Israel y Egipto, destinados a entenderse

Bennett y Al-Sisi marcan la senda del reencuentro una década después del último contacto oficial
Abdel Fattah Al-Sisi y Naftali Bennett, reunidos en la ciudad egipcia de Sharm El Sheij

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Las placas tectónicas que rigen Oriente Medio están en constante movimiento. Algunas tienden hacia la ruptura; otras, menos frecuentes, hacia la unión. En este punto parecen hallarse las relaciones bilaterales entre Egipto e Israel. Después de una década sin contactos oficiales al más alto nivel, los mandatarios de ambos países han vuelto a verse las caras en una importante cumbre celebrada en la ciudad balneario de Sharm El-Sheikh, ubicada entre el desierto de la península del Sinaí y el mar Rojo.

Ese fue el emplazamiento escogido por el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, para recibir el lunes al bisoño primer ministro israelí, Naftali Bennett. El mismo que en su día escogió Hosni Mubarak para reunirse con Benjamin ‘Bibi’ Netanyahu, uno de los últimos líderes que visitaron al autócrata egipcio antes de su caída. Sin embargo, es sabido que el propio Netanyahu viajó en 2018 ‘in pectore’ a Egipto para conocer de primera mano a Al-Sisi y que ambos mantuvieron varios encuentros al margen de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

El otrora asesor de ‘Bibi’ y, a la postre, principal encargado de apearle del poder tras 12 años de mandato se desplazó a Sharm El-Sheikh acompañado por una comitiva conformada por el presidente del Consejo de Seguridad, el teniente general Ali Gil, el secretario militar del primer ministro y la embajadora israelí en El Cairo, Shimrit Meir. Allí coincidieron con el ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Sameh Shoukry, y el jefe de inteligencia, Eyal Holata.

Netanyahu y Mubarak
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Los términos de la conversación giraron en torno al conflicto de Gaza. La Franja ha sido objeto de recurrentes enfrentamientos entre la milicia islámica Hamás y las Fuerzas de Defensa israelíes (IDF, por sus siglas en inglés). En los últimos días se han registrado nuevos choques reminiscentes del clímax bélico alcanzado en mayo, un lapso de 11 días en que perdieron la vida más de 250 personas. El Cairo ejerció un rol mediador que resultó crucial para desatascar un acuerdo de alto el fuego.

La postura de Egipto en este tema es cristalina. “El presidente afirmó el apoyo de Egipto a todos los esfuerzos para lograr una paz integral en Oriente Medio, basada en la solución de dos Estados y en las resoluciones de legitimidad internacional, lo que contribuye a mejorar la seguridad y la prosperidad de todos los pueblos de la región”, trasladó el gabinete de la presidencia egipcia una vez finalizado el encuentro.

Al-Sisi conversó a principios de septiembre con el rey Abdalá II de Jordania y con Mahmud Abás en El Cairo, donde convinieron en reanimar la desdeñada solución de dos Estados al conflicto palestino-israelí. Para los tres mandatarios, el pueblo palestino tiene derecho a un Estado independiente con Jerusalén como capital. Israel rechaza de plano esta proposición y, con el nuevo liderazgo de Bennett, abanderado de los colonos israelíes, esta posición parece inamovible.

Mahmud Abás
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En Gaza, sin embargo, los planteamientos de Egipto son ostensiblemente distintos. El país norteafricano mantiene una estrecha relación con la Autoridad Palestina, no así con el Movimiento de Resistencia Islámico que domina la Franja y rivaliza con los gestores de Cisjordania por el respaldo de los palestinos. De hecho, Israel ha aplicado con la aquiescencia y colaboración de Egipto un bloqueo fronterizo desde 2007, año en que Hamás tomó el control del área litoral. La milicia islámica exige el levantamiento del asedio económico, mientras que Israel reclama la liberación de dos civiles israelíes y la devolución de los restos de dos soldados muertos en una guerra de 2014.

Ambas partes acordaron impulsar económicamente la zona, reducida a escombros tras los bombardeos israelíes de mayo. Las consecuencias sociales y políticas que pueden emanar del precario estado de Gaza preocupan a Egipto. El ministro israelí de Exteriores, Yair Lapid, propuso la construcción de nuevas infraestructuras en el área a cambio de una distensión del conflicto por parte de Hamás. Eso sí, Lapid subrayó que eso “no se conseguirá sin el apoyo y la participación de nuestros socios egipcios y sin su capacidad para hablar con todos los implicados”.

El levantamiento de las ruinas gazatíes no fue el único tema de discusión. Los lazos entre Egipto e Israel en materia económica quedaron reforzados con la reapertura del cruce de Taba, ciudad egipcia que funciona como paso fronterizo hacia Israel y por la que pasan miles de turistas al año, y la reanudación de las operaciones de la aerolínea Egyptair en el espacio aéreo israelí. La acuciante crisis en El Líbano y el conflicto de la presa etíope también fueron objeto de discusión.

Yair Lapid
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42 años de frialdad

Después de cuatro guerras, Egipto alcanzó en 1979 un histórico acuerdo de paz con Israel que se mantiene en la actualidad. El país africano fue el primer Estado árabe en hacerlo en un clima de controversia para el mundo islámico, sin embargo, ambos países han sido hasta la fecha los socios más cercanos de toda la región a pesar de los múltiples vaivenes y encontronazos. En parte por el respaldo de Washington, que mantiene a los dos en su órbita.

“Juntos, podemos reforzar los lazos entre nuestros dos países y trabajar por un futuro más estable, seguro y próspero para la región”, declaró Naftali Bennett después de la reunión con Al-Sisi. “Hemos creado una base para una profunda conexión en el futuro”, remató. Y es que ambos colaboran en materia de seguridad y mantienen fuertes vínculos económicos, especialmente en el sector energético. Unos lazos con la vista puesta en aguas del Mediterráneo oriental.

“Las relaciones entre Israel y Egipto son un activo estratégico para nuestra seguridad nacional”, declaró el ministro Lapid, que ejercerá como primer ministro en dos años. Sin embargo, el punto de fricción es la cuestión palestina, un asunto donde El Cairo pretende influir a medio largo plazo. Esta es la explicación por la cual, a pesar de las más de cuatro décadas de relación, las relaciones entre Egipto e Israel se han mantenido frías.