Irak se encamina hacia la quiebra económica por el coronavirus

El estallido del brote en el país está creando la “tormenta perfecta” para convertirlo “en un Estado fallido”
Trabajadores en trajes protectores rocían desinfectantes cerca de la puerta del paso fronterizo iraquí de Shalamcha, en la frontera con Irán, el 8 de marzo de 2020

REUTERS/Essam al-Sudani  -   Trabajadores en trajes protectores rocían desinfectantes cerca de la puerta del paso fronterizo iraquí de Shalamcha, en la frontera con Irán, el 8 de marzo de 2020

Irak registra, a primera hora de este lunes, 547 casos de coronavirus y 42 muertes, de acuerdo con Worldometers, la página web que sigue en directo la evolución de la pandemia a nivel global. El estallido del brote en el país se ha sumado, así, a los innumerables problemas que se ciernen sobre él, en todos los ámbitos: político, social y económico. Cabe recordar, en este punto, que las manifestaciones comenzaron en el pasado mes de octubre, fundamentalmente por tres razones: la ingobernabilidad, con un Ejecutivo en funciones en los últimos tres meses; la injerencia de terceros países en los asuntos internos, sobre todo, Irán y Estados Unidos; y el deterioro de la situación económica.

Este último campo se está viendo especialmente afectado por el COVID-19. Irak depende del petróleo para su supervivencia. El oro negro es la principal fuente de ingresos del país, representando hasta más de un 90% del total, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Actualmente, se producen alrededor de 4,6 millones de barriles por día (bpd), lo que le convierte en el segundo productor de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Los beneficios que genera dicha cantidad se utilizan para pagar, por ejemplo, a siete millones de personas, entre salarios públicos de instituciones civiles y militares, las pensiones o los subsidios por desempleo.

El pasado febrero, por ejemplo, con un precio de venta en 51 dólares por barril, Irak obtuvo unos ingresos de 5.000 millones de dólares. No obstante, en el último mes, una guerra abierta entre Arabia Saudí y Rusia, junto con otros factores, ha provocado que el precio del barril se desplome a menos de 30 dólares, en comparación con los 60 que alcanzaba a finales de 2019. Esto, sin duda, “ha asestado un duro golpe a las economías del petróleo […] e Irak parece estar en condiciones de recibir el golpe más fuerte”, ha advertido el director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), Fatih Birol, en The New York Times.

Para intentar minimizar el impacto, hace tres días, el 27 de marzo, el Gobierno iraquí envió una propuesta a todas las compañías petroleras internacionales para que redujeran los presupuestos de los campos petroleros activos en un 30%, según desveló Reuters. Ello le permitiría a Bagdad pagar menos a las empresas extranjeras por la explotación de sus servicios, al menos, durante los primeros seis meses del año. “Las compañías internacionales que desarrollan campos petroleros iraquíes lo hacen bajo contratos de servicio y se les paga una tarifa fija en dólares estadounidenses por su producción de petróleo”, explican desde Oil Price.

“Todavía no tenemos asignaciones presupuestarias para 2020 y la disminución de los precios del petróleo ha empeorado la situación. Es por eso que necesitamos contratistas extranjeros para hacer lo mejor posible y reducir los gastos y también diferir sus cuotas”, explicó entonces un funcionario de la compañía estatal Basra Oil Company. En el momento de cierre de esta publicación, todavía no se ha conocido una respuesta por parte de las empresas internacionales que operan en el país, como Exxon Mobile, Kuwait Petroleum Corp o Saudi Aramco, la principal compañía petrolera del mundo y la empresa más rentable en 2019. Esta última sí ha revelado que se están planteando reducir el gasto de capital hasta los 25.000-30.000 millones de dólares en 2020, en comparación con los 32.800 millones de 2019.

Ya el 14 de marzo, el asesor de asuntos económicos del Gobierno iraquí, Mazhar Mohammad Saleh, advirtió de que el país había perdido “la mitad de sus ingresos financieros” con la caída en los precios del petróleo, en unas declaraciones recogidas por Al-Monitor. Esta publicación explica, además, que según el borrador de presupuesto para 2020 que el Ejecutivo -recordemos, en funciones- propuso y espera votar en el Parlamento, el montante asciende a 135.000 millones de dólares, mientras que se estima un déficit de 40.000 millones. El problema surge porque esto fue calculado con unos precios de crudo situados en los 56 dólares por barril. Con la pérdida de la mitad del valor, la solvencia económica queda profundamente comprometida.

Otro experto, Issam al-Jalabi, quien fuera ministro de Petróleo en Irak entre 1987 y 1990, también aseguró que la nación “perderá miles de millones de dólares debido a la pérdida de enormes ingresos petroleros, lo que afectará a la provisión de servicios, medicamentes y alimentos, mientras que el país necesita todos los fondos disponibles para enfrentar el brote de COVID-19”.

La tormenta perfecta

“El brote de coronavirus agrava la tormenta perfecta de crisis en Irak”, titulan en Arab News. El experto Nicholas Heras, del Instituto para el Estudio de la Guerra, advierte en dicha publicación de que el país “está a punto de derretirse” y de convertirse “en un Estado fallido”. Su alegato es el siguiente: “Las instituciones estatales iraquíes ya estaban colapsando antes de la caída de los precios del petróleo, y la infraestructura de salud de Irak se encuentra demasiado en ruinas como para manejar un gran aumento en los casos de COVID-19”. Otras razones que conducirían a la crisis total en la nación es la falta de un liderazgo político, justo cuando más se necesita –“los partidos gobernantes no han podido ponerse de acuerdo sobre un nuevo primer ministro, lo que deja al gobierno completamente en el limbo”- o la corrupción, que ha consumido a la administración pública prácticamente desde el año 2003, tras la invasión de Estados Unidos. 

Cabe destacar, en este sentido, que Irak también se ha convertido en el campo de batalla del enfrentamiento entre Washington y Teherán. Ambas superpotencias se han intercambiado numerosas ofensivas y contraofensivas en territorio iraquí, provocando significativos daños materiales y, en ocasiones, daños personales, sobre todo, de soldados o contratistas que operan las bases militares del país. Este conflicto ha derivado en una importante crisis de seguridad, acrecentada, a su vez, por los importantes indicios que existen del resurgimiento de las organizaciones yihadistas como Daesh en la nación, que saben aprovecharse del caos para conseguir sus objetivos.