Kais Saied jura como presidente de Túnez entre los anhelos por la apertura democrática

Se convierte en el segundo presidente de la democracia tras la salida del dictador Ben Ali
El presidente electo de Túnez, Kais Saied, jura su cargo en la Asamblea de Representantes del Pueblo en Túnez, Túnez 23 de octubre de 2019

REUTERS/ZOUBIER SOUSSI  -   El presidente electo de Túnez, Kais Saied, jura su cargo en la Asamblea de Representantes del Pueblo en Túnez, Túnez 23 de octubre de 2019

El candidato ultraconservador Kais Saied juró su cargo como nuevo presidente de la República de Túnez convirtiéndose de esta forma en el segundo elegido de forma democrática desde que fuese derrumbado el régimen dictatorial de Zinedin el Abidin Ben Ali en 2011, cuando tuvo lugar la conocida Primavera Árabe.

Saied releva de esta forma al fallecido Beji Caïd Essebsi, cuya muerte el pasado 25 de julio provocó la modificación de las fechas electorales. El nuevo presidente adquirió su nuevo puesto durante una ceremonia celebrada en el Parlamento tunecino, en la que, de una manera contundente, explicó que una de sus prioridades será "preservar las riquezas nacionales" y en la que remarcó que "no permitirá actividad alguna fuera de la ley".

Este jurista de 63 años mostró un discurso de marcado carácter conservador, nacionalista y de profundo respeto a la legislación y a la libertad democrática en el que señaló que "ninguna persona podrá privar a los tunecinos de su libertad bajo pretexto alguno. Una libertad por las que los tunecinos han pagado un precio muy alto".

Saied, profesor universitario de Derecho Constitucional, llegó a este punto tras ganar por sorpresa la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebradas el pasado 15 de septiembre gracias a una imagen de hombre honesto e independiente respecto a la política tradicional y adherido a las reivindicaciones del movimiento por la libertad de 2011. 

Prácticamente un mes después, el 13 de octubre, ganó con un amplio margen en la segunda vuelta a su rival, el populista magnate de la televisión Nabil Karoui, en un proceso electoral no exento de polémica ya que estuvo marcado por el encarcelamiento preventivo de este último, acusado de evasión fiscal y blanqueo de dinero.

Karoui encabezaba las encuestas dos meses antes de la campaña electoral y fue llevado a prisión el 23 de agosto, semanas después de que fracasara una reforma electoral impulsada por el Gobierno para cambiar varios de los requisitos para ser candidato, que de haber sido aprobada le habría dejado fuera de la pugna electoral. El adinerado empresario fue liberado cuatro días antes de la segunda votación, 24 horas después de que amenazara con impugnar los comicios. En este sentido, el propio Saied suspendió la campaña electoral para no poder ser acusado de competencia desigual. 

En esta segunda vuelta electoral, la participación fue del 57,8% y Saied logró vencer con el 72,71% de los sufragios, frente al 27,29% alcanzado por Karoui. El nuevo presidente tunecino logró esta victoria tras ilusionar a los jóvenes a pesar de su cariz conservador y también después de recibir el apoyo de la mayoría de los candidatos y partidos a los que derrotó.

Su mandato puede llegar a ser un foco de ilusión al unirse a postulados que ya se enunciaron durante la revolución democrática que acabó con la anterior dictadura. De hecho, es visto como el "padre de la nueva revolución" tunecina o el "hombre que completará la iniciada en 2011". 

Aunque hay que tener en cuenta las limitaciones que tienen las funciones propias del presidente de la República de cara a poder aplicar su programa político. Además, el jurista adolece de la falta de un partido político que le de soporte y le apoye en la cámara parlamentaria. 

Su propuesta está basada, como no podía ser de otra manera en un experto en Derecho Constitucional, en el respeto más absoluto de la ley y el orden constitucional. Desde varios medios tunecinos se ha hablado de su carácter austero y de respeto más absoluto a la legislación. 

A pesar de su carácter conservador y su máximo respeto a la legislación, una de sus propuestas más destacables es la de reformar a fondo la organización institucional del país, aunque dentro del respeto al Estado de derecho. Saied pretende llevar a cabo una descentralización del país, pero para ello requiere el apoyo de Parlamento, dominado por el partido conservador de tendencia islamista Ennahda, al que debe encargar la conformación del nuevo Ejecutivo.

Esta formación política gobernó en los últimos cinco años en coalición con el partido laico de Nidaa Tounis, que en las elecciones legislativas del 6 de octubre perdió 83 escaños y ya no le vale como socio parlamentario, por lo que se tienen que buscar nuevas alianzas dentro de un Parlamento muy fragmentado. 

Kais Saied presta juramento como nuevo presidente de Túnez
PHOTO/KHALED NASRAOUI - Kais Saied presta juramento como nuevo presidente de Túnez

Otras medidas, como la supresión del estado de emergencia, en vigor desde 2015, o la conformación definitiva del Tribunal Constitucional sí están dentro de sus competencias y marcarán sin duda su andadura como presidente de la República.

Los puntos más oscuros de Saied tienen que ver con su muy marcado carácter conservador y cómo puede encajar esto con una apertura social. El nuevo jefe de Estado se declara a favor de la pena de muerte, considera que la homosexualidad es un mal social introducido por los extranjeros en Túnez y expresa sus dudas sobre leyes de igualdad.

En cuanto al plano económico, Saied llega en una etapa de recesión en la que la deuda tunecina ha superado el 77% después de la fuerte subida del déficit presupuestario anual. Situación agravada por un paro estructural del 15% y una inflación próxima al 7%. 

Túnez firmó un crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por valor de unos 2.600 millones de euros, de los que ya ha percibido 1.400. Para que fluya el resto del crédito, la organización financiera supranacional exigirá nuevos recortes y reformas de corte liberal. 

Ante esto, el nuevo Ejecutivo al que Saied encargue la formación gubernamental deberá hacer frente a las peticiones de mejoras sociales por parte de los ciudadanos y, al mismo, tiempo a las demandas del FMI en cuanto a los requisitos económicos a seguir para seguir cumpliendo con las exigencias requeridas. 

La última victoria de Saied va encaminada a dar voz a las nuevas demandas sociales y a profundizar en la senda democrática iniciada en 2011. Esto significa una apuesta ciudadana por la mejora de la democracia en el país, pero de lo que ocurra en los próximos cinco años de legislatura depende el rumbo que tome la nación, ávida de mejoras en la calidad de vida y en la estructura social, que si no llegan pueden provocar la desilusión común en el seno de la sociedad o, lo que es peor, la deriva hacia situaciones políticas más autoritarias o más desastrosas si cabe, como en el caso de Egipto o Siria.