboral una oferta muy competitiva en habilidades que a su vez enriquece a las empresas por sus distintas visiones fruto de sus diversos orígenes culturales.

Cabe resaltar el uso de las tecnologías en estos países africanos y la influencia de las redes sociales, especialmente Facebook. La revolución del mundo árabe se inició un 17 de diciembre de 2010 en Túnez, cuando un joven en Sidi Bouzid se inmolaba quemando su propio cuerpo por su desesperación frente a la pobreza e incapacidad de evolucionar. La tragedia se expandió casi a la velocidad de la luz en las redes sociales, especialmente en Facebook, contagiando a la juventud que salió a protestar llenando las calles de la capital de Túnez, y que culminaron con el exilio del dictador Ben Ali (régimen instaurado desde 1987), iniciando así un proceso de transición hacia una democracia plena que ha culminado con la reciente elección el pasado 13 de octubre del 2019 de su segundo presidente el jurista independiente Kais Saied. Obtuvo en segunda vuelta el 72,71% del total de votos (con una participación del 56,81% del censo), un humilde profesor de derecho cuyo liderazgo aglutina a una mayoría popular que proviene en gran parte de ese espíritu juvenil de la Revolución y que contagia un nuevo clima de esperanza hacia el desarrollo económico y social del país.

A continuación, se adjunta una síntesis de datos macroeconómicos para darnos una perspectiva global gráfica de la evolución de los países:

Tabla

Sorprenden los índices de uso del teléfono móvil y las suscripciones en Facebook en los países africanos en comparación con España y/o Alemania. Este factor influye de manera directa en los hábitos del consumo acelerando los ciclos en un contexto donde Amazon y otras plataformas marcan la nueva era consumista del “aquí y ahora”, cuyo ritmo frenético de crecimiento avanza más rápidamente que las estructuras logísticas.

Con todo ello, se vislumbran cambios en los tiempos donde la juventud ya da señales inequívocas de la implantación de un nuevo renacer en los que los jóvenes africanos, conocedores de la historia de su país y continente en el que crecieron muchos de los cuales han podido volver, ahora observan con orgullo el monumento de la ‘Renaissance’ africana con la satisfacción de haber vuelto de su viaje dispuestos a resarcir parte del sacrificio de sus antepasados.

Estamos en un nuevo paradigma en África donde estos jóvenes gozan de un potencial extraordinario y con grandes dotes de resistencia y superación frente a las adversidades a la que les enfrente la vida, dispuestos a implantar modelos de negocios que, aparte de ser rentables, contribuyen a la mejor calidad de vida y bienestar de su gente y de esta forma contribuir al desarrollo de la economía con la instalación de nuevas industrias y consiguiente desarrollo del mercado laboral local y de sus países.

Nos encontramos, pues, ante una tendencia acelerada en que los países africanos promocionan la inversión en la implantación de procesos de producción propios para su propio consumo y exportar. En consecuencia, los países europeos pasaremos a consumir productos “made 100% in África”. Sin duda alguna, estos proyectos serán liderados directa o indirectamente por los jóvenes africanos, quienes atraerán la inversión extranjera ejerciendo de bisagra entre los inversores internacionales y los socios locales, o invirtiendo ellos mismos en pequeñas y medianas empresas fruto de su experiencia y conocimientos adquiridos en sus estudios formativos en Occidente.

Se abre, entonces, un abanico amplio de oportunidades para las empresas internacionales y, especialmente, por cuestiones geográficas de proximidad o vínculos históricos, para las empresas de los países del Mediterráneo, significativamente España, que gozan de una posición privilegiada, sobre todo aquellas medianas empresas que disponen de capital y conocimiento para invertir en modelos industriales con valor añadido en procesos de transformación, significativamente en la industria agroalimentaria, bienes de consumo, automoción, aeronáutica, IT, minera y el sector servicios. Muchas de ellas deberán estar dispuestas a abrirse a modelos asociativos distintos contando con socios africanos. Existen ya distintos casos culminados con éxito en la industria frutícola y oleícola entre España y África.

Con todo ello Marruecos, Túnez y Senegal tienen todos los elementos para desarrollarse en los años venideros, cada uno con su idiosincrasia y a su ritmo, pero en todos veremos desarrollo industrial en sus sectores estratégicos. Entonces será el momento en el que el joven africano podrá mirar a los ojos del monumento de la ‘Renaissance’, ponerse al frente y sonreírle con su rostro connivente por haber aportado su grano de arena y decirle que su sacrificio no fe en vano y ha servido para un nuevo renacer africano.