Hanoos Hanoos: “Aislarnos culturalmente equivale a enfrentarnos a los demás”

Atalayar charla en su estudio de Madrid con Hanoos Hanoos, artista plástico iraquí cuyas obras aúnan la estética del arte islámico con influencias cubistas
Hanoos Hanoos en su estudio

Fotos: Guillermo López / Vídeos: Iris Marcos  -   Hanoos Hanoos posa para Atalayar en su estudio de Madrid

El estudio de Hanoos Hanoos es abrumador. Es difícil mantener la mirada posada en un punto fijo. Desde el suelo hasta el techo, hay muchas cosas y todas llaman la atención. Uno de los dinteles del salón principal, por ejemplo, está recubierto por varios amuletos; hay una mano de Fátima que parece dar la bienvenida a quien llega por primera vez. De un rincón, surgen, en toda su fiereza, las manchas de un lienzo a medio pintar; entre tanto color, se intuye la silueta de un Cristo boca a abajo. Sobre una balda, reposan unos botes de pintura vacíos que parecen haberse mimetizado con la propia estantería. 

La luz trémula que se filtra por las pequeñas ventanas transmite al aparente desorden un aura decadente, como si el lugar hubiese sido olvidado hace mucho tiempo y nadie hubiese pisado en él desde entonces. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Hanoos Hanoos -cuyo nombre real es Abuzaydun Hanoos- vive allí y es un artista prolífico; aunque el mercado del arte no se encuentre en su mejor momento, no para de trabajar y de presentar sus obras a concursos. Su éxito en certámenes artísticos le ha labrado una bien merecida reputación en España.

Desde que llegó de su Irak natal hace cuatro décadas, Hanoos ha vivido en una esfera cultural e intelectual que le ha permitido desarrollar una forma de expresarse muy personal y bastante ecléctica. Su pincelada bebe de fuentes diversas: desde la caligrafía árabe al cubismo picassiano, pasando por la miniatura medieval.

Hanoos Hanoos

Pregunta: Usted lleva viviendo en España prácticamente 40 años. ¿Cómo se sintió cuando llegó aquí a Madrid?

Respuesta: Cuando llegué en 1981, sentí a Madrid como mi segunda madre. Mi madre me había protegido hasta que cumplí 16 años. Luego, vino un periodo, desde los 16 a los 21, durante el cual estuve preocupado. Estalló la guerra Irán-Irak justo cuando volví a mi país de una estancia en Roma. No sé cómo pude salir de allí. Cuando llegué a Madrid, sentí esa protección otra vez. Me sentí muy cómodo, muy bien. Lo que me encontré, en comparación con lo que había en Bagdad e Irak, era el paraíso. 

P.: Llegó a Madrid en un contexto muy singular…

R.: Sí, cuando llegué, coincidí con la Movida Madrileña. Aunque ya estaba casi en los últimos años, me acogieron con los brazos abiertos. Ellos querían ver a gente de fuera, saber cómo pensaba, y en seguida empecé a participar con ellos. No en todo, obviamente, porque hay cosas que conservo de mi cultura árabe. A mí, me sorprendía que hubiese tanta libertad. No lo entendía. Luego, me explicaron que había habido un dictador que se llamaba Franco que había gobernado España. Yo no tuve una integración hasta el extremo de interiorizar eso. 

P.: También había una vida artística renovada.

R.: En materia más artística, pude ver originales de Picasso, de Miró… ¡Además, los vi en color! Antes, en el Museo de Arte Contemporáneo, como se llamaba el Reina Sofía, los cuadros se podían tocar. Había vigilancia, pero no tanta, de manera que te podías acercar a verlo. Muchas veces iba yo solo, como cuando una persona va a ver a una novia.

P.: Y, cuarenta años después, ¿cree que ha cambiado la forma en que lo percibe la gente? 

R.: En mi caso, yo no di importancia a cómo me miraban. Yo, personalmente, también he cambiado. Ya soy medio español y empiezo a tener problemas como los de los demás. Siempre los he tenido, no ha sido todo un camino de rosas, es lógico. Grosso modo, mi experiencia personal ha sido muy enfocada al aprendizaje, a estudiar, a dedicar muchas horas a mi profesión. No he dado importancia a todas aquellas cosas que son negativas o que no me han aportado. 

Hanoos Hanoos con una de sus obras de fondo

P.: Una de las razones que le impulsó a venir a España es su gran vida cultural. España tiene un patrimonio común con países árabes, como Marruecos. ¿Usted cree que en España valoramos esta riqueza como se merece, que somos conscientes de la mezcla cultural que tenemos?

R.: Yo creo que los españoles sí están orgullosos de este patrimonio anterior del mundo árabe. Y, de hecho, sigue habiendo mucho intercambio. Puede que no tanto como en Francia o Inglaterra, donde hay una sociedad árabe mucho más importante. En España, cuando llegué, era casi yo solo y cuatro más. En todo caso, si las relaciones están entorpecidas, o no son tan buenas en algunos casos, es por otras causas ajenas a la cultura. Yo creo que tienen que ver más bien con la inmigración y con esos fanáticos de Daesh que reivindican Al-Andalus. Eso, quizás, obstaculiza o entorpece esa mirada más limpia de lo que es España. 

P.: Usted ha escrito mucho sobre las relaciones, precisamente, entre lo que se denomina mundo occidental y mundo árabe en el plano cultural, por ejemplo, sobre la influencia de autores clásicos como Platón en la cultura islámica...

R.: Sí. Aparte de mi carrera y mi tesis doctoral sobre un artista del siglo XII iraquí [Yahya ibn Mahmoud Al-Wasiti], empecé a investigar en historia del arte, estética, y un poco en filosofía. Y, al estudiar Grecia, en el diálogo ‘La República’ vi que Platón rechazaba la imagen. Él siempre decía: “Si tú copias un modelo tal como es, no vas a su esencia verdadera”. El arte islámico, al que yo pertenezco y he sido fiel, también ha rechazado la imagen fotográfica desde siempre. Los artistas del siglo VIII al XII conocían perfectamente el pensamiento platónico. Así lo he escrito en mi libro ‘Desde el Éufrates: la imagen como destino’. Por lo tanto, cuando se dice que el arte islámico rechazó la imagen fotográfica por un tema religioso, no es eso. Yo creo que fue por una cuestión intelectual. 

P.: ¿Platón fue el comienzo de todo, también de su arte?

R.: Si se dice que, en nuestra región, todos somos hijos de Abraham, en el arte todos somos hijos de Platón. De hecho, el pensamiento platónico está en vigor. Hay un amplio consenso desde el Renacimiento europeo en todos los países, incluido en España, según el cual se sabe perfectamente que tú no debes copiar las imágenes del mundo real como es. Lo que pasa es que hay tendencias muy desconectadas de las ideas originales que defienden que, si tú copias el modelo original, eres buen pintor, y, si no lo copias, eres malo. 

Hanoos Hanoos taller

P.: ¿Cómo fueron sus inicios?

R.: En mi caso, yo estuve en contacto con pensadores muy importantes que han escrito sobre la estética del mundo árabe, como José Miguel Puerta Vílchez, el máximo exponente académico sobre estética en el mundo árabe. Soy una persona muy fiel a mis ideas iniciales, sin perder todo el conocimiento y la formación que me ha dado Europa. Al final, he hecho una pequeña mezcla sin darme cuenta, como cualquier artista que se preocupa por un tema o por otro.

P.: Profundizando un poco en esta idea de la fidelidad a sus principios artísticos, yo le cito textualmente: “Cuanto más imita la realidad, menos profundo es el arte”. 

R.: Efectivamente. Fíjate en el arte a partir del Renacimiento. Si ves cualquier obra de Velázquez, Tiziano, Rubens o Rafael, hay una pátina pequeñita, un fragmento de ellos que nos ayuda a identificar perfectamente el cuadro con un autor y no con otro. Estaban muy preocupados por el tema de su propio estilo, pero en realidad es algo más complejo. Copiar la realidad no tiene nada que ver con el arte; el arte tiene que ver con unos valores mucho más profundos que consisten en llegar a la esencia. Para mí, la pintura, junto con la literatura, la poesía, la música y el cine, es una herramienta importantísima en la sociedad, por supuestísimo. No es tan visible quizá como la literatura, porque ahí la palabra es la herramienta principal, pero también transmite un mensaje.

P.: En su caso, ¿cuál es ese mensaje?

R.: Soy como cualquier artista o pensador: todos estamos buscando un poco la verdad. Eso no quiere decir que yo la haya encontrado, pero sí he sido fiel a esas ideas de Platón o del pensamiento estético árabe, desde el punto de vista de la imagen no fotográfica. Intento, como todos mis compañeros artistas, que alcemos un poco nuestra voz. Eso sí, procuro ser un pintor contemporáneo, un pintor actual, porque eso es fundamental. Yo transmito mucho esta idea a mis alumnos. Ha habido ya muchos movimientos en la historia de la pintura. Intento, casi sin darme cuenta, esa fusión entre mi iniciación en el mundo islámico y todo lo que me ha influido aquí en Europa.

Hanoos Hanoos cuadro de fondo

P.: ¿Cómo se desarrolla su proceso creativo?

R.: Yo trabajo siempre en dos registros: uno es racional y el otro, irracional. El racional, me permite, como a cualquier pintor o artista, ser humilde. Tenemos muchas dudas y nos cuestionamos lo que hacemos. Lo que hago es provocar accidentes antes de trabajar. Primero, planteo unos colores aleatoriamente, sin pensar, y luego ya utilizo la parte racional mía. Hago diálogo entre lo racional y lo irracional. Así, por lo menos, veo mi trabajo como más rico, más jugoso. Confío en que no está hecho por mí solo, sino por la propia naturaleza, la sociedad, o quien sea que haya participado conmigo. Eso me libera un poco de esa responsabilidad sobre lo que yo hago.

P.: Da, entonces, un toque muy personal a sus obras.

R.: Sí. Si hablamos concretamente de mi último trabajo, que yo llamé ‘El tercer sueño’, todas las figuras que hay en él son personas que yo he conocido; son parte de mis vivencias. Me gusta que estén presentes en mi trabajo. De todas maneras, yo tampoco puedo explicar todo lo que hago porque soy el primer receptor; también es una búsqueda. Hay una frase de Chillida que me gusta mucho. Decía: “El pintor hace lo que sabe hacer y el artista hace lo que no sabe hacer”, y es verdad. Es como alguien que entra en un bosque en el que no ha entrado nadie y tiene que hacer camino. Es un lío tremendo, pero el arte es así, toda la parte creativa induce un poco a esa búsqueda.

P.: ¿Dónde encuentra la inspiración?

R.: Soy un artista muy influido por las miniaturas. Son muy minuciosas, con un tamaño pequeñísimo; contienen muchísimos detalles. A mis amigos artistas españoles les gusta utilizar tamaños grandes y, sin embargo, a mí, todo lo contrario. Eso viene de ahí, de la miniatura y del mundo de los cuentos del mundo árabe que están en mi cabeza. De hecho, mi último trabajo tiene que ver con la poesía. Yo soy un gran lector de poesía. Incluso, podría escribir, pero le tengo demasiado respeto. Prefiero manifestarlo a través de mi trabajo; si se me permite decirlo, es casi como poesía pintada.

Hanoos Hanoos en su estudio

P.: ¿Cómo puede reflejar otra forma artística a través de la pintura?

R.: Hay veces que cuesta. No por la ejecución en sí misma, aunque a veces esté media hora para hacer una pincelada o quitar algo. Por ejemplo, a mí también me influye mucho la música árabe. La sigo teniendo en cuenta, es lo que más escucho, y me ha pasado un poco como a Kandinsky: quería ver cómo podía transmitir la música en mi trabajo. Por eso es tan complicado y hay tanto detalle. Por suerte o por desgracia, escucho muchísimo, una cosa exagerada. A veces, cuando estoy en algún concierto, ese último ‘clin’ es necesario. Lo mismo pasa en mi trabajo: todo tiene sentido, nada está puesto gratuitamente.

P.: ¿Cómo calificaría usted sus obras?

R.: Mi trabajo se puede definir como muy femenino. Soy un pintor muy femenino, al margen de mi orientación, que no tiene nada que ver.

P.: Hablemos un poco de su estilo. Viendo sus obras llama la atención esa mezcla de una línea tan definida con un color tan plano y vivo, e, incluso, con el empleo de la pintura en diferentes texturas. 

R.: Claro, en mi función como artista, yo quería alejarme de la fotografía, así que tenía que buscar otros medios. Uno de esos medios, como acabas de decir, es la pintura plana. También me interesa mucho la presencia del dibujo, y trabajar ambos aspectos a la vez. Mis amigos pintores ponen el dibujo y luego la mancha. Yo, al revés; pongo la mancha y luego el dibujo. A los demás les sorprende un poco esa manera de trabajar. Quiero que se aprecie bien el dibujo porque tampoco quiero ser un pintor abstracto. Me pasa un poco como a Picasso, que no quería ser abstracto totalmente. 

P.: ¿Considera a Picasso una influencia?

R.: Bueno, el movimiento cubista ha significado mucho para mí. Vi un poco en él una síntesis de una evolución de la ornamentación árabe y de la propia caligrafía. Yo he tenido una herencia muy importante en estos dos elementos. 

Hanoos Hanoos posa con los brazos cruzados

P.: Se lo pregunto porque, precisamente, a uno de sus trabajos más célebres, ‘Bagdad’, se le ha llegado a llamar incluso el ‘Guernica’ iraquí. Es una serie de cuadros sobre la intervención estadounidense en 2003. ¿Cómo recuerda todo aquello?

R.: Te agradezco que me hagas esa pregunta. Cuando empezó la guerra en 2003, yo, como lector de la prensa y como iraquí que vive en España, sentí que tenía que hacer algo, pero no sabía el qué. Entonces, vi una imagen de una mujer que se parecía mucho a mi madre, y un cadáver que me recordó a mi hermano. Entonces, lo tuve claro. Hablé con la Casa Árabe y estuve más de un año trabajando en el tema, estudiando el mismo ‘Guernica’ de Picasso. Sin embargo, lo que hice fue totalmente opuesto. 

P.: ¿En qué sentido?

R.: Básicamente, el ‘Guernica’ tiene mucho lío, pero tiene un principio y un final. Mi obra es lo contrario. A la hora de la ejecución, yo fragmenté el cuadro, como un miniaturista. Consiste en 60 piezas y cada una representa una cosa, como las teselas de un mosaico, sin comienzo ni fin. Hice también 80 dibujos preparatorios pequeños y grandes, y todos están muy minuciosamente hechos. Obviamente, no digo que sea mejor, ni mucho menos, pero sí quise que reflejase mi forma de pintar y mi propia estética.

P.: Tanto Picasso como usted se encontraban lejos del lugar, eso sí. Eran como embajadores fuera de su país.

R.: Sí, realmente los embajadores somos nosotros, los que vivimos fuera de siempre. Es curioso: al margen de mi obra ‘Bagdad’, cualquier medio que me saca siempre me cita como iraquí. Eso es algo adquirido sin darnos cuenta, no es para mí un valor en sí. Con el ‘Guernica’, sucedió algo interesante. Creo que en el bombardeo de Durango murieron muchos más, me parece que 300 personas. Y, sin embargo, gracias a que Picasso pintó el cuadro, pues todo el mundo conoce Guernica. A mí me encantaría, igualmente, dejar un testimonio de lo que pasó, que sirva para que la gente se acuerde de las masacres que hubo allí. En el futuro, ojalá que ‘Bagdad’ pueda estar en Irak. En esto, se parecería al ‘Guernica’, que estuvo perdida, luego en el MoMA y después volvió a España.

Hanoos Hanoos primer plano

P.: Lo cierto es que Irak, por desgracia, no ha encontrado una estabilidad en estos últimos años. Ahora mismo, de hecho, hay unas protestas muy importantes contra el Gobierno. ¿Cómo lo está usted viendo en la distancia?

R.: Lo vivo con preocupación y, a la vez, con ilusión. Preocupación porque, por ejemplo, hay otras manifestaciones en Líbano donde no ha muerto nadie. Y en Irak ya llevamos casi 200 y muchos más heridos. Se han cometido muchos errores estructurales desde la intervención estadounidense: la democracia se implantó de la manera en que se implantó, en un país donde hay un 56% de analfabetismo. Era algo muy difícil de hacer, porque, para ser demócrata, hay que tener un conocimiento tremendo. Tienes que aceptar al adversario, al otro, y eso no puede ser en un país tan tribal y seccionado por suníes y chiíes, kurdos y demás. Quizá se podría haber llevado de otra manera, aplicando otras soluciones. Esta es también mi otra protesta personal en ‘Bagdad’; no se puede meter una democracia con calzador. Tampoco quiero ser un pacifista barato y decir ‘guerra sí, guerra no’. Es como todo, depende de para qué cosa: cuando entró Sadam en Kuwait, pues a ver qué se iba a hacer si no.

P.: En las protestas actuales, parece que se está empezando a superar un poco esa división histórica entre chiíes y suníes. ¿Qué puede significar esto de cara al futuro?

R.: Esa es la parte de ilusión que comentaba. Esa ilusión está en esa gente joven que ha nacido después de la muerte de Sadam, que ni siquiera lo conocieron y que está demostrando una actitud bastante pacífica en general. Tienes también más medios de comunicación que favorecen la globalización. Yo creo que podría haber una solución, aunque no pronto. Todos estos políticos que gobiernan ahora no tienen mucha experiencia; deben mirar todo lo que está pasando en Irak y no ser corruptos. Deben mirar por la construcción del país y hacernos creer que se puede hacer de otra manera. Espero que se consiga una homogenización y estoy encantado de que no haya divisiones. Yo, de niño, ya tenía esa visión. Ser suní o chií es como nacer hombre o mujer, o nacer en una familia u otra… Solo tenemos que tratarnos como personas, lo que somos realmente en la sociedad.

P.: Ciertas formas de arte, como los grafitis, han tenido un papel importante en estas protestas. Han inspirado a muchos jóvenes a través de redes sociales para que acudan a las protestas.

R.: Sí. Y es maravilloso. Ha ocurrido también en Líbano, con la construcción de unos murales. Utilizar la cultura como herramienta de esta forma es fundamental. Yo, con mi herramienta cultural, quiero defender un territorio y una manera de ser. Me parece genial que no solamente se utilice la palabra, sino también medios como la música o la pintura. Es una manera de mostrar a los dirigentes de turno que podemos conseguir el cambio de la forma más pacífica posible. Ojalá esa gente joven, con esa mirada mucho más amplia al mundo, como ya pasa en Europa, siga luchando por no querer guerras. 

Hanoos Hanoos posa en su balcón

P.: Este papel del arte no solo para cambiar un régimen, sino para unir culturas que, aparentemente, pueden parecer diferentes, es importante. Puede ayudar a construir puentes…

R.: Totalmente. La cultura y nuestra imaginación son fundamentales. Todos los conflictos y guerras que acontecieron en Europa se han utilizado de una manera muy buena en el cine, por ejemplo, y así han entrado poco a poco en las casas. A mí, lo que más me ha dolido son los políticos que se matan entre sí para ocupar su lugar. Cuando yo nací, lloré dos veces: la primera, como cualquier niño que llora al nacer; la segunda, al enterarme de que mataron a un rey joven que iba a buscar a su novia en Estambul. Para mí, fue un choque tremendo. Mi esperanza en las nuevas generaciones es que, pase lo que pase, no muera nadie más.

P.: Usted llegó aquí escapando de un régimen de tiranía como el de Sadam. Ahora mismo, se viven situaciones similares y hay muchos países donde priman pensamientos de cerrar puertas por miedo a invasiones culturares. ¿Qué opina de esto? 

R.: Hay que mezclarse todo lo que se pueda culturalmente, también dentro del propio mundo árabe. Tenemos que conseguir hacer lo mismo que en Europa, adaptándolo al caso de nuestra religión. En Irak, no hemos sido una potencia como, por ejemplo, Japón, que no era nada y ahora es tremenda. Yo creo que se puede mantener nuestra y hacer algo creativo con ella al mismo tiempo. Aislarnos culturalmente equivale a enfrentarnos con los demás. Obviamente, hay que escoger lo bueno y lo que ha evolucionado, pero soy absolutamente partidario de esa fusión, porque no conocemos otra salida.

P.: Hace poco hablábamos con Amin Maalouf, el escritor libanés, y él nos decía que no ve diferencias entre las aspiraciones que pueda tener un europeo y cualquier persona procedente del mundo árabe. ¿Lo comparte?

R.: Por supuesto que sí. Todos somos humanos. Como se suele decir vulgarmente, a todos nos abres y la sangre es roja. Para mí, no hay culturas diferentes. Hay diferentes lenguas, pero solo hay una cultura única mundial. Desde siempre, en Grecia se conocía Persia; en la edad de oro del Islam, se conocía el pensamiento platónico. Si entonces ya era así y las comunicaciones eran terribles, ¿cómo va a ser diferente ahora? Cuando aprendamos que el otro no es el enemigo total, evolucionaremos.