Irán se desdice: las cajas negras del Boeing ucraniano siniestrado seguirán bajo su control

La rectificación llega al día siguiente de que la Organización de la Aviación Civil del país informase de que enviaba el registro de vuelo a Kiev
El Boeing 737 había salido del aeropuerto internacional de Teherán con destino a Kiev

PHOTO/AFP  -   El Boeing 737 había salido del aeropuerto internacional de Teherán con destino a Kiev

De nuevo, Irán rectifica. Según las últimas informaciones publicadas por la agencia oficialista IRNA, el régimen de los ayatolás no tiene pensado, por el momento, enviar a Ucrania las cajas negras del Boeing 737-800 de Ukraine International Airlines que fue derribado por error el pasado 8 de enero justo después de haber despegado del aeropuerto de Teherán.

“Estamos intentando descifrar las cajas negras aquí en Irán. Si no podemos, otras opciones son Ucrania y Francia, pero no se ha tomado ninguna decisión hasta ahora para enviarlas a otro país”, las declaraciones recogidas por IRNA son de Hassan Rezaeifar, el jefe de la investigación del accidente. Es la misma persona que, este mismo viernes, había anunciado que el registro de vuelo saldría con destino a Kiev, puesto que en Irán no se disponía de la tecnología necesaria para extraer los datos correctamente. 

La investigación de las cajas negras, que contienen la información relativa al registro de voz y operaciones, podría prolongarse largamente
PHOTO/ IRIB VIA WANA/Handout vía REUTERS - La investigación de las cajas negras, que contienen la información relativa al registro de voz y operaciones, podría prolongarse largamente

Todavía no se sabe en que estado se encuentran las cajas negras, pero lo más probable es que hayan sufrido daños. En cualquier caso, el hecho de que Irán haya reculado coincide más con la primera postura de la Administración. Desde el principio, las autoridades iraníes expresaron su deseo de que el material del vuelo se examinase íntegramente en su territorio.

De todos modos, la opacidad y el baile de versiones oficiales han sido la tónica habitual en la gestión del siniestro por parte de Teherán. En un principio, se negó en redondo a admitir que el avión había sido derribado por un misil, a pesar de que numerosas agencias de inteligencia habían aportado indicios de que, en efecto, la aeronave había recibido un impacto en vuelo. Posteriormente, esa postura se volvió insostenible y los responsables se vieron obligados a reconocer que el accidente se debió al disparo por error de un misil tierra aire.

Como consecuencia de las vacilaciones de los portavoces, muchos iraníes, especialmente los más jóvenes, han salido a las calles para reclamar responsabilidades y censurar la actitud de su Gobierno en lo referente a este episodio. El siniestro se saldó con 176 víctimas mortales, la mayoría de nacionalidad iraní o canadiense.