José Manuel Albares: “Hay que defender la libertad y la democracia”

El embajador de España en Francia advierte de que la larga crisis económica en Europa ha jugado un papel fundamental en la desafección de muchos ciudadanos
José Manuel Albares: Hay que defender la libertad y la democracia

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Thomas Piketty lleva tiempo esgrimiendo que la prevalencia de las desigualdades económicas termina –tarde o temprano- minando la fe en la libertad y en la democracia del ciudadano de a pie. Para el economista francés, la mano invisible es incapaz de reducir por sí sola dichas discrepancias, que como se ha demostrado en las últimas crisis económicas, lo que ha acontecido es que los ricos se han hecho más ricos y la clase media se ha empobrecido más: para él la única esperanza es la intervención del Estado creando mecanismos correctores mediante subsidios y rentas directas.

¿Qué va a pasar si la gente continúa en el tiempo viendo cómo su vida empeora? El riesgo, alude Piketty, es un incremento del desencanto ciudadano hacia valores relevantes como la libertad y la democracia. La propia Asamblea General de las Naciones Unidas califica a la democracia “como un valor universal” basado en una premisa fundamental “la libertad” que permite a un pueblo elegir su proceso de autodeterminación política. La libertad y la democracia son dos binomios indisolubles, hoy en día atenazados por una corriente que vende el pasado como sistema de certeza.

En este sentido, José Manuel Albares, advierte que la larga crisis económica en Europa ha jugado un papel fundamental en la desafección de muchos ciudadanos, en un primer momento hacia el ideal europeo de libertad e incluso hacia la desconfianza en el sistema político y democrático. Para el recién nombrado embajador de España en Francia esta situación hay que remediarla y eso tiene mucho que ver “con la idea de desprotección por parte de Europa o por parte del Estado” hacia el ciudadano que se siente abandonado. En los años recientes, Albares ha fungido como uno de los asesores internacionales más cercanos a Pedro Sánchez; de hecho, pegado al mandatario español en todas las cumbres. 

José Manuel Albares: Hay que defender la libertad y la democracia

El también ex cónsul en Bogotá argumenta que en la actualidad muchas de las grandes crisis sociales que se están viviendo en los últimos meses en América Latina tienen que ver con el grito de los ciudadanos de distintos países que desean ser tenidos en cuenta y ocupar espacios. “Sí, hay gente que quiere sentirse protegida y creo que no sólo es moralmente inaceptable dejar que no suceda sino también políticamente poco inteligente porque no hace más que dar alas a la extrema derecha o a los populismos; en lo personal creo que el crecimiento y la redistribución son dos cosas que, de alguna forma, deben ir parejos”, enfatiza convencido.

Desde hace unos años, un grupo de expertos economistas internacionales se ha decantado porque los gobiernos establezcan una renta básica universal,  para Albares si bien no es un “horizonte próximo” es claro que habrá que buscar mecanismos que impidan que los ciudadanos –especialmente si hablamos de amplias bolsas de ciudadanos- se desenganchen de nuestras sociedades y valores esenciales como la libertad, la democracia y la participación ciudadana. Hay que evitar un incremento de la apatía. El  diplomático español hace un llamado para evitar dicha desafección: “No podemos tolerarla o lo que estaremos fomentando es claramente el auge de movimientos extremistas o antidemocráticos”.

En esta etapa de transición en la que nos encontramos como seres humanos, productivos y sociales también se analiza que hay gente con temor hacia el futuro inmediato presa fácil de quienes venden ilusiones o promesas de que nada cambiará. No son pocos los intelectuales y organismos que llevan un par de años insistiendo que, ante el cambio tecnológico, la acentuación de la crisis y la falta de oportunidades, tanto la libertad como la democracia están en riesgo de retroceso en diversas partes del mundo.

La edición del informe anual sobre derechos políticos y libertades civiles de Freedom in the World 2018 señala que “setenta y un países sufrieron disminuciones” en los derechos políticos y  en sus libertades civiles. En voz de Albares, dicha vorágine acontece no únicamente por un cambio de ciclo sino por la conjugación de una mezcla de factores que van produciendo distintas emociones e impactos en el ser humano. “Por un lado, las nuevas tecnologías y la globalización  hacen que haya perdedores y ganadores clarísimamente y que esos perdedores sientan que si no  hay un Estado que los protege socialmente, que los ayuda a hacer su propia transformación personal, a adaptarse e integrarse a la globalización y sacar el mejor rendimiento de las nuevas tecnologías lo que sienten es un rechazo muy grande hacia ese mundo que se está construyendo;  sienten una traición por parte del Estado y de sus gobernantes”, comenta.

Otro punto relevante, refiere el diplomático español, tiene que ver con el tipo de liderazgo muy populista que lanza una gran mentira basada en que “si me votas a mí, nada cambiará”… lo que es  falso; porque, como argumenta Albares, las cosas cambian y el progreso de la humanidad supone un cambio.

José Manuel Albares: Hay que defender la libertad y la democracia

En la visión del diplomático español es muy importante introducir la dimensión social dentro de las decisiones económicas e introducir planes en distintas etapas desde la educación más temprana al mundo del trabajo que acompañen las mutaciones tecnológicas que se están produciendo.

Hay que evitar la desilusión ciudadana y sobre todo la extensión del miedo, que Albares reflexiona de la siguiente manera: “No hace falta dar visiones apocalípticas, pero los años de 1930 en Europa fueron lo que fueron y el surgimiento de movimientos totalitarios y el populismo y el fascismo tienen mucho que ver con esa utilización de la democracia y tiene que ver con ese sentimiento de miedo en algunos ciudadanos por creer que no ganan nada y que, en cambio, pierden; hay que ayudarlos a recuperar la confianza en la política, hacer que se involucren en ella y que no escuchen cantos de sirena de gente que les habla de un mundo que nunca volverá”. 

¿Les ha fallado el Estado Benefactor? Para Albares, algunos así lo sienten, son huérfanos y al mismo tiempo hay algo  impredecible: “Me refiero a la llegada de esta Cuarta Revolución Industrial; las nuevas tecnologías han sido como un tsunami en la vida de muchísimas personas y por la propia rapidez no han habido planes para adaptarse”.

La gente, remarca el embajador español, reacciona con miedo un miedo que es nocivo para la libertad y para la democracia; y en ese momento escucha ideas, discursos que prometen cosas imposibles. Hay una retórica común: “Tú problema no eres tú, el problema es el emigrante o bien tú problema no eres tú, son los progresistas cosmopolitas; en vez de decir no hay ningún problema contigo pero tampoco hay nadie que te haya querido hacer daño”.

Revitalizar la democracia y la unidad

La dialéctica, la construyó Karl Marx, como una espiral de ciclos de altas y bajas que pueden repetirse sucesivamente, la interpretación sin embargo dista mucho de quienes se empecinan en reciclar los fantasmas del pasado perennemente. El pasado, insiste Albares, nunca vuelve exactamente como fue, pero no hace falta que el pasado totalitario vuelva y entonces la amenaza y el desafío sean realmente grandes. “Pensemos en las siguientes ideas, en estos momentos populistas y de extrema derecha que están recorriendo España y Europa tienen dos graves problemas; uno en sí es el hecho de que suman a capas de la población a ideas que son antidemocráticas contrarias al ideal Europa”, refiere.

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Entonces su reflexión pone el acento en un hecho real: la radicalización de los discursos, el recién nombrado embajador en Francia rememora el caso de Le Pen, uno de los históricos líderes de la extrema derecha francesa y casi extrema derecha europea: “Él decía qué importa que el Frente Nacional no esté en el gobierno si se produce la lepenización de los espíritus”. Es una clara forma de decir “yo no gobernaré pero otros que lo harán van poco a poco obligados a captar mis ideas” se trata de un riesgo real en estos momentos.

Pero no solo la democracia está en riesgo en varias partes del mundo por el discurso rupturista: acontece un movimiento que atenta contra el multilateralismo y la unidad en pro de rescatar el proteccionismo y el unilateralismo. Como si hubiese cierta corriente en contra del consenso.

Hace unos días, Reino Unido puso en marcha el Brexit el pasado 31 de enero iniciando un período histórico con un rumbo nuevo en el que habrá que renegociar sus relaciones con el resto de la Unión Europea (UE). En la opinión de Albares, la partida de Reino Unido no terminará cimbrando la unidad del resto de los 27 países que permanecen dentro del cónclave europeo. “Cuando surgió el Brexit todos pensamos que podría ser el virus que se extendería por Europa y en ese momento varios países y fuerzas políticas de extrema derecha flirteaban o tenían en su programa electoral la idea de la salida… de lo que nos hemos dado cuenta es que el Brexit, que ha sido tan difícil de gestionar por parte de Reino Unido  y que todo el mundo siente que Reino Unido va a sufrir después del Brexit, no solo no ha sido el virus sino que se ha convertido en la vacuna”, afirma.

Para Albares, “nunca los europeos hemos estado tan unidos” e insiste en remarcar que no sucedió ninguna fisura en la negociación de los 27 versus las autoridades de Reino Unido. “En estos momentos el análisis objetivo de la situación es lo contrario; unidad de los 27 frente a Reino Unido, nadie habla de salir incluso aquellos partidos políticos que lo llevaban en sus programas lo han retirado por ideas cómo gobernaré para transformar la Unión Europea en una unión soberana pero ya no hablan de  la salida porque no da votos; el ciudadano no lo quiere porque allá afuera hace mucho frío”.

¿Quiere España el sitio que dejan los británicos dentro de la UE? Albares dice que no tiene nada ver con el Brexit porque independientemente de si Reino Unido esté o no dentro de la UE, el sentimiento es que “España quiere jugar el papel que le corresponde” que no es ni más grande, ni más pequeño.