Irak reactiva la lucha contra Daesh

El país de Oriente Medio está sopesando ya otras opciones para reemplazar a Estados Unidos y a la Coalición Internacional como sus socios en las operaciones antiterroristas
Operación Inherent Resolve (CJTF-OIR), la Coalición Global para derrotar a Daesh en Irak y Siria

PHOTO/EJÉRCITO DE ESTADOS UNIDOS  -   Operación Inherent Resolve (CJTF-OIR), la Coalición Global para derrotar a Daesh en Irak y Siria

“Dada la actividad continúa de la organización terrorista Daesh en muchas áreas de Irak y con el propósito de explotar el tiempo restante para la alianza internacional antes de organizar la nueva relación entre nuestras fuerzas y las fuerzas de la coalición internacional, se ha decidido emprender acciones conjuntas que brinden apoyo para nuestras fuerzas en el campo aéreo y de acuerdo con la necesidad de nuestras fuerzas”, ha sido el mensaje publicado por las Fuerzas Armadas para anunciar la reanudación de las actividades en su territorio de la Coalición Internacional contra Daesh liderada por Estados Unidos, bajo el nombre ‘Operation Inherent Resolve’.

Las operaciones, en las que participan unos 8.000 soldados, se suspendieron el pasado 5 de enero, dos días después de la ofensiva estadounidense que acabó con la vida del general iraní Qassem Soleimani y del vicepresidente de las milicias iraquíes pro-iraníes, Abu Mahdi al-Muhandis.  

De este comunicado del Ejército iraquí se desprenden dos ideas significativas: la resiliencia oportunista de Daesh en el país de Oriente Medio y los planes iraquíes de expulsar a las tropas estadounidenses de su territorio. 

En primer lugar, cabe destacar que, en los últimos tiempos, se han registrado indicios del posible resurgimiento del grupo terrorista en Irak, fundamentalmente propiciado por dos motivos: la ingobernabilidad y el recrudecimiento de la tensión entre Irán y Estados Unidos. Irak lleva sufriendo el azote de una revuelta social desde el pasado 1 de octubre, con manifestaciones constantes en contra del Gobierno -en funciones- y de su incapacidad para dirigir el país, que también está sumido en una preocupante crisis económica. Asimismo, la represión policial se ha recrudecido, dejando un balance de más de 600 muertos, y las milicias, sobre todo, las Fuerzas de Movilización Popular (PMF, por sus siglas en inglés) están tratando de imponer su dominio con la detención arbitraria de manifestantes.

Además, la muerte de Soleimani y Al-Muhandis convirtió a la nación en el campo de batalla del enfrentamiento entre los dos bloques antagónicos, con el lanzamiento, por ejemplo, del ataque iraní con misiles contra las bases iraquíes de Al-Asad y Erbil, que dejó un saldo de 50 soldados estadounidenses heridos. En este escenario, Daesh ha sabido aprovechar el caos para volver a cometer atentados, tanto contra la población civil como contra las milicias que les combatieron, los cuales son los primeros desde su derrota territorial en el país en el año 2017.

Por ello, Irak ha reconocido la necesidad de nutrirse del apoyo de un agente externo para vencer a los últimos remanentes de la organización terrorista. Sin embargo, y teniendo en cuenta la segunda idea desprendida del comunicado, las autoridades de Bagdad ya no están convencidas de que su socio ideal en esta materia siga siendo el gigante norteamericano. 

Bajo este punto, cabe resaltar que el Parlamento iraquí aprobó el pasado 5 de enero el primer paso para expulsar definitivamente a las tropas extranjeras, incluidas las estadounidenses. La moción fue posteriormente remitida al primer ministro, actualmente en funciones, Adel Abdul Mahdi y, hasta el momento, no se han conocido más avances significativos.

A pesar de ello, las autoridades siguen trabajando en la modificación de su asociación con Washington, lo que parecen compartirlo otros dos actores clave: por un lado, el pueblo iraquí, que en la denominada ‘marcha del millón de hombres’ del pasado 24 de enero mostró su rechazo masivo a la presencia de tropas estadounidenses. Por otro lado, una sección de la clase política estadounidense. De hecho, la Cámara de Representantes liderada por Nancy Pelosi aprobó este jueves la derogación de la autorización para el uso de la fuerza militar en Irak (AUMF, por sus siglas en inglés), aprobada en 2002 tras el 11-S, y el bloqueo de los fondos dispuestos para librar una presunta guerra con Irán, que tendría lugar, presumiblemente, en territorio iraquí. Sin embargo, es probable que la legislación acabe bloqueada en el Senado, de mayoría republicana.

No obstante, la postura oficial de la Administración Trump dista mucho de las pretensiones de Irak y del Congreso. El mandatario estadounidense ha reiterado que ya han reducido su presencia a un número muy bajo, 5.000 efectivos, y, en unas declaraciones recogidas por el medio Al-Ain, ha advertido de que “si realmente nos piden que nos vayamos y si esto no se hace de manera amigable, les impondremos sanciones nunca vistas”. “Tenemos una base aérea excepcionalmente cara allí. Ha costado miles de millones de dólares construirla. No nos iremos si no nos lo compensan”, ha añadido. 

Además, este jueves se ha conocido que el Pentágono estadounidense está esperando una autorización de su homólogo iraquí para desplegar el sistema antimisiles Patriot en las bases iraquíes que fueron dañadas por el ataque iraní. El secretario de Defensa, Mark T. Esper, ha reconocido que es “un problema” necesitar el consentimiento de Bagdad, que probablemente no lo concedan porque instalar el Patriot significa “la transferencia de una gran cantidad de soldados para asegurar el trabajo del sistema”.

Con todo, el Gobierno iraquí estaría buscando ya al sustituto de EEUU en su territorio. AFP ha desvelado en esta línea que “funcionarios iraquíes y occidentales han comenzado discusiones sobre la posibilidad de darle a la Organización del Trato del Atlántico Norte (OTAN) un papel más importante en el país, a expensas de la Coalición liderada por el gigante norteamericano”. 

El portavoz del primer ministro iraquí, Abdul Karim Khalaf, aseguró que estaban “hablando con miembros de la OTAN, como Francia, Reino Unido y Canadá, sobre un conjunto de escenarios, sobre la ausencia de fuerzas de combate o el uso de nuestro espacio aéreo”. Dos funcionarios occidentales aseveraron, a este respecto, que el Ejecutivo iraquí les había pedido opciones para un nuevo horizonte, entre las que se incluyen la formación de una coalición no liderada por EEUU, un mandato revisado que establezca las actividades de la coalición o un papel ampliado para misiones separadas de la OTAN en Irak.

Las diferentes opciones serán presentadas, previsiblemente, durante el próximo mes de febrero, con motivo de una reunión de los ministros de Defensa de la OTAN.

Cabe mencionar, en este punto, que en Irak opera una misión de entrenamiento de la Alianza Atlántica dirigida por Canadá de 500 soldados, la cual actualmente se encuentra suspendida a raíz del ataque contra Soleimani y Al-Muhandis.